miércoles, 3 de agosto de 2016

Que buena partida


Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. Y lo curioso es que es un clásico. Diego y yo siempre tenemos partidas disputadisimas, con resultados muy raros en los dados, un trato exquisito, muchas risas y una cierta narrativa y mucha épica.
Ok. No tenéis ni idea de lo que estoy hablando. Entre otras muchas cosas, yo juego wargames. Es un hobby friki, caro como el demonio y absorvente. Casi nunca te devuelve el esfuerzo en tiempo, trabajo y dinero que metes en él, pero hay días, como hoy, en los que sí. Días en que construyes una historia y, mediante unos dados y unas figuras, unos colegas y tu compartís algo que os manda a casa con una sonrisa y ganas de pegaros otra. Donde suceden cosas que la estadistica dice que no podría... pero pasan. Donde la fortuna gira en un sentido y en otro, donde la victoria escapa por los dedos... y vuelve. Donde insistes, seguro de que esta vez si será la buena y cruzas los dedos confiando en el fallo del otro o en tu éxito. Hoy ha salido un Konigs, ha dado un tiro y un Shturmovik lo ha cazado. Hoy una infantería alemana atrincherada en unos maizales ha resistido el asalto primero de un pelotón de tanques t-34 y luego de lo que quedaba de un pelotón de infantería de asalto. Hoy el mando de los Spetznaz, un ensangrentado teniente victorioso del último asalto, ha plantado la bandera sovietica en el objetivo y ha gritado "Hurrah!" después de que los cazacarros, en una oleada desde una distancia imposible, tumbaran los últimos cañones de asalto alemanes que amenazaban su posición.
Que día. Que historias.


Uno aprende mucho de como son las personas viendolas jugar. Si son dominantes o impulsivas, si son egocentricas o generosas, si son tímidas o atrevidas. Yo me llevo muy bien con Diego. Es una persona excelente y es muy fácil entenderse con él, tanto yo como cualquiera. Es el tipo de tío que quieres al lado para cuando las cosas se pongan feas. Y su hermano es otro caballero.
Ahora me doy cuenta de que, al igual que se sabe mucho de alguien viendole jugar, se sabe mucho de alguien viendo como trata a otra gente. Prejuicios. Problemas de comunicación. O quizás simplemente pertenecer a mundos distintos pueden ser barreras insalvables si no existe la voluntad y el espíritu para ello. No podemos gustarle a todo el mundo. Pero hoy me lo he pasado muy bien y ha sido un día genial y, cuando piense en Madrid, este será uno de los buenos recuerdos que me llevaré. Una tarde de muñecos con Diego y su hermano. Que buena gente.

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