domingo, 31 de julio de 2016
Un par de notas sobre chicas
Hoy, según venía del supermercado, he recordado la protesta de Mar de que yo "tiraba demasiado". En su momento me pareció absurdo pero ahora lo entiendo. Hay que salir de la caja. Empatizar es ponerse en el lugar de la otra persona y saber de lo que habla y, a veces, alguien se siente tan al límite que el hecho de que le pidan hora ya le supone un sacrificio atroz. Hace falta preguntar y ofrecer y entender un "ahora no". Hace falta dejar que las cosas sigan su ritmo natural y encajen o no encajen. Porque es un hecho que, si se fuerza, rompe.
Entre el montón de cosas que he hecho hoy para no ponerme a estudiar ni hacer algo de provecho, me he puesto a borrar correos. Yo soy un poco Diogenes en muchas cosas, entre ellas el orden de los emails. "Lo dejo para verlo más adelante" convierte mi bandeja de entrada en un laberinto imposible de atravesar. El caso es que, tirando para atrás, me he encontrado un correo de hace seis años en el que le decía a Carol, mi hermana mayor sueca (grande. Un abrazo allá donde estés) que me había ido mal con una chica así que estaba tonteando con otra. Y ella, grande ,me decía que estaba haciendo trampa y poniendo excusas. Que me estaba encerrando cada vez más y que, a mi lado, había gente maravillosa a la que no le prestaba atención.
Son dos cosas que hacemos constantemente. Presionar demasiado y evadirnos. Con musica. Con videojuegos. Con peliculas. Con series. Con libros. Nos masturbamos mediante otras personas. Olvidamos la alegria de vivir, de explorar, de compartir. No nos arriesgamos. Y en ese entorno tan tóxico, esperamos crear historias que merezcan la pena.
Hay que salir. Hay que empezar otras cosas. Hay que equivocarse. Y hay que dejar que todo fluya. Tan fácil y a la vez tan difícil como eso, porque exponerse no es fácil. Pero hay que hacerlo.
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