miércoles, 3 de agosto de 2016
Morimos de egocentrismo
Hoy, en dos momentos distintos, me he encontrado gestos que indican que uno de nuestros principales rasgos como sociedad (o incluso como cultura) es nuestro individualismo. Para lo bueno y para lo malo, claro. Aunque lo que me ha llamado la atención, como suele suceder, es lo malo.
En primer lugar, un cotilleo de trabajo. Por la mañana me contaron una historia que se resumía en "A ver si te crees que la empresa eres tú". Alguien tan centrado en su situación personal que olvida que es una parte de un equipo y que, al final del día, él está para servir a la empresa y no al revés. Algo mucho más extendido de lo que parece.
La segunda historia sucedió en el gimnasio. Alguien había dejado puesto "Hombres y Mujeres y Viceversa" y yo ya estaba preso de la cinta. Como no tengo tele en mi casa, cualquier cosa que me pongan me llama muchísimo la atención así que contemplé, atónito, como un individuo que parecía recién salido de "El lago azul" (esa película con Brooke Shields adolescente que nunca he visto, pero no sé porqué siempre me ha atraído. Ejem ejem. Por cierto, vaya putada este remake de los ochenta en lo plástico. ¿De verdad ese es el concepto de belleza? ¿Ricitos bisbalianos? Perdón. Me he ido del tema).
A lo que iba. El individuo ricitos se indignaba y calificaba como "demasiado liberal" a una chica que... había ido a un programa de ligues y estaba ligando con otro tío que no era él. Aunque claro, él se había liado con una rusa en el programa anterior. De hecho, en el desarrollo narrativo cada vez más sorprendente en esta, nuestra versión actualizada del teatro de Lope de Vega, el individuo fue a pedirle explicaciones a la muchacha que, ante su cavernícola muestra de dominio y posesión lo abrazó, le dijo que era muy mono y aceptó una cita con él. De lo que extraemos dos lecciones fundamentales para los aficionados a este programa:
1.- El machismo cavernícola funciona.
2.- No tenemos perspectiva.
Al final, tanto en un caso como otro, nos encontramos con situaciones en las que el individuo pone por delante su pequeño mundo al gran mundo y, cuando el gran mundo decide no actuar en el sentido de la realidad que tiene en su cabeza, donde él es el gran protagonista de la historia y todo está condicionado a satisfacerlo, patalea y llora como un niño al que le quitan el chupete. Esto es algo muy extendido entre nosotros y un atraso porque, desde esa ausencia de perspectiva, solo podemos tomar decisiones erróneas. Si vemos la realidad a través de la óptica de nuestros prejuicios y consideramos nuestras necesidades individuales como absolutas, si hablamos de nuestros derechos y no de nuestras obligaciones, si olvidamos el respeto... entonces nos vamos a encontrar en problemas. Quizás no ahora, pero enseguida. Ya he dicho alguna vez que una de las lecciones más importantes para un niño es asumir la negación. Es enfrentando la necesidad cuando crecemos. Pero cuando nuestra vida consiste en un ciclo de éxito-pataleo-éxito-pataleo, lo único que sabemos hacer es patalear. Eso no nos anima a luchar, a crear, a intentar cosas diferentes. Y a medida que aumentan los desafíos la única solución que podemos plantear es pataleo más fuerte o más pataleo.
Pobres de nosotros. Si al final resulta que tenemos el gobierno, la sociedad y los cortes de pelo que nos merecemos. Por idiotas, por cortoplacistas, por egocéntricos y por inmaduros.
Eso sí, que pelaso.
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