domingo, 9 de julio de 2017

Huyendo del silencio


El viernes, una amiga me hizo una pregunta muy interesante. Le conté que yo siempre estoy ocupado. Que no veo pelis o series porque son muy pasivas, sino que leo. Que cuando no tengo trabajo estudio o leo. Que cuando lo que hago no me gusta, proyecto lo que hacer después.
Y mi amiga me preguntó. ¿Qué te asusta de parar?
Es una muy buena pregunta. Probablemente me asusta analizarme. Preguntarme porqué. Siempre lo he hecho: defiendo que las manos ociosas son el instrumento del diablo. No sé si es por mi educación o por mi carácter, pero creo que cuando uno está ocupado no tiene tiempo de inventarse problemas. O de que los problemas me cojan.
Soy consciente de mi situación. De que voy tarde. De que determinados rasgos de carácter y decisiones que he tomado me acorralan. Y querer salir de ahí, querer cambiar, es muy difícil. Entre otras cosas porque el balance general es bueno y, para adquirir algunas cosas, tendría que renunciar a otras. El precio me parece demasiado caro. Pero no estoy seguro. Así que prefiero no plantearmelo demasiado y reducir el plazo, vivir a impulsos. Encoger esa gigantesca montaña de realidad en pequeñas piedras de día a día que puedo ir viviendo.
No tengo una respuesta clara a la pregunta de mi colega. Supongo que, con el tiempo, la tendré. Por ahora solo tengo un boceto general pero, poco a poco, la iremos vistiendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario