sábado, 6 de julio de 2013

Entonces como ahora


Lo que son las cosas. Ayer en la comida recordé algo que me pasaba de niño. Cuando pasó lo de mi hermano me dijo mi psicologa que tuviera en cuenta todo lo que quería hacer y nunca había podido. Pero, le dije, yo nunca he querido nada. Mis deseos y mi personalidad quedaron en segundo plano ante la necesidad y el deber. Tanto así que mi infancia, en su conjunto, está encerrada en algún lugar de mi mente y no recuerdo mucho de ella, más allá de que fue una mierda, pero no recuerdo exactamente porqué.
Y ayer me encontré con una de esas cosas. Ayer estaba todo el mundo comentando la curiosidad que tengo yo por cosas raras y los temas de conversación que me saco. Que si el origen de la bandera de escocia, que si la iglesia maronita, que si el laicismo de la constitución turca... que practicamente hay que prepararse una conversación conmigo como el que se prepara una clase. Fue un momento bastante gracioso en la mesa, comentando lo raro que soy yo mientras me encogía de hombros.
Eso no es nuevo. De pequeño, a lo mejor con siete u ocho años, yo tenía asma grave y no podía hacer deporte como los demás niños. Así que leía mucho y fantaseaba mucho. Recuerdo que de aquella construía historias. Ya ni sé sobre qué, pero supongo que no sería sobre reyes y principes y ese jaleo, porque en mi familia siempre tendimos a ser una meritocracia. Recuerdo que le daba la chapa a algunos compañeros hasta que me veía solo. Y efectivamente me pasé muchisimo tiempo solo, porque a mi me gustaban cosas y tenía inquietudes que nadie compartía. Me disocié del estado social normal y reconozco que, si no fuera por mis primos más grandes y protectores, probablemente lo habría pasado mal. El colegio no es un buen sitio para ser diferente.
El sitio donde estoy tampoco es muy distinto de un colegio. Tampoco es buen sitio para ser diferente. Pero con el tiempo he aprendido a guardar mis inquietudes y a callarme. He aprendido que hay gente a la que no le interesan mis cosas. Y estoy aprendiendo a estar comodo. Ya no soy un niño pequeño y fragil que no podía respirar bien, sino un hombre que ha superado muchas situaciones y que sabe lo que quiere.
Así que, ¿sabéis qué? Puedo reirme de ser distinto. Como decía Kurt Cobain, ellos se ríen de mi porque soy diferente, yo me río de ellos porque son todos iguales. Y la risa es amor.

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