jueves, 5 de junio de 2014

Libre de mi


Ahora mismo me siento como si viviera a través de los ojos de otra persona. Todo me da igual. Estoy en 65 pulsaciones y no me altero. Y en ese estado, sabiendo que todo lo que hago es para bien, positivo, fuerte, sin prisa, voy disfrutando de lo que me viene. Tomo decisiones porque quiero cambiar cosas. Si salen mal, corto y sigo por otro lado. No me empeño en chocarme con las paredes de mi frustración.
A la vez, recojo lo que siembro. Estoy fuerte en mi mismo. Esa politica, la de "evitar frustraciones", hace que no le dé importancia a cosas que no la tienen. Si alguien me quiere, me cuida. Si alguien me cuida, me quiere. Decía antes a una amiga que no basta con ser, también hay que hacer. Las intenciones... que clasico, ¿verdad? Las intenciones son cosas hechas potencialmente. Solo eso. Si no se convierten en realidades caducan al cabo de un tiempo. Hay un limite a cuantas desilusiones está cualquiera dispuesto a aguantar. ¿Cuantas cargas colina arriba, solo para llevar a la cima de la colina y verte solo? Y allí a lo lejos, otra colina. Hasta que la espada pesa en el brazo y uno se para. Y decide que quien quiera algo, que venga. Que es colina abajo, cojones. ¿Qué más facilidades quieren?
Y te queda la musica. Y la gente buena. Y la tranquilidad. El placer de una ducha caliente, de una risa con compañeros, del sol que brilla fuerte, de las lagrimas que te corren por las mejillas con un buen libro.
¿Y mi vida? Estoy en un parentesis. Mi periodo mordoriano acabó. Mi proximo periodo empezará en unos meses y ahora no estoy yendo a ningun lado porque tampoco puedo. No soy dueño de mi mismo como cuando estoy de vacaciones y dirijo mi vida. Pero tampoco sufro una insoportable presión que me dirije en ningun lado. Así que me dejo ir, a la deriva, y sonrio al sol. Ya habrá tiempo para correr, para estresarse. Ahora voy a dormir unas horas.

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