Llevo unos días en un espacio mental bastante agradable, donde me escucho a mí mismo y parece que sé lo que quiero. Ayuda el que haya pasado por Cádiz un tiempo y haya descansado, que haya interactuado con Carlos (eres un grande), y que haya elegido reducir la presión. En vez de ser un gran profesional, hacer bien mi trabajo. En vez de conseguir resultados, estar presente. En vez de ser la mejor versión posible de mi mismo, ser yo mismo.
Todo eso me ha dejado el suficiente espacio mental como para escuchar mi propia voz. Y wow, como me echaba de menos.
Lo primero que me he dicho a mí mismo es "cuidate". Y cuidarse implica hablar claro, hacer lo que a uno le apetece, priorizarse. La forma de salir del círculo de "estoy mal, así que hago esto para distraerme, pero el origen de lo que me hacía estar mal sigue ahí y me espera", es dejar de distraerse. ¿Como conseguimos eso? Haciendo cosas significativas. En mi caso, fui a Cádiz. Tuve conversaciones interesantes con gente. Me desafié a mí mismo. Y a partir de ahí, de recordarme un poco a mí mismo quién soy, he podido reasentarme.
Hace muchísimo que decía que, para estar bien, necesito que la vida me dé un maldito respiro.
Y ahora que me lo ha dado, puedo escribir. Leer. Pensar. Hacer algo de ejercicio. Dejar de reaccionar. Y exigir respeto a mí mismo, de la misma forma que yo se lo doy a los demás. Sin estridencias, sin necesidad de broncas... simplemente expresando claramente quién soy, qué quiero, como me respeto. De la misma forma que trato a los demás puedo, y espero, que me traten a mí. El otro día pensaba, a propósito de una movida de trabajo, lo que dicen de qué ojalá cada uno reciba lo que da. Y que cada uno sabremos si eso nos da miedo o alegría.
El principal requisito para estar bien, tal y como lo veo ahora mismo, es hacer cosas que nos hagan estar bien. Defender con uñas y dientes nuestro bienestar, no dejar que nos lo comprometan. Y hablar claro.
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