martes, 16 de agosto de 2016
Y camina hacia el horizonte
El otro día en la Estación de Santa Justa vi a una chica que se parecía mucho a Carol, mi ex brasileña. Carol, para aquellos poco puestos en mi historia, es una chica a la que conocí cuando empecé a usar internet. Hace mucho, mucho tiempo. Nos conocimos en un chat, sentimos algo. Pasó la vida, yo me eché otra novia, ella se echó otros novios. Hace tres años fui a verla, la cosa salió regular tirando a mal. Al cabo de un tiempo volvimos a ser amigos. El año pasado le dio una explosión de celos, me dejó de hablar y juró odio eterno que, si fuera una yihadista convencida, ya me había grabado en video con un pijama naranja abriéndome el cuello.
Long story made short. El caso es que llevo desde Enero fuera del mundo romántico. En cierto sentido, es un alivio. Tengo menos estrés y puedo concentrarme en trabajar, estudiar, viajar, montarme un piso... En vivir por y para mí. A veces extraño esa emoción que da conocer a alguien, hacerse ilusiones, planear algo.
Y entonces veo a alguien que se parece a Carol. No hay nadie que haya pasado mucho tiempo dejando sus manos en el destino que no desarrolle una serie de supersticiones. En mi caso, esto significa que, quizás harto de darme oportunidades, Dios se ha aburrido de mí. Me salió mal con Carol entre otras cosas por mi culpa así que... quizás sea justo que me deje de historias. Y que la vida pase de otra manera.
En cambio, no puedo dejar de preguntarme "¿qué habría pasado si...?". A veces cogemos un camino con tanta fuerza, que nos cerramos a cualquier alternativa posible. Decidimos nuestra vida en términos matemáticos, cartesianos "voy a hacer esto, luego voy a hacer lo otro" y no permitimos que nada nos aparte de nuestra meta. Entonces la conseguimos y... ¿realmente mereció la pena pelear tanto?
Yo creo que sí. Que cuando nos paramos a evaluar y tomamos una decisión firme, sabiendo lo que hacemos, luego no tiene sentido arrepentirse. Hicimos aquello en lo que creíamos, ¿no? ¿Pues acaso podemos lamentarnos? Esa fue la decisión correcta. Pero, ahora que parece que por fin tengo las cosas en mi vida enfiladas, que estoy equilibrado, que sé lo que quiero... ahora, me doy cuenta que todo lo que he leído, todo lo que he viajado y todo lo que he vivido, apenas me lleva de vuelta a la casilla de salida. Y a lo lejos, caminando hacia el horizonte, se aleja una chica que me quiso, como ella dijo, "probablemente más de lo que me merezco".
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