miércoles, 11 de junio de 2014
¿Qué buscas?
Ayer tuve una conversación muy interesante con una amiga en la que mencioné a otra. Dependencia. Hace muchos meses, un día hablando con una compañera me comentó que yo dependo demasiado de la gente. Que mantengo relaciones por miedo a estar solo y tengo que aprender a ello. He trabajado en eso. Me han obligado a trabajar, claro, pero ahora veo los resultados. Igual que de tanto nadar mi pecho ahora es más ancho, de tanto estar solo he aprendido a soportarme a mi mismo. A no depender tanto. Curiosamente, años después de esa conversación, el otro día comenté con esa misma chica que ella no debería depender de la gente. Tal y como viene, va. Así es la vida.
Pero no hablé solo de eso ayer. También hablé del tipo de relaciones que mantenemos con los amigos remotos. De como en algunos casos existe una cierta dependencia, una tensión, una... adicción. Quizás un deseo. Y como eso no es sano, como impone unos ritmos que te dominan y eliminan tu libertad, te encogen. Hay que cortar eso. Y es mucho más facil hacerlo cuando uno se encuentra a gusto consigo mismo y con lo que hace. Al fin y al cabo, como decía aquel profesor, siempre sabemos lo que queremos y como lo queremos.
Hay un limite. Hay un limite a cuanto drama, sufrimiento, decepción, a cuanto estar atento, a cuanto dar más de lo que recibimos. A cuanto ponerse en el lugar, a cuanto tener empatia, paciencia, apoyo. A cuanto ser el que está detrás empujando. Y entonces, uno simplemente se encoge de hombros y deja que la vida siga su curso. Deja de intentar detener el río y, cuando la violenta ola le pasa por encima, se encoge de hombros y disfruta de la avalancha, antes de verse enterrado por la historia. No vamos a vivir para siempre. Pero vamos a hacer que lo que viamos mientras tanto merezca la pena.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario