lunes, 31 de julio de 2017

Simbolos clásicos


Hoy estaba en la gasolinera y había una chica esperando para pagar. No era demasiado guapa, pero sí muy atractiva. Y sabía venderse. Curiosamente, no llevaba nada especialmente provocador. Solo una falda ceñida por debajo de la rodilla y una blusa de flores.
Quizás es una cuestión de momento vital. De actitud. De forma de vida. Pero hace muchísimo que decidí que me gustan las cosas lo menos adulteradas posibles. No le pongo apenas salsa a la comida. Me gusta escuchar los diferentes instrumentos en una canción. Y considero que una mujer, si es realmente bonita, lo es en pijama levantada un domingo por la mañana. O vestida con ropa que, sin ser absurdamente sexual, nos recuerdan a todos que es una mujer.
¿Y por qué pongo esto aquí ? Porque me sorprendió encontrarme con que mi reacción era compartida por bastante gente en la gasolinera. Hombres con camisetas sin mangas de Looney Toons y trabajadores de uniforme verde fosforito miraban a la mujer como si fuera algo realmente hermoso. Quizás es que lo fuera. O quizás es que, en nuestro subconsciente colectivo llevamos la carga de los simbolos de siempre. Por eso los hombres seguimos yendo a las bodas de corbata y chaqueta, aunque las mujeres lleven esas cosas tan raras en la cabeza que se ponen de moda. Por eso seguimos prefiriendo leer en papel a un ebook y por eso los simbolos de posición y estatus (como el coche) llevan siendo los mismos más de un siglo.
No lo sé. Quizás estoy pensando demasiado. Pero en esa gasolinera, esperando para pagar, me gustó darme cuenta que aún reconozco cosas de mi mismo en mi entorno. Y eso está bien.

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