martes, 20 de agosto de 2013
Hipocresia, ese sentimiento tan cristiano
Esta mañana me he levantado reflexionando sobre ello. Recuerdo que hace mucho tiempo un compañero intentó instruirme a que fuera más hipocrita y conviviera con la gente. No podía. No me sale. Yo soy como soy y cuando no estoy a gusto, demonios, no estoy a gusto. Mirandolo por el lado bueno al menos aprendí a más o menos estar solo, que es algo que a día de hoy aprecio bastante. Me gustó ver al Dr Juan y comprobar que no es un talento exclusivo mío y que hay gente que lo tiene incluso más perfeccionado, pero que es algo necesario lo sabe hasta Dios.
Ahora bien, la hipocresia existe y hay gente que hace un uso extensivo de ella. No me sale. También hay gente que defiende que es de un determinado modo, alzando mucho la nariz y sintiendose muy orgullosa de si misma, y luego no es capaz de aplicar eso mismo que dice. Gente que no es capaz de dejar pasar algo, pero que cuando la situación se pone dificil cierra los ojos y actua como si no estuviera pasando nada. Y es así que tenemos agujeros en las calles y agujeros en las almas. Porque todo lo que no resolvemos y dejamos de lado, se nos acumula. Hay que vivir sin dejar asuntos pendientes. Que hay cosas que no se pueden resolver lo sabe todo el mundo, pero eso también hay que aceptarlo. Yo ya no guardo rencor. Me parece un atraso, una perdida de tiempo terrible. Tampoco busco ofensas. Si uno quiere, siempre va a tener un motivo para odiar, siempre va a tener un motivo para indignarse, siempre va a tener un motivo para estar mal. Pero eso no sirve para nada. Cada uno da lo que recibe, ¿recordáis? Y yo no quiero recibir cosas de esas, gracías. Por eso cierro los ojos ante cosas que podrían dolerme, aguanto el tirón y sigo adelante con una sonrisa.
¿Que soy un tanto ingenuo? Seguramente. Escribia Javier Marías que, a veces, un caballero debe dejarse engañar para seguir siendo un caballero. Y fingir que ese niño que pide en la calle realmente tiene problemas, en lugar de ser un golfo que está pidiendo para droga, porque si empezamos a desconfiar de todo el mundo nuestra alma empieza a llenarse de moho. Pero yo no engaño a nadie. Pongo mi forma de ser sobre la mesa y que cada cual piense lo que quiera, porque no supone ningun avance para nosotros (me encanta esa expresión portuguesa "nao adianta") intentar engañarse a uno mismo ni al mundo. Porque al mundo, sinceramente, le importa una mierda lo que nosotros pensemos de nosotros mismos. Lo que importa es lo que hacemos de nosotros mismos.
Portaros mal, se os echa de menos gente
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario