jueves, 12 de junio de 2014
No land for pussies
Llevo unos días haciendo limpieza karmica de agendas. Largando gente del facebook, del movil, de todos lados. ¿Y cual es el criterio? Principalmente la reciprocidad. Gente con la que puedo contar y con la que no. ¿Y como lo sé? Facil. Yo solo pido ayuda a quien me puede ayudar. Y claro, si sé de alguien que no me puede ayudar... cuando yo les ayudo empieza a ser algo parecido a la limosna. A la compasión. Que feo suena.
Ayer quedé con una amiga y me resultó muy inspirador. Sobre todo en un momento dado, que le dije "te creas que no, eres un montón de fuerte" y ella apuntó "eso es porque tengo los hombros muy echados para atrás". Fue gracioso. Porque realmente esa es la clave de ser fuerte, poder reirse de uno mismo y de lo que la vida te eche. Apretar los dientes y pelear, pero sin necesidad de levantar ninguna bandera. Simplemente porque es lo que uno es.
Me gustan las guerreras. Será porque mi madre es una de ellas, aunque sea del tipo "me lamento a casa paso que doy". Seguramente porque yo también soy así. Reconozco, a regañadientes, que las princesas están muy bien. Sobre todo porque nunca he tumbado a una y me gustaría hacerlo. Pero a la hora de la verdad, cuando suenan los clarines, lo que quiero yo a mi lado es una tía con la que sepa que puedo contar.
No tengo ningun amigo que sea un debilucho. ¿Suena muy cruel? No sé. Yo no hago castings. La gente va cayendo en mi vida y tengo la suerte de poder elegir. Y puestos a elegir, me relaciono con gente con la que me siento identificada. El problema es que hay muchas formas de ser fuertes y una de ellas consiste en apoyarse en los hombros de otra gente. O en ver el mundo desde una optica extraña. No todas las guerreras pueden ser amigas mías. Hace tiempo leí en una novela que la diferencia entre un soldado y un luchador es que un soldado responde ante algo. Una bandera, una paga, una causa. Algo. No es totalmente libre. Yo tampoco soy totalmente libre, aunque presuma de ello. Creo que esa es la clave para ser amiga mía. No basta con ser fuerte, hay que ser honorable. Y ser honorable, como he dicho alguna vez, es una mezcla de respeto hacia uno mismo y respeto hacia una forma de ver la vida. Una causa que elegimos, personal e intransferible, pero a la que nos mantenemos fieles.
Por eso ultimamente sobra tanta gente. Porque falta compromiso, porque dejamos que los arboles nos impidan ver el bosque, porque confundimos el fin con los medios. No. Yo no voy a vivir así. Y quien quiera estar en mi vida, tampoco.
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