Lo que son las cosas, como un sueño idiota puede alegrarte el día. Me he despertado más contento, con ganas.
Y sé que es ridículo. He soñado un cuento de hadas, un viaje y una historia que no pasarán.
Se acaba el verano. Aún no estamos em Agosto y yo siento que se acaba. Para mí el verano son viajes, historias, amigos. Son noches junto al mar, gente nueva, planes.
Pero estoy en Madrid. Mis dias son del trabajo a casa y de casa al trabajo. No hay gente nueva. No hay gente. Y cuando eso me puede... Viene un sueño a decirme que no hace falta sentirse mal. Que en mi vida han pasado cosas buenas, aunque yo no fuera consciente de ello, y que pueden volver a pasar. De repente, siento esperanza. Y eso está genial.
También entiendo esa esperanza por lo que es. Otro esfuerzo de engañarme a mí mismo. De creer que existe felicidad al otro lado de la colina para que, aunque me duela el pecho, siga subiendo. Ya llegará. Pero una vez pasa el brote de euforia reconozco la falta de oxigeno como la fuente del espejismo. Una vez más, los dados han rodado y quién más quién menos está colocado. Las oportunidades han pasado porque estaban lejos, porque no se podía, porque había otras prioridades. Una vez más, eventos que suceden a cientos de kilómetros me afectan, cuando no deberían.
¿Y aparte eso? Bueno. Hay fuversión. Hay basket. Y yo miro el calendario, tic tac tic tac y empiezo a contar este tiempo de mi vida en semanas en lugar de en meses. Que ganas. No estoy hecho para que un día suceda a otro sin que tengan nada de especial. No estoy hecho para vivir una vida sin eventos, plana, donde cuando la gente te pregunte "¿Qué me cuentas?" tu les contestes "Ná, lo de siempre".
Pero ya queda menos. A por el siguiente salto. A por los siguientes planes. A por ello.
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