jueves, 20 de junio de 2013

Corre con la manada II


Hoy ha sido uno de esos días en que uno se vé que algo no puede, no puede... y va y lo hace. Hoy ha sido uno de esos días que he tenido miedo y no lo he notado. Además es el penultimo día de una semana que me ha tocado hacer de Jecotar y me he quedado sorprendido con el comportamiento de mis compañeros. Parece que cuando quieren, saben estar y hacer las cosas bien. Y que si les aprietas el botón del orgullo, muchos de ellos responden.
¿Y en qué pienso cuando hay un día así? Pues normalmente no pienso en mi mismo. No lo he hecho tan bien como para estar orgulloso de mi mismo. Pienso en esa gente que me apoya y me comprende. En esa gente que está y sabe estar. Precisamente me estaba acordando de mi psicologa, con la que hace meses que no hablo pero a la que sigo llevando muy presente. En Luis, en Vicen, en Deivid, en Araujo, en Igor, en Paquito, en Nama. Que demonios, en Victor. Quizás no son aquellos con los que quedo siempre, pero sí son aquellos que sé que, cuando los necesiten, estarán. Son mi manada. Son gente que sabe cuidar de si misma, con sus historias y sus problemas. Son gente que cumplen todo el decalogo de mandamientos de lo que te hace ser un buen tío.
Ojo, que también hay buenas tías. Y de hecho hay una que puede serlo que la tengo bastante cerca todos los días. Son menos, claro. El "standard de calidad marca Ale" es muy alto y más natural a tíos que a tías, por nuestra educación y nuestro carácter. Pero las que hay son tan buenas que marcan la diferencia. Tengo una manada grande. A veces es un poco molesto que esté tan distribuida, pero si todos estuvieramos concentrados en el mismo sitio el mundo sería un lugar muy oscuro y gris, así que mejor que nos distribuyamos.
¿Y qué pinto yo en toda esa historia? Bueno, si son mi manada será porque yo también soy uno de ellos. Es lo que me enseñó mi hermano y posteriormente vi en Eli. El poder de la fé. Cuando tu crees que las cosas pueden hacerse mejor con tanta fuerza que no permites hueco a pensar de otra manera, las cosas terminan saliendo bien. O como si salieran. Es una cuestión de impulso, de personalidad, de confianza.
Durante demasiado tiempo he renunciado a mi alfalidad. Estoy comodo confundiendome con la masa. Pero hay ocasiones en que uno tiene que dar un paso al frente y recordarle al mundo que, oye, que yo no soy como vosotros. Que soy extraño, que soy distinto. Que soy sencillo en cosas que para otra gente son complicadas y soy complicado en cosas que para otras personas son sencillas. Que ser yo no es fácil, ni tiene porqué serlo.
¿Y sabéis qué? Que me alegro de que no me entendais. De que no os guste. Ahora estoy un poco rebotado con el mundo porque hoy no es mi dia. Voy de guantazo en guantazo. Pero en el fondo sé que tengo razón, con esa fé de la que hablaba antes. ¿Quién persevera triunfa? A veces. Otras veces hay que saber ceder. Hay que saber ser como el bambú, que se dobla en vez de partirse.Y aunque esta tierra oscura no sea rica en historias ni chicas, eso no quita que, con suerte, incluyamos a algunos afortunados en la manada y más adelante, cuando esto solo sea un recuerdo a olvidar, corramos juntos. Porque la felicidad es ser consecuente, como decía la adolescente, y para ser consecuente uno tiene que saber el suelo que pisa y lo que quiere, además de reconocer las caras de aquellos que tiene a su alrededor.

P.D: Quiero darle las gracias a una colega muy especial por demostrarme que no necesito tanta literatura en mi vida. Que me gusta y la quiero, sí, pero que sin ella también puedo vivir. Gracías por hacer mis emociones más sencillas y, de esa forma, más faciles de entender. Y gracías a un amigo, el unico que tengo aquí en el norte, por escucharme y por estar siempre. Al menos no tenemos que preocuparnos del fuego.

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