Creo que aun no me he hecho mayor. Creo que no me quiero hacer mayor. Llevo un tiempo observando lo que pasa cuando se acaba la fé. Cuando nos puede el pesimismo, la derrota, el miedo. Cuando dejamos de creer en un futuro mejor y simplemente nos conformamos con ir tirando. Y llenamos la maleta con sueños y no nos atrevemos a realizarlos por miedo a perder. Y esa es la clave. El daño nos causa miedo y retrocedemos hacia lo malo conocido.
Y entonces surge la alternativa. La segunda venida del pagafantas. Este tio es facil. Manipulable. Seguro.
Decia Jeffersson que, la sociedad que renuncie a su libertad para conseguir seguridad, no merece ni una ni otra. Conformarse no es ganar. No puede serlo. Y la felicidad de verdad surge de la victoria, del desafio, del orgullo.
Yo he renunciado a competir. No quiero participar del regateo, del juego, de la estupida carrera contra la soledad. Mis salvadoras llegan tarde. Pero aun puedo aprender. Aun puedo ayudar. Asi que vamos a intentar una diferencia, a hacer del mundo un sitio un poquito mejor. Aunque sabe Dios que no sirve para nada, pero al menos nos quedará la conciencia tranquila de haber hecho lo mejor que podiamos.
No soy el último recurso de nadie. Y vosotros, nunca dejéis que os hagan sentir como si lo fuerais. Por vosotros pero, tambien, por la otra persona. Que clase de relacion o amistad o empleo o lo que sea se basa en el fracaso? En el miedo a la soledad, a la falta de estabilidad y de futuro, ... En el miedo? El miedo no crea: atonta. Asi que creed. Y cread. Pero no dejéis que la soledad el aburrimiento o la tristeza decidan por vosotros. Sed generosos. Aportar. Y según lo que recibais a cambio, decidid. Pero recordad dos cosas. Una, que no sois el premio de consolacion de nadie. Dos, que no tenéis porqué pagar los errores que otros cometieron. Arreglarlos, sí. Para que no vuelvan a suceder. Pero no sois culpables de nada que no hayais hecho.
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