Nunca aprendo. Soy como un perro que se acerca a la mesa, pidiendo comida, hasta que le dan una patada y entonces se aleja. Y al cabo de un tiempo, vuelve a acercarse. ¿Aún no has aprendido? ¿No te das cuenta de que para ella es un juego? Eres agradable. Divertido. Un entretenimiento. O quizás un amigo. Etiquetas. Eres una etiqueta y te corresponde ceñirte a ella, tienes X derechos y X obligaciones. No te salgas del guión.
Porque es un juego. ¿O no? A veces duele. Y cuando duele te das cuenta de que ha dejado de ser un juego y que tienes que apartarte. Que estás haciendo el tonto y poniendote en ridiculo. Está todo en tu cabeza. La otra persona... ¿qué sabes de la otra persona? Lo que ella te cuenta y a veces ni eso. Sería mucho más inteligente racionalizar las cosas. Poner distancia, tanto física como mental.
Olvidalo. Deja que todo pase. No te enredes en unas construcciones verbales e intelectuales que no existen. Pon distancia fisica. Sal a correr, estudia, queda con amigos. Muevete. Huye de tu casa, de ese edificio espiral donde tu madre y tu hermana se persiguen con paranoias que te acaban salpicando.
Construye tu vida. Una vida sin silencios siempre llenos del ruido de fondo de la tele, sin sacrificios epicos que nadie reconocerá, pero que necesitamos para justificar nuestra existencia. Construye una vida de calma, de lectura, de reflexión. De conversaciones interesantes, de viajes, de musica y colegas y series e historias. Una vida donde lo que haga el vecino o lo que pase en la tienda de enfrente te dé igual, porque tienes cosas suficientes para entretenerte y ser feliz sin necesitar nada ajeno a ti. Interiorizate. El camino a la felicidad pasa por el equilibrio y el equilibrio pasa por la independencia.
Has ofendido. Has faltado al respeto. Disculpate. Llevas toda la semana buscando algo que te dañe, para justificar una reacción. ¿Tan difícil es entender que quieres ser feliz? ¿Qué puedes serlo sin ser esto una oposición a nada, sin ser una ofensa a nada? Tu vida es tuya. Es una unidad, no un componente de otra cosa. Pero cuando cedes la iniciativa y entras en un ritmo pasivo, crece en ti una frustración que solo puede desahogarse dañando y siendo dañado. Es enfermizo.
Por eso ahora es el momento. Ahora es el momento de coger el tren, la mochila, el avión. De hacerte muchisimos kilometros y juntarte con gente que te entienda y viva como tu. De apartarte de todo eso... de estar a tu aire. El Taoismo divide la naturaleza de todo en un aspecto masculino activo y uno femenino pasivo. La casa de mi madre es una casa de mujeres. No es mi lugar. Por más que yo quiera, no lo es. Quizás por eso Eva decía que debería irme de allí y no le falta razón.
Al igual que eso, tengo que dejar determinadas relaciones enfermizas. Si no puedo controlarlas... y es obvio que por ejemplo la relación con cierta persona que no puedo controlarla, mejor huir. Mejor poner distancia, tiempo. Mejor hacer como que no existe y no darle importancia. Porque al final termino haciendome daño a mi mismo. Es una bomba de relojeria y no aporta nada bueno. El ratito interesante que me va a dar no compensa los ratitos de disgusto que, inevitablemente, me darán.
Pero está bien aprender esto. Así es más fácil irse. Así uno no echa de menos, sino que tiene ganas y fuerza de ir a por lo siguiente.
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