lunes, 25 de julio de 2016
De amor, del mar y de celos
Últimamente estoy leyendo mucho. Solo este mes han caído dos novelas de Susanna Tamaro, una de Steven Eriksson y, hoy he empezado, "Muerte de un Angel" de Yukio Mishima. Llevaba mucho tiempo intentando leer algo de este hombre, un personaje atormentado y muy interesante, que según había leído escribía de maravilla.
Es cierto. La novela que he leído es apasionante. Con una capacidad para la descripción asombrosa y unos personajes que, a veces, me recuerdan a Camus, me ha enganchado muchísimo. Pero no solo eso. Me ha hecho impresionado y me ha permitido empatizar con cosas que creía olvidadas en mí y en nosotros.
Mishima ama el mar. Pero, como le escribí a una amiga hoy, esto me asombró. Hay poca gente que realmente ame el mar. La mayoría de nosotros ama el beso de la costa, los dulces atardeceres en la playa, el sol en nuestras manos cuando jugamos con la arena. Pero eso no es el mar. El mar es otra cosa.
El mar es el vacío y la nada. Es mirar al abismo y que el abismo te devuelva la mirada. Son noches a kilometros de cualquiera, es saber que una mala ola te mata. El mar son tormentas y tempestades, cambios en segundos. Es mirar a lo lejos y tener la impresión de que dos barcos están a punto de tocarse, cuando entre ellos hay una separación de kilometros y kilometros. El mar es nostalgia y melancolia, es echar de menos y a la vez disfrutar el momento. Es ser totalmente autonomo y a la vez depender de gente y cosas a las que no conoces.
Mishima, en este libro, abraza el mar con la fuerza de los locos. Sabe lo que hay y se entrega a ello y eso me asombra y a la vez asusta. Hay que estar un poco loco para amar así. Hay que estar un poco loco para amar.
Antes pensaba en los celos. El novio de una amiga mía sufre celos de mí. Y pensaba en lo ridículo de la historia. Un hombre que disfruta de una mujer lo pasa mal pensando que yo quiero disfrutar de ella. Es como estar comiendo y pasarlo mal, porque alguien querría quitarte la comida. ¿Será que eso te deja de alimentar? ¿Y al otro? Es absurdo. Aunque si amar es estar un poco loco, tener celos puede ser parte de esa locura.
No lo sé. Todo esto son cosas que le pasan a otra persona. Como le decía hoy a una amiga, a veces tengo la sensación de que ya cumplí con lo que tenía que hacer en mi vida. Estudié, me coloqué, crié a mi hermano. Todos los desafíos importantes los he superado. ¿Qué me queda? Estoy viviendo tiempo prestado. Es curioso como a veces damos con gente con la que podemos hablar de estas cosas, así, con esa naturalidad. ¿Será eso amor? Ya dije alguna vez que la comunicación es la base. Y cuando te desnudas así delante de alguien... ¿será eso amor?
No lo sé. Quizás ya no lo recuerdo. Quizás estoy tocando un arbusto con un pie y preguntandome que forma tiene, listo para salir corriendo si se mueve. Quizás todos vivimos así
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