jueves, 7 de septiembre de 2017
No soy un junco hueco
Ayer hablaba con una amiga, contándole una discusión que tuve con Elena y ella me explicó dos cosas fundamentales.
1.- Que nosotros pensemos de una manera no significa que así piense el resto del mundo y
2.- El que la gente se comporte de forma que es totalmente contraria a nuestra forma de pensar no debería importarnos.
¿A qué parece fácil? Pues se nos escapa. Un efecto secundario de la socialización es ese. A veces, simplemente, estamos demasiado conectados. O demasiado desconectados de nosotros mismos y nuestras propias realidades. Es en momentos así en que discutimos o nos alteramos, que fantaseamos, que nos confundimos. Es cuando una debilidad del espíritu nos convierte en débiles. Es una enfermedad.
Y otra gente, ha conseguido encontrar la paz. Decía Buda que, cuando no nos concentramos totalmente en el momento no podemos ser felices. Cuando nos distraemos. Es cierto. Alguien dijo "he vivido demasiadas cosas, por eso voy tan rápido". O lento. Es alguien que ha encontrado su propio ritmo. Yo aún tengo que hacerlo. Quizás no consiga hacerlo nunca. Voy demasiado rápido, tengo demasiada hambre o estoy demasiado cansado. Tengo los nervios rotos. Pero quizás... ¿quién sabe? Quizás solo necesite un tiempo fuera de mi mismo. Para volver a ser un junco hueco, encontrar mi felicidad y mi calma y dejar de sufrir por cosas que, ni me van, ni me vienen.
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