viernes, 7 de junio de 2013

La vida tiene un sentido del humor extraño


Curiosamente a dos semanas de que se cumpla el tercer aniversario de la muerte de mi hermano me he encontrado con mi destino de cara en dos ocasiones. Tres. La primera el fin de semana pasado, cuando Dani nos contó de un chico que estaba vendiendo su moto porque tenía un hermano con paralisis cerebral al que tenía que cuidar y no le daba tiempo para usar la moto. La segunda ayer, cuando nos dieron una charla sobre donación de organos y nos hablaron de muerte cerebral. Y la tercera hace apenas un momento, cuando me he encontrado a mi vecina que cuida de su hermana que tiene un retraso grave.
Es un tema complicado. En medio de una crisis de identidad que me dura ya varios meses, esto no ayuda. Porque ahora tengo una perspectiva con la que antes no contaba. Cuando perdí a mi hermano perdí la posibilidad de verme así vinculado a una persona. Ahora lo veo desde fuera. Desde que nació el chico mi vida había sido esa y, lo que para otra gente es una heroicidad, para mi no era más que mi misión. El sentido de mi vida. Y cuando me lo quitaron me vaciaron de contenido y me dejaron a la deriva, como un paquete de galletas acabado.
Pero voy encontrandome un sentido. Voy dandome cuenta de cosas que me gustan, voy definiendome, voy creciendo. Observo a unos y a otros y, como los niños pequeños, primero descubro cosas en modelos de mi entorno y luego las voy adaptando a mis circunstancias. Soy una persona inteligente. Aprendo rapido y tengo acceso a mucha información y mucha curiosidad. Leo filosofia. Conozco gente. Viajo. Y debo hacerlo, porque tengo un deficit de independencia emocional terrible que tengo que compensar.
Y ahora me encuentro con esto. Y no sé que pensar. Llevo un año viviendo independiente, cuidando de mi mismo sin que nadie dependa de mi ni depender de nadie. Y reconozco pros y contras en mi situación anterior y en mi situación actual. Por eso digo que no deja de ser divertido, con ese humor negro y retorcido que tanto me gusta, que precisamente ahora la vida me venga a recordar lo que sería mi vida si Jose aún estuviera por aquí. Y aún así, aunque veo los sacrificios y perdidas, sigo considerando que merece la pena. Me gusta pensar así. Creo que eso me hace digno, noble, aunque realmente no hay nada filantropico ni romantico detrás de mi postura. Es egoismo puro y duro. El amor que me daba mi hermano compensaba más que de sobra todo lo que perdía en independencia, calidad de vida y espacio de desarrollo personal. Quizás en eso consiste el estar enamorado y quizás por eso yo respeto tanto a esa gente que acepta lo que sea por otra persona o por una idea. Porque aunque me mofe de ello, en el fondo lo envidio.

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