sábado, 31 de agosto de 2013
Los verbos transitivos son importantes
Llevo unos días un tanto extraños, readaptandome a mi vida aquí. Es curioso como odio tanto este sitio con la vida tan tranquila y "a mi aire" que tengo aquí, antes de que empiece el terror claro. Estas vacaciones he leido mucho y, como fin de viaje, estoy metiendome droga dura en vena. Acabé de leerme "mi religión" de gandhi y ahora estoy con "el mundo de sofia". Y a la vez que leo, vivo. Tengo algo en mi vida ultimamente que me reconcome, algo que no acabo de ponerle nombre pero que sé que está mal. Ya he dicho alguna vez que, en nuestro interior, siempre sabemos cuando hacemos lo correcto y cuando nos equivocamos. Solo es cuestión de ser honestos con nosotros mismos, ser valientes y reconocerlo. No dar por hecho que sabemos más que nadie, sino preguntarnos si realmente tenemos la más puñetera idea de lo que estamos haciendo.
Bien. Lo que me quema por dentro es un malentendido entre una persona y yo, que parece valorar mucho mi amistad pero no tiene ni idea del concepto de amistad que yo manejo. Eso es por una importante diferencia cultural, no ya por venir de diferentes paises y entornos, sino por la forma de manejarse las personas. Y aquí entra el verbo transitivo. La diferencia fundamental entre "ser" y "estar" es que el segundo verbo exige acción continua, movimiento, mientras que el primero permanece. Yo puedo "estar" rubio si me tiño cada cierto tiempo, o puedo "ser" rubio si nací así y con eso me llega. Esa es la diferencia fundamental entre el concepto de amistad de esta mujer y yo, probablemente fundamentada en mi certidumbre de la inestabilidad de la vida y la relatividad de esta. Existe gente para la cual la vida está plagada de "ser". Gente para la cual la existencia se basa en ideas fundamentales que tienen lugar así, sí o sí, en las cuales el ser humano tiene tanta capacidad de decisión como en la dirección del viento. Pero yo me niego a pensarlo. Yo dirijo mi vida, si bien lo hago dentro de los limites que... ah sí, yo mismo elijo. Por lo tanto en mi vida existen pocos "ser", sino muchos "estar". La gente no "es" amiga mía. La gente "está amigueando" conmigo. Hasta que ese "amiguear" permanece durante una serie de tiempo y experiencias y adquiere una cierta estabilidad, una cierta firmeza. Es un poco como los perfiles de idiomas, que deben ser renovados cada cierto tiempo pero, una vez lo has consolidado a través de diferentes pruebas, estás demostrando que tienes un conocimiento real.
Así pues, mi reflexión para hoy, queridos chicos y chicas, es la siguiente. ¿Cuanto de vuestra vida "es" y cuanto de vuestra vida "está"? ¿Y cuanto queréis que sea así? Así que ya sabéis, a trabajar. Yo tengo muñequitos que pintar.
jueves, 29 de agosto de 2013
Concerning about concern
Pasa un día, pasa otro y te planteas... luego. Más adelante. No tengo tiempo para esto, estoy ocupado con otras cosas. Miras el teléfono, donde vas tomando notas para más adelante escribir algo. Son notas interesantes pero... no te sientes del humor para trasladarlas a algo más largo, más extenso, más articulado. Y cuando te das cuenta, estás tan dentro del laberinto de tus sentimientos y de tus sensaciones que vives en el momento presente, incapaz de establecer una linea temporal continua. "Como me he sentido este mes" se convierte en una pregunta tan abstracta como "a que sabe el queso de nubes".
Y mientras, sigo enredado en la pregunta más dificil que se puede hacer un ser humano, la pregunta que es el motivo detrás de los conflictos de Egipto, Turquia y, en general, el mundo actual. La pregunta es "¿quién soy?".
¿Soy lo que hago? Pero lo que hago está condicionado por mi entorno. ¿Soy lo que me gusta? Pero mis gustos cambian constantemente. A la pregunta sobre si existe un nucleo identificable que me orienta y dirige... maldita sea, no. Soy una variable compuesta por una serie de constantes, solo eso. O quizás tanto como eso.
El último viaje me ha venido muy bien, aunque ha sido muy duro. He tenido muchas experiencias nuevas, algunas agradables y otras no tanto, y he vuelto a un entorno que conocí en otras circunstancias, cuando yo era otra persona. Ahora observo el mismo paisaje con diferentes ojos y descubro el cambio en mi, y en cierto modo me gusta. No me gusta el uso que se le da a la palabra "maduro", como adjetivo positivo y su antonimo como negativo, porque yo considero que todo lo que ganamos nos cuesta algo. Reconozco que no me he vuelto a enamorar desde que Karen me dejó. En cambio esa... ausencia de emoción me ha dado perspectiva y paciencia. Puede que ese sea el cambio, la capacidad para ver las cosas como si le sucedieran a otra persona, ese segundo y medio de pausa entre mi sentimiento y mi reacción que me permite pensar y evaluar las cosas, aunque me haga distante. También me he vuelto más firme en mis creencias y mis aficiones, menos dado a adaptarme a las circunstancias del otro y más seguro de mi mismo. Y también más indiferente a las reacciones de los demás, lo que me lleva a preocuparme otra vez por mi falta de empatia.
Así pues, ¿qué soy? ¿quién soy? ¿Existe una sola respuesta para esto? Puesto contra la pared de mi independencia, he encontrado ese nucleo interno que me dice lo que está bien y lo que está mal, de forma personal e intransferible. Ese nucleo, que al fin y al cabo es nuestra clausula de seguridad, nuestro centro que, una vez perdido, nos hace perdernos a nosotros mismos. Y me alegro de haberlo hecho. Ahora me siento mucho más yo, y estoy listo para pasar a la siguiente fase. Y me alegro de hacerlo
martes, 20 de agosto de 2013
Hipocresia, ese sentimiento tan cristiano
Esta mañana me he levantado reflexionando sobre ello. Recuerdo que hace mucho tiempo un compañero intentó instruirme a que fuera más hipocrita y conviviera con la gente. No podía. No me sale. Yo soy como soy y cuando no estoy a gusto, demonios, no estoy a gusto. Mirandolo por el lado bueno al menos aprendí a más o menos estar solo, que es algo que a día de hoy aprecio bastante. Me gustó ver al Dr Juan y comprobar que no es un talento exclusivo mío y que hay gente que lo tiene incluso más perfeccionado, pero que es algo necesario lo sabe hasta Dios.
Ahora bien, la hipocresia existe y hay gente que hace un uso extensivo de ella. No me sale. También hay gente que defiende que es de un determinado modo, alzando mucho la nariz y sintiendose muy orgullosa de si misma, y luego no es capaz de aplicar eso mismo que dice. Gente que no es capaz de dejar pasar algo, pero que cuando la situación se pone dificil cierra los ojos y actua como si no estuviera pasando nada. Y es así que tenemos agujeros en las calles y agujeros en las almas. Porque todo lo que no resolvemos y dejamos de lado, se nos acumula. Hay que vivir sin dejar asuntos pendientes. Que hay cosas que no se pueden resolver lo sabe todo el mundo, pero eso también hay que aceptarlo. Yo ya no guardo rencor. Me parece un atraso, una perdida de tiempo terrible. Tampoco busco ofensas. Si uno quiere, siempre va a tener un motivo para odiar, siempre va a tener un motivo para indignarse, siempre va a tener un motivo para estar mal. Pero eso no sirve para nada. Cada uno da lo que recibe, ¿recordáis? Y yo no quiero recibir cosas de esas, gracías. Por eso cierro los ojos ante cosas que podrían dolerme, aguanto el tirón y sigo adelante con una sonrisa.
¿Que soy un tanto ingenuo? Seguramente. Escribia Javier Marías que, a veces, un caballero debe dejarse engañar para seguir siendo un caballero. Y fingir que ese niño que pide en la calle realmente tiene problemas, en lugar de ser un golfo que está pidiendo para droga, porque si empezamos a desconfiar de todo el mundo nuestra alma empieza a llenarse de moho. Pero yo no engaño a nadie. Pongo mi forma de ser sobre la mesa y que cada cual piense lo que quiera, porque no supone ningun avance para nosotros (me encanta esa expresión portuguesa "nao adianta") intentar engañarse a uno mismo ni al mundo. Porque al mundo, sinceramente, le importa una mierda lo que nosotros pensemos de nosotros mismos. Lo que importa es lo que hacemos de nosotros mismos.
Portaros mal, se os echa de menos gente
lunes, 19 de agosto de 2013
Es español quien no puede ser otra cosa
El otro día leí esa frase, no recuerdo de qué escritor. Y lo curioso es que cuando la leí fue de forma critica, dando por hecho que lo decía de una forma un tanto despectiva, y mi impulso de abogado del diablo me llevó a intentar contradecirlo. No puede ser, tiene que haber una explicación a esto.
Esta semana lo he visto. Ante la certeza de que algo va a salir mal, pero que uno solo puede continuar si quiere ser consecuente con su imagen de si mismo y del mundo. Ser español consiste justamente en eso, en una actitud fatalista a la par que orgullosa, en levantar la cabeza y morir con las botas puestas. Justo en ese momento, en el Gotterdammerung o crepusculo de los dioses en el que sabes que todo acaba, solo puedes lamentar las oportunidades perdidas. Extraño haber jugado al Guitar Hero con mi hermana, fijense uds que tontería. Y ahora, intentando arreglarlo, me encuentro cada vez más atrapado en esta red en la que yo solo me metí de cabeza. Bueno, sea pues. Acorralado por la justicia y por mi sentido de lo que es apropiado y lo que no.
domingo, 11 de agosto de 2013
So much struggle in the world
Hoy no he dormido casi, pero me he levantado con una sonrisa, el estomago vibrando y el asta de la bandera saludando al sol. Así que, un poco de mejor humor, he puesto algo de musica. Vamos a escuchar a Bob Marley, que es lo suyo en verano. So much struggle in the world. What comes around goes around.
Y pienso. ¿Ese es el regalo que esa persona va a hacerme? ¿Destruir una amistad que tengo desde hace años? No necesito esos regalos. Cuando una persona te limita, cuando una persona corta tus alas... cuando en lugar de amar más y mejor amas menos. Entonces esa persona es un problema para ti. Tiene que ayudarte a ser mejor persona, tiene que hacerte crecer. Y si no consigue eso... entonces fuera. Ya tenemos suficiente sufrimiento en el mundo. Ya tenemos suficiente lucha.
Hace muchos años, recuerdo que tenía un familiar al que apreciaba y quería bastante. Ese familiar tenía una esposa dominante, una mujer debil a la que le gustaba tiranizar. Porque casi todas las personas debiles, son inseguras y compensan esa falta de seguridad con un exceso de control casi violento. Ese familiar hizo cosas que no debía haber hecho, por amor. Pero el amor que está condicionado, el amor que elimina tu voluntad es una esclavitud. Yo no quiero dejar de ser yo mismo. Ojo, tampoco juzgo. Cada uno toma sus decisiones basandose en sus prioridades, su conciencia y su actitud. Ahora bien, no voy a renunciar a mi responsabilidad, no voy a renunciar a mi naturaleza. Y por supuesto no voy a renunciar a mi libertad, independientemente de lo dulce, hermoso y profundo que sea ese amor. Decía la Pasionaria que es mejor morir de pie que vivir de rodillas, y no es mala actitud de vida para alguien que se respeta a si mismo, que es hijo y nieto de españoles que se respetaron a si mismos, y que no tiene miedo de vivir.
Así que buenos días en el mundo libre, señores. Y amen, amen y ensanchen el alma. Que puedes dar tanto amor como quieras, y el que piense que el amor se gasta es como el que piensa que el aire hay que controlarlo.
Mi cena sabe a fracaso
Y a viejas cenizas enterradas. Estoy en Madrid, la capital del reino. Lejos de donde Alina esté, haciendo lo que sea que Alina haga. Lejos de Jenny, y de las preocupaciones que tenga. Lejos de mi mismo, porque estoy haciendo solo lo que soy, dejando que las intenciones hablen por mi y que yo envie información y reciba "ajá" como respuestas. Estoy perdido de mi mismo, aunque a ratos parece que me asomo a lo que fui y a lo que soy, recordando de donde vengo, siguiendo el camino de guisantes que voy dejando (yo no soy un guisante, como decía Sandra).
Y de repente todo falla y se apagan las luces. Y mi gran plan de verano se convierte en una trampa y nada tiene sentido. Y vuelven las cenizas y vuelve la certeza del fracaso. ¿Qué pretendo? Yo no estoy hecho para este mundo. Entonces recojo las perdidas, me encojo de hombros, sigo adelante. No se me da mal eso, aunque la sonrisa se quedó por el camino. ¿Y por qué no? Estoy cansado de pelearme con el mundo. Estoy cansado de que el mundo no me acepte. Si él no lo hace,¿a mi que me importa? Todo el mundo baila al ritmo de una musica que yo no escucho, y tampoco tengo maldita la gana de escucharla. Y sigo haciendo feliz a gente que a mi no me hace nada, y sigo mascando soledad y saboreando rabia. Y más rabia y más rabia.
¿Con qué quieres ponerme condiciones? ¿Con que vas a ponerle un collar al perro? No es buena idea. Esas cosas no funcionan así. Y yo me escapo y vuelo libre, tomo mis decisiones y dejo que el día siga a la noche y la noche al día y... bueno, ya veremos. Estoy cansado y solo quiero dormir y olvidar, pero hasta para eso necesita uno tiempo y espacio. Ya veremos. Algo se podrá hacer, aunque sea improvisar.
Pero mientras, la noche se cierra alrededor de mi y las paredes blancas no me dicen nada. A little passion, cantada por una banda callejera en Madrid, es lo que me abraza el espiritu en una oscuridad que no admite negociación ninguna. Hasta pronto, hermana oscura. Sigo solo y sigo siendo idiota.
jueves, 8 de agosto de 2013
Absurdez
Recuerdo tus besos, como gotas de sangre colgando del árbol de la vida, mientras el río de mi historia avanza a toda velocidad. Recuerdo tu sonrisa, esa puñalada de luz entre sombras, en contraste a ese agujero negro de hambre que es la mía. Recuerdo el imposible, y recuerdo hacerlo tan sencillo como nada, por el mero acto de no creer en él.
Mi vida es un absurdo. De repente me vuelvo consciente de ello, de como la epica, la literatura, es algo para mi tan natural como el patetismo. Como en mi chocan el placer y la insensibilidad, el ansia de sensaciones y el estoicismo. ¿Recorrer medio mundo buscando el amor, solo para buscarlo? Romanticismo o patetismo. En mi vida, una no suele negar a la otra, ¿por qué elegir?
Y la muerte se prolonga en agonia deliciosa. Decía el otro día que para que te guste correr tienes que ser un poco autista y un poco masoca. Yo cubro ambos aspectos, los abrazo, los aspiro, los ansio. Y a la vez reniego de ellos, porque mi identidad es siempre un proceso a medio hacer, un constante "sí, bueno, ¿y por qué no?". Y así camino por la vida, dando tumbos, sin ningún plan existencial. Y eso está bien cuando sube la marea, pero, ¿y cuando baja? Cuando baja a veces caminas sobre algas y a veces caminas sobre piedras. Y la vida sigue, subiendo y bajando, arrastrandote lejos de ese árbol, brillante de rojas burbujas donde tus labios recorrieron esta piel, y el recuerdo es mi huida de un presente que me acorrala sin sentido.
Absurdo. Tan absurdo como yo.
Mi irresponsable país
Es curioso, pero muchas veces pensamos que estamos totalmente disociado de la política, que lo que sucede en las altas esferas no tiene nada que ver con nosotros, que el jefe es el jefe... pero el ser humano aprende por imitación y es tan susceptible a la sugestión que da miedo. Ultimamente he tenido algunas discusiones en casa de mi madre. Os contaré un secreto: soy un trapillo. No soy la persona más ordenada del mundo, la verdad. Principalmente por pereza, pero si yo estoy cogiendo un libro, no sé, cada par de días, ¿para qué lo voy a guardar en su caja, cuando en cualquier momento lo necesitaré? Así que lo dejo sobre la mesa. Y así con otras cosas. Claro, cuando vivo solo no tengo problema, más allá de que a veces se me olvida donde lo dejé. El problema viene cuando vives con otra gente.
Y aquí viene lo interesante. Nadie es responsable de nada. Nadie sabe nada. "Aquí no ha tocado nadie". Que casualidad. En España hay un accidente de tren y la culpa es del maquinista. Hay un escandalo de corrupción y la culpa es de... nadie. Hay una mala gestión de unos residuos y la culpa es de... nadie. En este bendito pais de Dios, la palabra responsabilidad no existe, a menos que uno sea tonto. Y así nos va, claro. Creemos que mirando para otro lado o encasquetandole el marrón a otro, el problema desaparece. Y eso no funciona en la vida real. Yo cuando pierdo una camiseta no quiero colgar a nadie del cuello: quiero mi camiseta. Quiero resolver mi problema, que es lo que me enseñaron tan bien en el barco. Primero, arreglamos el problema. Luego, miramos como evitar que vuelva a pasar. Y después, si aún nos quedan ganas de jaleo, buscamos culpables.
El responsable ya lo hay, claro, desde el primer momento. El que está a cargo, el jefe... el que sea, pero alguien de arriba. Y creo que ese es el problema que tenemos en la sociedad española. Que el jefe no se responsabiliza de nada, aunque cobra por ello. Así que al final, los problemas no se arreglan, porque el jefe no es responsable, así que si él no lo hace... ¿por qué lo voy a hacer yo? Y entre unos y otros, la casa sin barrer. O en este caso, la camiseta de la que nunca más se supo.
Claro que en unas semanas volveré a vivir solo. Entonces me amargará la soledad, pero esa es otra pelicula. Ahora estoy pensando como hacer para irme a vivir, en vez de fuera de casa de mi madre, del país de los irresponsables estos que no tienen ni idea de donde están de pie. Algo se me ocurrirá.
miércoles, 7 de agosto de 2013
Adios, espiritu del sur
Veneno de infinitas bocas, ansia oscura y dulce, ambrosia hecha de arena y piel morena. Tu ritmo se me escapa y tu espacio me es extraño, ajeno. Tus andares sobresexuados, tu languida pasión, tu gesticulación. Tus manos paseando ante mi cara, tus voces altas y chillonas, tus canticos y tus palmas. Tus amaneceres largos y suaves, tu café ante el mar. Tus escandalosos coches con musica, tus camisetas rosas, tus mujeres guapisimas me golpean la vista sin parar, como olas que baten contra la roca hasta destruirla.
Mis ojos. Mis fríos y cansados ojos azules, mi sonrisa distante, mi andar acelerado. Mis tenis golpean el pavimento con secos impactos, sonoros. Ein, zwo... Ein, zwo... Que contienen un eco a botas, un eco a suelo de cuartel, un eco a soledad y deseo, a frustración, a pasión, a ansia.
Adios, espiritu del sur. Tu no me entiendes y yo no te entiendo y, cuanto más cerca veo la despedida, más extraño me siento en tu presencia y más aliviado. Yo no soy tu y tu no eres yo... y quizás eso sea lo mejor.
Y la distancia de un cuerpo
Es más de lo que puedes cubrir cuando el miedo supera al deseo. El tiempo pasa inagotable, tic tac tic tac, y a medida que la vida social vuelve a llenar tus venas de vida vuelves a recordar quién y que eres, vuelves a escribir, a crear, a soñar, y la salida de la jaula se vé más grande.
martes, 6 de agosto de 2013
El tiempo de la siega
Hubo una epoca, no hace demasiado tiempo, en que mi vida rebosaba literatura. Un tiempo en el que mi vida estaba llena de viajes, poesia, amistades curiosas, conversaciones intensas. Hubo un tiempo, no hace mucho, en el que fui joven y apasionado, inquieto, y mi vida ardia como una llama alimentada por salpicaduras de aceite, de repente con un brillo oleoso gris y sucio, de repente con un aspecto de arco iris combustible.
Pero eso me lo quitó el curso. A medida que el gris lo invadía todo, mi personalidad ganaba definición y mi vampirismo social se acusaba. Primero la necesidad dio lugar a la miseria y, como un yonqui, a medida que el hambre se hacía más aguda la dignidad comenzó a caer. Hasta que llegó un punto en el que los viajes al sur o al norte eran solo peregrinaciones del deseo y una prostitución del espiritu, y la conversación dejó de tener sentido por si misma y se convirtió en un medio para... ¿qué? Huir de la soledad por huir de la soledad, alimentarse de compañia sin mirar si esta aportaba algo. Comencé a saborear veneno, comencé a olvidarme de mi dignidad y a excederme en mi tolerancia. Comencé a deslizarme por una pendiente hacia lo que quizás antaño fui, pero lo que ahora no soy. Internet, este escenario donde se baila con mascaras, de repente se convirtió en el estercolero donde mi nueva personalidad, sobria, oscura, dura, llena de aristas, se convertía en estiercol.
Estoy rediseñandome por fases. Una vez acaba el curso vuelve mi barba y, como decía ayer Estefi, que siempre acude al rescate, parezco más yo. Porque soy más yo, una vez paso por la fase de transición y emerjo no como lo que debo ser, sino como lo que yo elijo ser. Y no es una diferencia pequeña.
Hubo un tiempo en que en mi vida había princesas emo griegas, antropologas, archienemigas, poetisas, princesas rusas, personajes intrigantes y apasionados. Ayer, según caminaba de vuelta en la noche, escuché a una piba decirle a otra que no quiere llamarlo "su mejor amigo", porque da mala suerte, aunque ella no sea supersticiosa. Asentí. Hasta hace un cuarto de hora, todo el que era alguien en mi mundo tenía un alias, y ese alias era su nombre de combate. Pero a medida que yo gano en solidez y definición, el brillo de las palabras ya no me deslumbra tanto y siento menos necesidades que satisfacer. No es una cuestión de cantidad, es una cuestión de calidad. Cuando aceptamos la diversidad, aceptamos a cada persona como es, aceptamos dejar los juicios fuera de la ecuación, estamos estableciendo un compromiso indirecto de respeto con el mundo. Estamos diciendole "eh, yo pongo de mi parte", dando por hecho que él cumplirá con la suya. Pero cuando no lo hace, está bien recordarle al mundo que uno vale mucho, y que no tiene ni un minuto que perder con gente que es incapaz de tratarnos con la debida consideración. ¿Qué cuanta es? La misma que nosotros le mostramos. Así que llega el momento de recordarse que mejor solo que mal acompañado, que nadie es imprescindible y que, al final, la gente que te aprecia y te valora de verdad es aquella que merece la pena. Aunque a veces os peleeis porque pensais diferentes, o porque sois muy distintos. Pero si se preocupan por ti y te quieren, te lo demostrarán. Y si no, es que nunca se preocuparon, ni te quisieron, ni les importas.
P.D:Y una cosa importante a aprender. Todo tiene un tiempo y un lugar y, cuando se acaba, intentar alargarlo inutilmente solo sirve para pudrirlo. Yo suelo entender bastante el concepto de tiempo presente... pero no así el concepto de espacio presente. Y tengo que trabajar en ese sentido, porque la distancia para muchas cosas es una barrera insalvable.
lunes, 5 de agosto de 2013
Un poco de todo
Iba a escribir sobre como la insularidad te aparta de la perspectiva. Sobre como no llevamos escrita nuestra biografia en la cara y, para aquel que vive en una rutina, todo lo que nos sucede no puede imaginarlo porque escapa de su experiencia. Suponiendo que nosotros vivamos vidas paralelas, existimos en la vida del otro en el momento en que nos cruzamos. Si yo hace cinco años estaba aquí, trabajando en una charcuteria, y no has vuelto a saber de mi desde entonces, para ti todo sigue igual y esos cinco años de mi vida no existen. Es decir, que para ti soy "el chico de la charcuteria". Y da igual cuan lejos viaje, cuantas cosas conquiste o lo que hayas cambiado. Para ellos, sigues siendo el personaje que sus mentes les dicen que eres.
También quería comentar una de esas "reglas" absurdas tan propias de mi vida. El grado de interés que despierta en mi la conversación de una mujer suele ser inversamente proporcional a lo elaborado de su peinado.
Pero curiosamente, todas estas notas tomadas en mi movil quedan aquí como eso, como notas. Estos días mi vida ha dado una de esas volteretas que da a veces y de repente tengo actividad, cosas que hacer y prisas. Como siempre, justo antes de dar un salto. Y como siempre esa actividad me despierta y me llena de deseos, curiosidades, ansias, y de un momento de reflexión y balance. Las conclusiones se verán a largo plazo, pero los jucios son rapidos. Y la conclusión basica es que nos embrutecemos, perdemos valor, empatia, serenidad. Mi ciudad sigue siendo una ciudad que vive en pijama y mi vida sigue siendo un instante entre dos situaciones. ¿Puede algo ser un espacio en blanco?
Sigo luego.
viernes, 2 de agosto de 2013
Ganar perdiendo no funciona
Ya me queda solo una semana para arrancar. Bien. Son tres semanas en puerto que... uf, demasiado. Sobre todo si no se aprovechan para nada y simplemente consiste en hojas cayendo del calendario. Eso ya lo hago arriba, gracías. ¿Qué pretendo? ¿Una aventura constante, conocer gente, conversaciones interesantes, paisajes nuevos...? ¿Vivir? No se puede depender de la gente, del dinero, del tiempo.. para tener felicidad. La felicidad la consigue uno haciendo cosas que le gustan, sintiendose satisfecho, desarrollandose.
En cambio existe una alternativa, que es bastante común en mi familia y motiva este artículo. Es una actitud de perdedor, y a eso me refiero con ganar perdiendo. También de pagafantas. La idea de que, cuando no tenga nada mejor, acudirá a mi. El conformarse con ser el último recurso.
Señores, eso no funciona. No voy a acompañar a mi madre a la plaza de compras porque no tengo nada mejor que hacer. Siempre tendré algo mejor que hacer. Y con esa esperanza lo unico que se consigue es hundirse uno mismo cuando se vé decepcionado una y otra vez. Es lo que he comentado alguna vez, las expectativas marcan el techo contra el que nos chocamos una y otra vez. Soy una persona pragmatica o intento serlo. Así que ya no espero que determinada gente dé señales de vida y me diga "vamos a quedar". Directamente los borro del movil y sigo con mi vida. Porque yo sigo aplicando la tecnica del rosco salvavidas, que consiste en tender la mano, pero no tirarse de cabeza. Un poquito de dignidad. Así que buena suerte y hasta otra, sigo con lo mío. Saludos cordiales-ales
Ale
P.D: El ejemplo no va con una maldad particular. Simplemente cuando me aburro soy extremadamente cruel, como los niños, pero no va con intención. De verdad.
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