miércoles, 6 de julio de 2016
La libertad de un adulto
Hace un momento estaba pensando en la libertad teñida de seguridad. Como los niños. Cuando eres libre pero no sabes, cuando te mantienes ignorante dentro de determinados limites, eres como los niños. Vives en un mundo pequeño y dominas tu zona de confort, pero todo cambio dentro de esa zona te estresa.
He tenido días difíciles. Alguien se ha sentido amenazado por mi y ha reaccionado mal. Yo no me meto en su terreno, tengo unas miras más amplias. Como le decía a Vicen, hay que salir del entorno, hay que moverse. Así evitas estancarte, ponerte mustio como agua podrida. Te toca cambiar de entorno, de gente, de escenario. Porque si bien es cierto que, al no moverte, obtienes una mayor percepción de tu entorno y una mayor familiaridad con él, también surge en ti el miedo a perder dicho dominio.
Ser libre consiste en equivocarse y aceptar nuestros errores, para volver al punto en el que estabamos bien. Y desde allí, repetir los pasos solucionando aquel que hicimos mal. Ser libre es ser responsable y lo suficientemente flexibles mentalmente para asumir que podemos estar equivocados. Ser libre es corregirse, pedir perdón, compartir, preguntar. Ser libre es asumir nuestra falibilidad... en un entorno desconocido y siempre cambiante. Y entender que, por más que queramos, nunca podremos controlarlo todo. Vamos a ser adultos. Vamos a aprender, mezclar, cambiar. Vamos a adaptarnos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario