jueves, 8 de agosto de 2013

Absurdez


Recuerdo tus besos, como gotas de sangre colgando del árbol de la vida, mientras el río de mi historia avanza a toda velocidad. Recuerdo tu sonrisa, esa puñalada de luz entre sombras, en contraste a ese agujero negro de hambre que es la mía. Recuerdo el imposible, y recuerdo hacerlo tan sencillo como nada, por el mero acto de no creer en él.
Mi vida es un absurdo. De repente me vuelvo consciente de ello, de como la epica, la literatura, es algo para mi tan natural como el patetismo. Como en mi chocan el placer y la insensibilidad, el ansia de sensaciones y el estoicismo. ¿Recorrer medio mundo buscando el amor, solo para buscarlo? Romanticismo o patetismo. En mi vida, una no suele negar a la otra, ¿por qué elegir?

Y la muerte se prolonga en agonia deliciosa. Decía el otro día que para que te guste correr tienes que ser un poco autista y un poco masoca. Yo cubro ambos aspectos, los abrazo, los aspiro, los ansio. Y a la vez reniego de ellos, porque mi identidad es siempre un proceso a medio hacer, un constante "sí, bueno, ¿y por qué no?". Y así camino por la vida, dando tumbos, sin ningún plan existencial. Y eso está bien cuando sube la marea, pero, ¿y cuando baja? Cuando baja a veces caminas sobre algas y a veces caminas sobre piedras. Y la vida sigue, subiendo y bajando, arrastrandote lejos de ese árbol, brillante de rojas burbujas donde tus labios recorrieron esta piel, y el recuerdo es mi huida de un presente que me acorrala sin sentido.
Absurdo. Tan absurdo como yo.

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