miércoles, 31 de julio de 2013

Complacencia


Vivimos en un maravilloso periodo de la historia en el que no sucede nada y todo sucede a demasiada velocidad, demasiado lejos. Un periodo en el que hemos desterrado la muerte, la lucha, el sufrimiento, y nos parece una tragedia el fin de una relación o el suspender un examen y no poder irnos de beca a donde nos gustaría. En ese entorno vital, un accidente de tren (una tragedia de verdad) nos coge en fuera de juego, preguntandonos como es eso posible, que pensaría esa gente antes de morir, que pasa con los que se quedan...

Es interesante. Yo en cambio sigo con mi ritmo de vida tranquilo, contemplando los toros desde la barrera. Y lo que veo no me gusta. Las unidades sociales como tales están acomodadas en una rutina, hechas a su propio ritmo y a una situación establecida. El ser humano, por naturaleza, teme el cambio. Pero el cambio es un hecho inevitable y es dinamico. Yo soy una circunstancia en la vida de mucha gente, pero para esta gente las circunstancias son un problema. "Ya mañana si eso". Lo posponen, pensando que pueden controlar las circunstancias de su vida, sin ser conscientes de que esas circunstancias tienen iniciativa propia. Yo podría mover a la gente. Tengo capacidad, iniciativa, ideas, persuasión. ¿Lo voy a hacer? Para nada. Me niego a desperdiciar esfuerzos en personas que no me aportan gran cosa, que están ahí esperando a que yo les tome de la mano. Que comparten un ratito de su tiempo como quién me regala algo muy valioso. Así que los días se acumulan, la iniciativa desaparece y me vuelvo más y más consciente de que yo aquí estoy de paso, que vengo a Cádiz a comer, dormir y pintar muñequitos, y cada vez me importa menos. Paso, como le dije el otro día a un colega, del despecho al rencor y del rencor a la indiferencia. Y a continuación empezar a tachar gente de mi vida y seguir adelante.

¿Y qué pasa con el verano? El verano, que es un periodo de celebración de la vida, de dicha, de conocer gente, de viajar, de aprender, de moverse, de salir de fiesta y hacer lo que normalmente uno no puede, se convierte en una frustración constante. En una alargada tortura de deseo sin pasión, de amistad sin compañia, de independencia sin actividad. ¿ Y pinto porque me distraigo o me distraigo porque pinto? Ya no recuerdo donde está el norte y mis temores se confirman. No sé que hacer conmigo mismo y ahí fuera a nadie le importa una mierda. Ni, por extensión, le importe yo como hecho identitario, igual a millones d epersonas y distinto a todas ellas. Que al fin y al cabo la pregunta fundamental, que se desliza por la pelicula "les miserables" -grande pelicula, me gustó bastante-, y sobre toda la literatura occidental de los ultimos siglos es esa. ¿Quién soy? ¿Y qué soy?
Y mientras yo me pregunto eso, la mayoria de mi entorno se conforma con llegar a otro día, otro mes, otro año, y escucho conversaciones como "ya tiene treinta y tantos y... ", indicando que se supone que la vida debe tener un objetivo. ¿Y cual es ese? ¿Por qué nadie afronta el problema del proyecto vital que dijera Aday?
Porque es mejor estar sentado en el sofá con la tele, y esperar a que pase algo que nos despierte. Y mientras, la vida pasa.

lunes, 29 de julio de 2013

Esa sensación...


De que da igual lo poco que esperaras de la gente, ha vuelto a verse confirmado. Así que te encierras en ti mismo y el reproche pasa al rencor, y del rencor pasa al hastío, y del hastío pasa al vacio y el aburrimiento. Y te empiezas a devorar a ti mismo, vampiro social que no tiene que comer.

viernes, 26 de julio de 2013

Recogiendo pedacitos


Ayer por fin escribía sobre el regreso al templo. Hoy camino por la playa, descalzo, y aparto con el pie piedrecitas que luego recojo y tiro al mar. El mar me las devuelve, lo cual no deja de ser una metafora bastante interesante de lo que es la vida.
Vuelvo a estar en la ciudad que duerme. Camino con el perro a mi lado, el perro que soy yo y es él. Nos miramos y sonreímos, sabedores de un secreto que nadie más conoce. El aburrimiento me produce hambre, el hambre me produce frustración, la frustración me produce deseo que luego me aburre. Estoy anestesiado, algo que no deja de ser curioso en si mismo porque me permite observarme desde diferentes angulos.
A eso era a lo que jugabamos. Ella se miraba en el espejo y ahí nos veía a los dos. Yo me miraba en el espejo y ahí nos veía a los dos. Pero eramos demasiado egocentricos, demasiado seguros de nosotros mismos, demasiado intolerantes. Y aquella herida, sangrante y profunda, de bordes irregulares que yo mismo me hice al fallarme, usandote, va dejando una cicatriz ahusada, con forma ridicula rodeada de espuma. Me levanto la camiseta y la observo, ahí, sobre las costillas. Una sonrisa de dolor.
El templo, aquel viejo edificio de paredes carmesies donde se te adoraba entre cadenas y mascaras, es ahora un recuerdo más. Con la distancia y el tiempo, las paredes del templo se han convertido en cartón y las ofrendas en arena que se lleva el viento. Lo que somos y lo que seremos, piedras que la marea arrastra. Me detengo junto al viejo templo y dejo mi maleta en el suelo. Pesa más. El perro pone una pata sobre la maleta y la mira, inquieto. Parece que va a levantar la pata pero le recomiendo no hacerlo. Mi maleta tiene forma de petate blanco, ese que tanto critican mis compañeros y que es tan parte de mi como el perro o mi cabello. Recojo algunos pedazos del templo, los meto en una bolsa de plastico y le hago un par de nudos. Cuando se cierra la bolsa creo atisbar un trozo de tu sonrisa, un punteo de tus ojos brillantes, ese saltito que dabas antes de hacer una travesura.
Son recuerdos. Otros más que añadir a la mochila. Llegará un día en el que, al igual que esa iglesia se convirtió en otra iglesia y esa ciudad se convirtió en otra ciudad, tu sonrisa se convierta en otra sonrisa. Y las promesas de lo que pudieron ser y no fueron, ese casi arrepentimiento por primera vez en años, termine de pudrirse y se caiga.

Miro el mar y el mar me mira, desde la ciudad que duerme. Ahí fuera está la respuesta, al igual que está aqui dentro. Porque no existe uno sin el otro, al igual que hay luz porque hay oscuridad y tiempo, espacio y vida confluyen en posibilidades infinitas. Me alegro irte enterrando, muchacha llena de dientes, aunque siempre te llevo conmigo. Buena suerte y adios, creadora de futuro.

jueves, 25 de julio de 2013

Volviendo al templo


He entrado de puntillas a las sombras de las velas votivas. Acobardado por la diosa, sorprendido de seguir vivo, me miro las manos. El perro fui yo y el perro soy yo.
Pero ya no soy el que fui. He crecido en las sombras del norte, he saboreado el silencio. He comido sangre. Y ahora sé cosas que ella siempre supo y olvido cosas que nunca debí saber.

La diosa no está. Tampoco los altares brillan con los dorados iconos, ni los bancos vibran con sus adoradores. Estará en otro sitio y este, sin ella, es apenas una carcasa, como la piel vacía de una serpiente que ha mudado.
Contemplo una mancha de sangre en el suelo. Un sacrificio? Un recuerdo de tiempos pasados? La victima de un asalto, violencia, pillaje?
Tanto dolor y extasis. Tanta pasión y hastío. Tanto tirar de las cadenas, solo para volver a verlas tensarse. Y para qué? Me paso la mano por la parte trasera del craneo, recien afeitado, y descubro las cicatrices en forma de arrugas que cruazn mi rostro. Algunas las puso ella allí. Algunas las besó ella. Quizás eso me convierte en una reliquia viviente?
A lo lejos aulla el lobo. Me llaman, ya he perdido demasiado tiempo en este templo esteril, vacío. Una tumba del recuerdo. Pero cuando me voy, brillando bajo una alfombra rota y cubierta de polvo alcanzo a verlo. Un mechón de su pelo. Me lo trenzaré ahora? Lo acaricio y sonrío. En la puerta el perro me espera. El perro que soy yo y es él. Le sonrió, esa sonrisa cansada del que lo ha perdido todo y ya solo le queda el orgullo, y camino sin mirar atrás, sabedor de que no existen segundas oportunidades, sino nuevas historias con cada paso que damos.


- Escrito en abril de este año, en Ferrol -

miércoles, 24 de julio de 2013

No da para adaptarse


It's not about you, it's all about me. No eres tu, soy yo. Me pasa en Ferrol, que es una pequeña aldea de irreductibles galos, y me pasa en Cádiz, ciudad donde nací. No me hallo. La misantropia tiene su parte de razón, no le digo que no. También mi ritmo de vida tan poco español. Mi costumbre de levantarme temprano y hacer cosas, comer con horario europeo, andar mucho, entretenerme siempre.
Ayer discutí con un amigo sobre la pedanteria. Y supongo que este año he desarrollado ese punto pedante que siempre tuve latente, porque la mezcla de intransigencia y soledad me hace poco tolerante con determinadas actitudes. Y eso me aisla más en mi torre de marfil, claro.

Desde que he llegado me estoy hartando de pintar miniaturas, en parte porque me puse enfermo y eso puedo hacerlo desde casa, en parte por presión familiar, en parte porque... ¿por qué no? Al menos hago algo. También leo, muchisimo. Pero los días pasan uno detrás de otro y casi añoro estar en la escuela por hacer algo, aunque sé que no es más que el pataleo del aburrimiento.
¿Aburrimiento? ¿Yo?
Aquí hay poco que hacer. Puedes ir a la playa. Puedes pasear por el barrio. Puedes quedar con colegas. Y variaciones de dichos elementos. Todo depende mucho de la socialización o estaré desmotivado. No sé. En una semana y media de vacaciones he leido tres libros. Que alguien me salve de mi mismo, que me estoy consumiendo. Pero bueno, tampoco está la cosa tan desesperada. Ahora voy a nadar. Mañana iré a correr. Y poco a poco van pasando los días y ya queda menos para esa parte del verano en la que no pararé de hacer cosas, como siempre pasando de la nada al todo en un salto. Un abrazo gente. Portadse mal.

lunes, 22 de julio de 2013

Vuelve a casa


Hoy hay dos cosas que me han llamado la atención. Una, la impresión de que tu biografia no va impresa en tu cara. Es decir, da igual cuan lejos viajes, cuantas costas conquistes o cuanto aprendas: para la gente de tu ciudad, para la cual nada cambia, todo sigue igual. Haga tres meses o seis años que te fuiste, seguirán pensando que, dado que ellos no han cambiado, tu tampoco. Lo que nos hace pensar que realmente la vida es percepción, más allá de hecho. ¿Puedes contradecirlos? La pregunta es interesante. ¿Realmente te importa lo que piensen de ti? Ahí tenéis la respuesta.

La otra cosa inquietante que se me ha ocurrido ha sido al ver a una muchacha, bastante atractiva. Mi interes en la conversación de una muchacha suele ser inversamente proporcional al interés que ponga ella en su peinado. Me surgió la idea como una de esas teorias espontaneas tan propias de mi, tan dadas a maximizar un hecho absurdo y convertirlo en una norma universal. Pero lo he analizado unas cuantas veces y creo que es cierto. Quizás ese sea el problema de Carol: demasiada atención capilar. El sol me está dando demasiado aquí abajo.
Portaros mal

Algo se arrastra en la noche


Existe una cierta oscuridad terrible en las noches de verano. Algo que hace que la soledad, el calor y las sabanas pegadas a tu cuerpo liberen a tu mente de todo control y te zambullan en una serie de visiones a cual peor. Existe un estado...  Un estado en el que todo es posible y tu espiritu zozobra, se zambulle en tu interior, se devora, se estraga. Y al día siguiente fluyes desde la cama, viscoso, y te arrastras hacia una ducha y un desayuno mientras aún masticas los ultimos rastros de la noche. Y no sabes si quieres afrontar lo que viviste o lo que fuiste.
Los periodos de transición son muy malos. Uno reconfigura su personalidad para adaptarse a un nuevo entorno y unos nuevos desafios. No sabe muy bien quien es, porque no sabe muy bien donde está. Una vez consigue la percepción del nuevo estadio comienza la adaptación, pero es un proceso que afrontamos con una gran pereza porque sabemos que es temporal. Incluso las mismas cosas que haciamos antes del cambio nos parecen diferentes, extrañas.
En mi caso es necesario un periodo de introspección. Hay que eliminar las espectativas y replantearse el escenario desde cero. A partir de ahí empezamos a marcar objetivos e irlos cubriendo. La noche oscura que se arrastra dentro de mi y me deja agotado y destruido es parte de ese proceso, pero como todos los procesos referentes a mi personalidad hay un planteamiento, un desarrollo y una evaluación. Hoy he visto "Les Miserables" por fin. Me ha gustado, pero me ha decepcionado. Funciono en dos niveles, evaluo la pelicula y evaluo mis reacciones. Estoy demasiado poco empatico, demasiado embrutecido. Son necesarios ajustes. Y se irán haciendo sobre la marcha, de forma que la destrucción de las noches de verano, la oscuridad interna y externa sea una oscuridad comoda en la que pueda refugiarme, hacerme un trono de brazos y dormirme una siesta con un buen libro. Que es una de las cosas para las que se hizo el verano, tanto para la pasión destructiva como para el ocio reconstructivo. Y para trabajar también, claro. Como malditos alemanes :-P

miércoles, 17 de julio de 2013

Tiempos extraños


Tiempos de transición. Aún miras al horizonte y enderezas la espalda, pero ya no llevas ropa que te mande nadie ni te afeitas. Tu cara pica y el sol te golpea despiadadamente. ¿Recordabas que el horizonte estuviera tan lejos? Parece mentira.
A tu alrededor hay hombros encogidos y miradas bajas. La elegancia es un recuerdo, y si bien la alegria y la belleza compensan la falta de estilo, sigues tan fuera de lugar aquí como entre los arboles. I see her through the pines.

En este momento, paseas, resuelves cosas, lees. Disfrutas del Hesse profundo, solitario, intenso, del Lobo Estepario y te reencuentras en ese personaje asocial, pero con miedo para saltar al vacio. Descubres parrafos maravillosos, como aquel en el que dice que el hombre aspira a ser amado en su totalidad. Las palabras fluyen. Encuentras que el movimiento sin objeto es a la vida lo que el ruido a la musica, un destructor de la armonia, entendiendo como armonia la capacidad para la belleza y para la consecución de objetivos. Pero a la vez que lees eso, en dos novelas distintas te reencuentras con el amigo Einstein y su concepto del tiempo no lineal. Todo tiempo contiene en si mismo todos los espacios y todo espacio contiene en si mismo todos los tiempos. Y te preguntas si, siendo la energia la constante, alguna vez podrás vislumbrarlo.

Enloqueces y te deslizas por una pendiente de pensamientos imposibles. Te preguntas si existe salida a la soledad, si tus ansias bestiales y monstruosas encontrarán satisfación más allá del onanismo mental y, que demonios, físico. Te encuentras, en el libro y en tu vida, que existe un amor elevado dedicado a las palabras, a los conceptos, a las sensaciones, y un amor banal dedicado a las pasiones absurdas y sin sentido, obscenas que arden sin llama y te preguntas si podrías experimentarlo. Si realmente podrías querer como los niños, dado que odias como ellos. ¿Alguna vez fuiste un niño?
Las preguntas se suceden unas a otras y el tiempo pasa muy despacio mientras sudas el sufrimiento y las cadenas se van soltando. Y poco a poco te relajas, duermes, comes, sonríes. ¿Puedes sonreír? No lo sabes. Pero mientras avanzas sorteando palabras y la locura se te insinua constantemente, tienes miedo de que este tiempo se prolongue demasiado y, cuando vuelvas a la orilla del gris, no recuerdes quién eres.
Que tontería. Como si pudieras olvidarlo.

lunes, 15 de julio de 2013

Corrientes subterraneas


Hoy se me ha ocurrido una idea bastante curiosa. Reencontrarme con alguien especial para mi y pensar... ¿por qué? ¿Por qué estoy condenado a soterrar sentimientos e impresiones? A vivir pasiones oscuras y secretas, imposibles de compartir por las barreras que nos separan, mientras en otras vidas que se solapan a esta finjo emociones e interpreto historias en las que no soy yo, pero me dejo llevar porque es mejor fingir que vives que no hacer nada. Y porque además uno nunca sabe cuando, a fuerza de repetición, una mentira puede convertirse en verdad.
Soy una persona con fé en la vida. Creo que todo sucede por algo y que la vida tiende a buscar el camino más práctico y útil, el correcto. Tengo fé en que si algo no debe salir, no salga. Pero no puedo evitar que me entre una cierta rabia al no ser capaz de decidir, maxime sabiendo que en mi vida privada soy una persona dada a tomar decisiones. Que el entorno me cohibe e impide desarrollarme, pero ese conflicto entre lo que soy y lo que debo ser...
Bueno, no tiene mucho sentido seguir con esto. Esta noche espero dormir en Cádiz y empezar otro episodio. Y ya queda menos para pasar a la siguiente fase. Así que a por ello :-) Seguiré, que tengo visita en casa y no me concentro con el colega hablandome. Saludos !

Aquí sigo. Ya llegué a casa y el viaje ha sido una paliza, pero ha merecido la pena. Aparte con Luis es más fácil, aunque cuando se cansa se pone muy protestón, como casi todo el mundo.
Estaba acostado en el avión y se me vino a la cabeza una idea un tanto inquietante. Que, en cierto sentido, le soy infiel a una persona muy especial para mi. Este verano le daré una oportunidad a Carol. Es una buena chica. Se preocupa mucho por mi. Es linda, inteligente, simpatica, buena. No hay ningún motivo por el que no se merezca una oportunidad. Pero no me inspira. No me da ideas asombrosas, no me enseña nada. En cierto sentido suena a conformarse, dado que con esa persona inspiradora no hay, ni puede haber, nada.
Y ahora viene otra pregunta. Cuando el destino me guia, a veces las cosas salen bien. Cuando lo hacen mis sentimientos, pocas veces. Siempre me ha ido bien con chicas cuando no he prestado demasiada atención, cuando ha sido algo como... "ah sí, por cierto". Cuando he dado el 100% de mi ha sido para explotar. Excepto en aquella antigua ocasión en que me encontré con mi reflejo oscuro. Así pues, ¿por qué insistir? ¿Por qué no dejarse llevar? Surfear la ola y permitir que la vida me arrastre a la orilla que quiera. Ya tendré tiempo para decidir. Al fin y al cabo, como le decía a Luis ayer, la vida muy pocas veces te plantea elecciones. Como mucho te da oportunidades y, si eres una persona despierta y sabes lo que te haces, las aprovechas. Y si no, pasan. Con suerte puedes crearlas. Pero normalmente es así, tomas lo que te ofrecen o no.
Buena suerte. Y buenas noches. Mañana empezamos aquí. A por el verano ! 

sábado, 13 de julio de 2013

Ya se vé la luz al final del tunel


O algo así. No me gusta estar todo el día llorando por el curso que estoy haciendo. Si no me gusta, pues hocico con él como puedo hocicar con otras cosas, busco algo positivo que tenga y me rio de mi mismo. No necesariamente en este orden, claro. Pero este fin de curso ha sido de esas cosas que se alargan hasta el infinito y más allá, cuando uno cree que acaba... que acaba... venga un poco más... uy no...
Pero ha estado muy guapo, la verdad. Hemos ido al CISI y hecho cosas de contraincendios guay. Hemos hecho cosas marineras guays, en las lanchas haciendo ejercicios e historias. He aprendido bastante, he conocido a gente interesante, me he divertido. También he tenido tiempo para mi por las tardes. Esta semana está Luis aquí y hemos hecho el guiri, hemos charlado de muchisimas cosas y nos hemos reido mucho. Al principio estuvimos a nuestra bola, pero ya el otro día fuimos a Cedeira y quedamos con gente, anteayer fuimos a cenar con Luis el de Hidrografia y ayer estuvimos con Joey y Román por Coruña. A la hora de hacer balance final tengo que reconocer que he conocido a gente muy interesante. No son mis amigos, pero son muy buena gente, puedes hacer cosas con ellos y aportan mucho.
Estoy contento. Cansado, solitario, melancolico, asustado del futuro. Pero contento. Y las vacaciones prometen, así que vamos a motivarnos a por ellas y empezar a ir haciendo cosas. Que ya casi están aquí.

lunes, 8 de julio de 2013

Mucho de una cosa y poco de otra


Buenas tardes. Hoy he tenido un buen día, hemos salido en lanchas y hemos hecho "cosas-marineras", que no tiene tanto glamour como "cosas-nazis" pero tiene más que "cosas-estudiantes".
El tema del artículo es mi informe personal. ¿Como? ¿Qué? ¿Por qué? Bueno os cuento. El informe personal es una movida que hace el jefe diciendo "eres una maquina" o "eres un paquete", y te viene bien, si tienes un jefe más o menos normal y las orejas abiertas, para saber por donde vas. A mi me interesa particularmente en casos como este, donde hablo con el jefe tres veces al año y no tengo ni puta idea de como voy, más allá de mi percepción unica, personal e intransferible.

Vale. El jefe y yo discrepamos, pero esas cosas son normales dada la diferencia de carácteres. En cambio no me ha dicho nada que no supiera, así que la autoevaluación va bien. ¿Qué porqué titulo esto así?
Bueno, hoy estaban los chavales de otra brigada ensayando el desfile. El que hago yo. El que Angel dice que me gusto demasiado a mi mismo. ¿Y sabéis qué? Me parece de puta madre. Porque si en algunas cosas hay que pecar de defecto, en otras hay que pecar de exceso. Y yo, que me gusta ir de cinico arrogante y pasota, cuando me pongo delante de la bandera lo vivo. Porque no me estoy poniendo delante de un trozo de tela, me estoy poniendo delante de la dignidad de cuarenta millones de españoles. Me estoy poniendo delante de Quevedo, de Carlos V, de Blas de Lezo, de Trajano, de Cervantes, de Goya. Y ya a nivel un poquito más personal, me estoy poniendo delante de mis abuelos, de mis padres, y de mis ancestros hasta el inicio de los tiempos (como decían en el guerrero numero trece). Y si en una situación así no te gustas un poquito a ti mismo, a ver cuando caralho te vas a gustar. Porque existe un cierto orgullo macarra en celebrar quienes somos y de donde venimos, aunque eso no lo sepa nadie ni maldito lo que le importe. Y aunque por regla general me gusta pasar desapercibido y que no se sepa quién soy, no necesito que venga nadie a decirme que se me haga ver más para tener claro quién soy, que es importante y qué no lo es. Así que tomaré el consejo y cumpliré con mi trabajo, que es obedecer ordenes, pero aunque en mi vida personal la mitad del tiempo no sé si voy o si vengo, en mi vida profesional tengo muy claro quién soy y qué hago. Así que gracías.

sábado, 6 de julio de 2013

Entonces como ahora


Lo que son las cosas. Ayer en la comida recordé algo que me pasaba de niño. Cuando pasó lo de mi hermano me dijo mi psicologa que tuviera en cuenta todo lo que quería hacer y nunca había podido. Pero, le dije, yo nunca he querido nada. Mis deseos y mi personalidad quedaron en segundo plano ante la necesidad y el deber. Tanto así que mi infancia, en su conjunto, está encerrada en algún lugar de mi mente y no recuerdo mucho de ella, más allá de que fue una mierda, pero no recuerdo exactamente porqué.
Y ayer me encontré con una de esas cosas. Ayer estaba todo el mundo comentando la curiosidad que tengo yo por cosas raras y los temas de conversación que me saco. Que si el origen de la bandera de escocia, que si la iglesia maronita, que si el laicismo de la constitución turca... que practicamente hay que prepararse una conversación conmigo como el que se prepara una clase. Fue un momento bastante gracioso en la mesa, comentando lo raro que soy yo mientras me encogía de hombros.
Eso no es nuevo. De pequeño, a lo mejor con siete u ocho años, yo tenía asma grave y no podía hacer deporte como los demás niños. Así que leía mucho y fantaseaba mucho. Recuerdo que de aquella construía historias. Ya ni sé sobre qué, pero supongo que no sería sobre reyes y principes y ese jaleo, porque en mi familia siempre tendimos a ser una meritocracia. Recuerdo que le daba la chapa a algunos compañeros hasta que me veía solo. Y efectivamente me pasé muchisimo tiempo solo, porque a mi me gustaban cosas y tenía inquietudes que nadie compartía. Me disocié del estado social normal y reconozco que, si no fuera por mis primos más grandes y protectores, probablemente lo habría pasado mal. El colegio no es un buen sitio para ser diferente.
El sitio donde estoy tampoco es muy distinto de un colegio. Tampoco es buen sitio para ser diferente. Pero con el tiempo he aprendido a guardar mis inquietudes y a callarme. He aprendido que hay gente a la que no le interesan mis cosas. Y estoy aprendiendo a estar comodo. Ya no soy un niño pequeño y fragil que no podía respirar bien, sino un hombre que ha superado muchas situaciones y que sabe lo que quiere.
Así que, ¿sabéis qué? Puedo reirme de ser distinto. Como decía Kurt Cobain, ellos se ríen de mi porque soy diferente, yo me río de ellos porque son todos iguales. Y la risa es amor.

jueves, 4 de julio de 2013

La cena de los idiotas


Hola buenas noches. El título del artículo está sacado de una pelicula francesa de gran exito que no he visto, pero tengo pendiente. ¿Y a qué viene este artículo? Os preguntaréis.
Bueno, mañana pienso hacer algo que comenté un día con Carlos que debería, y curiosamente se ha cuadrado así. Mañana celebro mi cumpleaños/findecurso/queestoyvivo o lo que se os ocurra. No he pensado una lista de invitados ni nada, sino que he cogido a los tres o cuatro que tenía más a mano. Y curiosamente, son los tres o cuatro que deberían ir. Porque siempre que uno piensa demasiado las cosas no salen bien, así que es mejor actuar y cuatro es un numero perfecto.
A ver, he invitado a Herr Joey. Porque no podía perderse una, porque es mi hermano de la espada, porque es quién me aguanta las locuras y además aporta algunas propias. Porque es un amigo de verdad.
También he invitado a Herr Victor. Porque es un respetable padre de familia, porque me mantiene con los pies en el suelo, porque me recuerda que somos niños y que eso mola. Porque le debo muchisimo y nunca le pago.
El inventor de esto de una comida fue Carlos. Que es el que me aguanta todos los días, mi Pepito Grillo particular y una de las personas más humanas que conozco. Y un tío fortisimo, todo un militar como la copa de un pino.
¿Me dejo uno? Mi hermano de mochila. Aquel que me recordó quién soy, que siempre tiene la palabra adecuada. Una persona con quién disfrutar de un silencio, con quién compartir una reflexión, con quién jugar a los dados usando nuestros cerebros como mesa. Jose, nombre de glorioso recuerdo, otro desastre a quién se le perdona todo.
No sé cuantos irán de ellos, si es que va alguno. No sé como irá la comida, si es que nos reunimos. Pero, al igual que reconozco que este es un año perdido, también reconozco que sin ellos no habría aguantado estos dos años de curso. Que siendo tan distintos, cada uno a su estilo y manera me ha aportado grandes cosas y me ha formado y ayudado. Y que son una parte importante de mi vida, aunque yo no me quiera dar cuenta la mayoria de las veces. Así que muchas gracías por estar ahí y muchas gracías por enriquecer mi vida con las vuestras.

miércoles, 3 de julio de 2013

Un año que vuela


Es curioso. El otro día me sorprendió una expresión del dueño de mi piso: "este año se me ha pasado volado". Me resultó curioso porque, una de las cosas que más me ha costado interiorizar de este año es que, para mi, no ha existido. Si alguien pusiera a camara rápida los ultimos seis meses de mi vida, probablemente no me llamarían la atención más que unos cuantos instantes. De esos, creo que los unicos en que he estado realmente vivo ha sido en Semana Santa, cuando fui de viaje con Jose por Castilla y luego estuve en Cádiz. El resto del tiempo he vivido una especie de medio sueño en el que he entrenado, he conocido gente, he hecho cosas, he aprendido mucho. Pero todo de una forma subconsciente, como si le pasara a otro. Y he llegado a interiorizarlo de tal manera que me llama la atención cuando alguien me lo comenta, como si ese fuera el estado natural de la vida y todo el mundo que hay en mi entorno estuviera condenado a "no-vivir" de forma similar a la mía.
Quizás por eso me rebelo tanto contra el poder disfrutar de un tiempo con Luis. Quizás por eso ansio tanto el verano. Quizás por eso he insistido tanto en conocer a una persona más allá del entorno del trabajo. Porque una parte de mi, rebelde por naturaleza, se niega a asumir que el año pase sin nada que destacar. Pero la verdad es que, a tres de julio, si me preguntáis que he hecho en estos ultimos meses que haya merecido la pena os diré que "no sé" y seguiré a lo mío. Tan tranquilo como una piedra arrastrada por la corriente de un río y tan ajeno a si mismo como la susodicha piedra.
Un año perdido. Decía Pepe Mugica que lo más valioso del mundo es el tiempo, y a medida que me hago mayor me doy cuenta de que gran verdad es esa.