domingo, 3 de septiembre de 2017
Dejad de contar el tiempo en escalares
Uno de mis problemas lingüisticos con el universo es la manía de asumir los marcos referenciales propios como absolutos, y la intolerancia a otras formas de entenderlo. El otro día en un artículo leí algo que me llamó mucho la atención. Lo llamaban "mover la portería". Y consiste en que, cuando el resultado de un debate está siendo desfavorable para ti, cambias los terminos del mismo a efectos de seguir teniendo razón. Si te demuestran que ese sabado no estabas donde decías que ibas a estar, dices que ese no era el tema y que tu de lo que querías hablar era de porqué es tan difícil coordinarse.
Algo así me pasa a la hora de explicar determinadas situaciones. El mundo de las emociones y de los sentimientos es el más subjetivo que existe. Es absurdo intentar asumir que todos pensamos y sentimos igual. Y sin embargo, lo hacemos. Constantemente. Y entendemos que los requisitos para considerar a alguien una pareja o para definir una relación están escritos en piedra. Y tenemos el valor de señalar a alguien con el dedo y decirle "no no, eso NO era una relación".
¿Con qué derecho nos atrevemos a hacer eso? ¿Podemos medir los sentimientos de la otra persona? ¿Quién dice cuanto tiempo o que requisito formal existe para que algo sea "real"? Y sobre todo, ¿Como creemos que nuestro criterio es superior al de la persona que tenemos delante? No hace demasiado, en una conversación con una amiga, "descubrí" que no he tenido una relación real en años. Curiosamente en su momento esa amiga y yo eramos pareja, pero de acuerdo a la última actualización de Windows eso nunca pasó. Me lo había imaginado yo.
Y luego nos ofendemos de que la gente reescriba la Historia.
Las conclusiones a las que quiero llegar, tras tanto darle vueltas, son bastante sencillas. Uno, no podemos obligar a los demás a aceptar nuestras experiencias y puntos de vista como propios, analizando su vida a través de nuestra perspectiva. Dos, la vida se mide en experiencias, no en días ni en viajes ni en numero de mensajes. Quien hace eso se hace trampas al solitario y se niega una realidad obvia y evidente. Y el problema con las mentiras es que, una vez aceptas una, ya vas a seguir aceptando otras hasta que llegue un momento en que no sepas distinguir la realidad de la fantasia. Error. Coged las conclusiones y haced con ellas los que queráis. Esto es para mí, para recordarme cosas que a veces se me olvidan, pero también para vosotros. Para que penséis o no. Pero para que, al menos, dejéis de querer explicarme mi vida a mí, que aunque la mayoría del tiempo parezca que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo, sigo viendo las cosas desde el asiento del conductor.
Gracias. Se os quiere. Aunque a veces os abriría la cabeza para meteros la mía dentro.
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