lunes, 8 de agosto de 2016

Esclavos de la perspectiva


Es gracioso como, a menudo, aquello que criticamos es aquello que cometemos constantemente. En nuestra ignorancia, no somos conscientes de la paradoja y la gente a nuestro alrededor arquea cejas curiosa. Quizás algún amigo nuestro apunte "eeh... oye tio" y nos señale el error. Pero seremos inconscientes de ellos. Sin un espejo, ninguno de nosotros sabe de que color son sus ojos y algo parecido sucede con muchas de nuestras actitudes, impresiones, ideas. Percibimos la realidad a través de nuestros sensores y, en muchas ocasiones, esos sensores están distorsionados.

El otro día comentaba como me molesta volver a mi ciudad y encontrarme con gente que no ha cambiado y que, según ellos, yo tampoco. Gente que vive como hace quince años... y cree que, igual que ellos, a todo el mundo le sucede igual. Y conectan con tu vida sin tener en cuenta que, durante este tiempo, tu has viajado, amado, aprendido, sufrido perdidas, cambiado tu perspectiva cincuenta veces y que, esa linea continua que ha sido su vida, en tu caso ha sido cortada, pegada, arrancada, retorcida y alterada tantas veces que ya ni tu mismo sabes por donde va.
Curioso. Curioso porque, eso que critico, yo también lo hago. Desaparezco de la vida de alguien durante semanas o meses y llego con un "hola, ¿qué tal?" y espero que la relación vuelva, como cuando le quitas el pause y le das al play. Me pierdo y vuelvo a aparecer, ajeno a lo que eso puede provocar en la gente porque "yo soy así" y "si quieren saber de mi, que se muevan". Egoista e insensible, en cierto sentido despiadado.

Pero no somos conscientes. Apenas ahora lo veo, en esta pausa entre saltos, y me pregunto como hacerlo para corregir. ¿Quién sabe? Si algo bueno tiene la vida es que podemos cambiar. Quizás no podemos evitar ser victimas de nuestros prejuicios y nuestra forma de ver el mundo... pero podemos cambiar el enfoque, podemos darle importancia a la gente que te la da, podemos darnos cuenta de que estamos desapareciendo y no hacerlo. Podemos concentrarnos en aquellos que realmente supongan una diferencia y hacerles sentir que lo hacen.
Seremos esclavos de nuestra perspectiva, pero no somos incapaces de cambiar la forma en que la asumimos. A por ello.

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