jueves, 19 de junio de 2014
Gente curiosa
Esta semana tres personas con perfiles muy diferentes se han acercado a mi para comentarme situaciones que tenían. En parte porque soy una persona estable, en parte porque los conozco muy bien, en parte por mi actitud. Porque yo siempre lucho, porque yo tengo una alegria que se pega. Porque me conformo con poca cosa y porque me gusta que la gente que esté a mi alrededor esté bien.
Pero yo no doy nada que la gente no se gane. Así que que nadie se confunda. Yo le recuerdo a la gente quienes son y me alegro de compartir con ellos. Con Jose, el Maestro Jose, mi compañero español del siglo dieciseis. Con Alisa, esa princesa de Guerra y Paz, imperiosa y arrogante, despiadada. Con Elena, con la inefable Elena, la de los hombros para atrás. En cambio yo sigo solo. Con mi mochila y mis inquietudes, con mis planes y mis aficiones, con mi vida. Me he dado cuenta de que, quizás, mi forma de vida me lleva a esa cierta... distancia. Y en esta distancia encuentro la perspectiva para ayudar a los demás. Cuando me comprometo demasiado, cuando entro en la distancia de cuerpo a cuerpo... entonces la lio. Así que es mejor seguir solo, deambulando por la vida. Lo que me llama la atención es eso, la configuración del tiempo. Probablemente será que aún no me he adaptado a la vida adulta y sus exigencias, así que sigo optando por dedicar mucho tiempo a aquello que me gusta y a aquellos que aportan algo. Pero lo normal parece ser algo más... solitario. Igual que parecen ser algo muy habitual las relaciones temporales, los encuentros, los "a ver si te veo" más falso que nada. Creo que eso es lo que me hace atractivo para esta gente. Que yo cuando digo algo, realmente lo siento. Lo que hablabamos el otro día Elena y yo, citando a Mar: la felicidad es ser consecuente. Sigo siendo netamente liquido... pero me he endurecido un poco. Solidificado. Ayuda el contexto, claro. El entorno. Estar protegido por tu familia te hace sentirte un poco menos solo en el mundo, un poco menos expuesto. Así que tomo mis decisiones y asumo las consecuencias y, en general, estoy feliz. Me gusta el tipo de tío que soy, con todos mis defectos. Y me gusta que esta gente que aparece de repente y, desde lejos, digan que les apetece saber de ti. Como Aliusha, como Vicen, como Roman, que siempre están, aunque no estén. Está bien saber que hay alguien más ahí afuera.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario