miércoles, 5 de julio de 2017
Depresión veraniega
El lunes venía para acá conduciendo bastante mosqueado. No me gusta conducir y ya lo he dicho algunas veces. Principalmente, porque mi misantropia sale a relucir a toda velocidad, nunca mejor dicho. Tenemos aquel que adelanta sin poner los intermitentes. El otro que va por el carril de la izquierda como si fuera suyo. Los que consideran que los limites de velocidad son algo que les pasa a los demás. Y en general, todos los problemas que tienen convivir con gente (la falta de respeto, la mala educación, la intolerancia, la arrogancia, el egoismo) surgen espontanemente. Y tu, que llevas semanas evitando a la gente precisamente para aislarte de eso, no puedes hacerlo más.
Me he ido del tema. Venía diciendo que estaba conduciendo camino a casa y me sentí triste. Me pregunté qué pasaría con Taniosha, y porqué aún me acordaba. El caso es que llegué a casa y, hablando con gente, me he encontrado con bastante gente que le pasa algo parecido. Que tras un primer periodo de entusiasmo desenfreando por el verano (¡sol! ¡playa! ¡noches frescas!) de repente le entra una apatía, una tristeza. Imagino que debe ser un fenomeno climatico, relacionado con el paso del solsticio de verano y que quizás se relacione con la luna, las mareas y las presiones. No lo sé. Pero el caso es que me lo encuentro mucho a mi alrededor y me sorprende, como tantas cosas de las que estoy desconectado.
Ayer incluso tuve una sesión familiar y me acordé de algo que hablé el otro día con Deebz. Hasta cierto punto, todos tenemos trastornos mentales. Y surgen ocasionalmente. Depresión y ansiedad son estados comunes. Te vienes abajo y no quieres arrancar, o te pones super nervioso y no sabes como afrontar una situación. Son el equivalente mental a un resfriado o un dolor de garganta. O una tendinitis. Son cosas que pasan, enseguida desaparecen y sigues con tu vida. Pero tenemos que entender que son eso, circunstancias y naturalizarlos.
Yo mantengo la regla de los tres días que me dijo Leti. Un día malo es normal y hasta bueno. Dos días malos puede pasar de vez en cuando. Al tercer día hay que arrancar y cambiar cosas. No podemos permitirnos tres días malos. Pero los dos primeros... que demonios. Los dos primeros son hasta necesarios.
Así que, citando a más gente, como dijera Raquel "deixa curtir a minha tristeza". Vamos incluso a disfrutar de la pena. Que no se puede estar siempre contento y, como se suele decir, uno necesita a veces pasarlo mal para valorar lo bueno que es estar bien.
Un saludo.
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