sábado, 31 de agosto de 2013

Los verbos transitivos son importantes


Llevo unos días un tanto extraños, readaptandome a mi vida aquí. Es curioso como odio tanto este sitio con la vida tan tranquila y "a mi aire" que tengo aquí, antes de que empiece el terror claro. Estas vacaciones he leido mucho y, como fin de viaje, estoy metiendome droga dura en vena. Acabé de leerme "mi religión" de gandhi y ahora estoy con "el mundo de sofia". Y a la vez que leo, vivo. Tengo algo en mi vida ultimamente que me reconcome, algo que no acabo de ponerle nombre pero que sé que está mal. Ya he dicho alguna vez que, en nuestro interior, siempre sabemos cuando hacemos lo correcto y cuando nos equivocamos. Solo es cuestión de ser honestos con nosotros mismos, ser valientes y reconocerlo. No dar por hecho que sabemos más que nadie, sino preguntarnos si realmente tenemos la más puñetera idea de lo que estamos haciendo.
Bien. Lo que me quema por dentro es un malentendido entre una persona y yo, que parece valorar mucho mi amistad pero no tiene ni idea del concepto de amistad que yo manejo. Eso es por una importante diferencia cultural, no ya por venir de diferentes paises y entornos, sino por la forma de manejarse las personas. Y aquí entra el verbo transitivo. La diferencia fundamental entre "ser" y "estar" es que el segundo verbo exige acción continua, movimiento, mientras que el primero permanece. Yo puedo "estar" rubio si me tiño cada cierto tiempo, o puedo "ser" rubio si nací así y con eso me llega. Esa es la diferencia fundamental entre el concepto de amistad de esta mujer y yo, probablemente fundamentada en mi certidumbre de la inestabilidad de la vida y la relatividad de esta. Existe gente para la cual la vida está plagada de "ser". Gente para la cual la existencia se basa en ideas fundamentales que tienen lugar así, sí o sí, en las cuales el ser humano tiene tanta capacidad de decisión como en la dirección del viento. Pero yo me niego a pensarlo. Yo dirijo mi vida, si bien lo hago dentro de los limites que... ah sí, yo mismo elijo. Por lo tanto en mi vida existen pocos "ser", sino muchos "estar". La gente no "es" amiga mía. La gente "está amigueando" conmigo. Hasta que ese "amiguear" permanece durante una serie de tiempo y experiencias y adquiere una cierta estabilidad, una cierta firmeza. Es un poco como los perfiles de idiomas, que deben ser renovados cada cierto tiempo pero, una vez lo has consolidado a través de diferentes pruebas, estás demostrando que tienes un conocimiento real.
Así pues, mi reflexión para hoy, queridos chicos y chicas, es la siguiente. ¿Cuanto de vuestra vida "es" y cuanto de vuestra vida "está"? ¿Y cuanto queréis que sea así? Así que ya sabéis, a trabajar. Yo tengo muñequitos que pintar.

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