lunes, 5 de agosto de 2013

Un poco de todo


Iba a escribir sobre como la insularidad te aparta de la perspectiva. Sobre como no llevamos escrita nuestra biografia en la cara y, para aquel que vive en una rutina, todo lo que nos sucede no puede imaginarlo porque escapa de su experiencia. Suponiendo que nosotros vivamos vidas paralelas, existimos en la vida del otro en el momento en que nos cruzamos. Si yo hace cinco años estaba aquí, trabajando en una charcuteria, y no has vuelto a saber de mi desde entonces, para ti todo sigue igual y esos cinco años de mi vida no existen. Es decir, que para ti soy "el chico de la charcuteria". Y da igual cuan lejos viaje, cuantas cosas conquiste o lo que hayas cambiado. Para ellos, sigues siendo el personaje que sus mentes les dicen que eres.

También quería comentar una de esas "reglas" absurdas tan propias de mi vida. El grado de interés que despierta en mi la conversación de una mujer suele ser inversamente proporcional a lo elaborado de su peinado.

Pero curiosamente, todas estas notas tomadas en mi movil quedan aquí como eso, como notas. Estos días mi vida ha dado una de esas volteretas que da a veces y de repente tengo actividad, cosas que hacer y prisas. Como siempre, justo antes de dar un salto. Y como siempre esa actividad me despierta y me llena de deseos, curiosidades, ansias, y de un momento de reflexión y balance. Las conclusiones se verán a largo plazo, pero los jucios son rapidos. Y la conclusión basica es que nos embrutecemos, perdemos valor, empatia, serenidad. Mi ciudad sigue siendo una ciudad que vive en pijama y mi vida sigue siendo un instante entre dos situaciones. ¿Puede algo ser un espacio en blanco?
Sigo luego.

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