jueves, 18 de agosto de 2016

La diferencia entre compartir y tolerar



Hace unos años, en Bélgica, Vicen me decía que no soporta la "tolerancia". Según él, tolerar consiste en "perdonar la vida", en, desde una posición de superioridad manifiesta, elegir conceder cosas que deberían ser aceptadas como tal, sin elección. No estoy del todo de acuerdo, pero si es cierto que la tolerancia es un acto sumamente pasivo, en el cual no nos planteamos un debate serio y profundo sino simplemente realizamos una elección binaria. Tolero o no tolero. Fin.
En cambio compartir implica una participación por nuestra parte. Cuando compartimos una idea la hacemos propia, cuando compartimos una responsabilidad también. Es una decisión binaria al igual que la otra pero, al hacerla personal, debemos dedicarle un tiempo de reflexión y análisis. Y sobre todo, al compartir asumimos una vinculación con el elemento que compartimos.


Ayer tuve un día un poco duro. Son cosas que pasan. Me encontré, una vez más, con esa hipocresía que tanta rabia me da, de aquellos que entienden la convivencia como mantenida a punta de pistola. Niños, que saludan por miedo al castigo, que recogen la mesa por miedo al castigo. Que pelean por conseguir el más mínimo privilegio, para colocar una valla y dejar fuera a aquellos que no lo tengan. Que dividen.
Y al encontrarme eso, en lugar de sentir rabia me he preguntado porqué. Y he vuelto a la motivación intrínseca y extrínseca. Cuando haces algo por miedo al castigo, realmente no crees en ese algo. Lo aceptas. Lo toleras. Pero no lo compartes, por mucho que se te llene la boca diciéndolo. Simplemente permites (normalmente porque no tienes más remedio) que el sistema continúe su curso. Cuando te beneficia lo apoyas y cuando no, intentas resistirte. Tu motivación es extrínseca, está fuera de ti y se mantiene en tanto que permanece vigente. Cuando el policía no mira, escupes en la calle, robas wifi, te llevas cosas del trabajo. No devuelves el saludo.
En cambio la motivación intrínseca funciona de otra manera. Exige predisposición, una cierta voluntad de cambio y aprender. Si esa predisposición se encuentra con voluntad pedagógica e integradora, con alguien que quiere explicarte porqué y hacerte sentir parte del proceso, el sistema pasa a ser tu sistema. Ya no lo aceptas, sino que lo compartes, porque crees en él y consideras que otra gente debe conocerlo. Te conviertes en un virus del sistema. Y haces las cosas, no por miedo al castigo, sino porque no te planteas hacerlas de otra forma. Y así cumples tu horario, recoges la casa, hablas con respeto a tus padres, conduces con cuidado. En su forma más elevada, la motivación intrínseca prescinde no solo del miedo al castigo, sino de la búsqueda de reconocimiento. Das ejemplo, sin ser consciente de ello, porque crees firmemente que esa es la mejor forma, no solo de hacer X cosa, sino de vivir.


Me da pena esa gene que es incapaz de salir de su concha y ver que hay mundo más allá de él. Me da pena la gente que no conoce la alegría, que echa balones fuera, que cree que la hierba siempre es más verde en el otro lado. Que siempre tiene una excusa o un culpable. Tarde o temprano, todos podemos vernos en esa situación. Por eso, el "darme pena" es una excusa para intentar ayudarles si se dejan. Porque creo, firmemente, que todos podemos hacer más por nuestro entorno y ser más. Compartir más y tolerar menos. Vivir, no como individuos aislados, sino como parte de comunidades.

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