domingo, 30 de noviembre de 2014

Abrazos gratis


Acabo de leer una noticia, de esas que ahora están muy de moda y dentro de un par de meses nadie se acordará, de como en una manifestación en EEUU había un negro que tenía un cartel de "abrazos gratis" y un sargento de policia le tomó la palabra y le abrazó. El tema de los gestos lacrimosos, de las heroicidades cotidianas y etc etc da un poco de asco cuando te lo venden y crean corriente de opinión. Cuando la tele, los medios de comunicación o, en general, la corriente moral de turno te dice lo que debes pensar, hacer y decir. Y si te parece mal, estás al otro lado de la linea y mereces la muerte a pellizcos. Pero eh, ojo, no me quejo por el gesto. Me quejo por como ese gesto se usa como simbolo, culpabilizando al que no entre en el juego, cuando definimos la libertad como "estar de acuerdo conmigo" y la discrepancia, aunque sea desagradable, como "fascismo". Que por cierto hoy he escuchado a Marc usar la palabra "faccioso" y nos ha gustado. Frikis que somos.
El caso es que bueno, vale. Dejando de lado mi natural gruñonismo, el detalle era guapo. Y me recordó la ultima vez que yo vi un cartel de "abrazos gratis". No sé si ya lo he contado, pero si lo hice fue hace muchos años. Praga. Noviembre de dos mil nueve o de dos mil ocho. Mi segundo viaje al extranjero solo -el primero fue a Estambul-. Yo había ido a visitar el Castillo y el centro y hacía un frío do caralho. Bajé por la plaza del reloj astronomico, un sitio guapisimo, lleno de gente, y ahí había una chica gordita con un cartel que ponía "regalo abrazos". Pasé de lado sin echarle cuenta y luego me dije "que demonios". Me acerqué a ella y le abracé. La chica se alegró, nos dimos las gracias y cada uno cogió por su lado.
Fue una tontería. Yo no necesitaba ese abrazo, estaba bastante bien, gracías. Pero aún así me sentó bien. El otro día, frases de Paulo Coelho, leí "nadie es tan pobre como para no dar una sonrisa, ni tan rico como para no necesitarla". Pues algo parecido pasa con los abrazos. Existe algo terriblemente tierno, humano, en el hecho de rodear con tus brazos el cuerpo de otra persona y que ella haga lo mismo contigo. Es un gesto de calor, de comprensión, de "todo va a salir bien". Por eso cuando eres pequeño y lloras, tu padre lo primero que hace es abrazarte. Para protegerte y hacerte sentir seguro. Un abrazo es como llegar a casa, dejar las llaves y quitarse los zapatos. Es lo que te dice que ya has llegado. Por eso me mola esa gente que regala abrazos. El otro día me quejaba de la gente que toca en el metro y un compañero me lo afeó, diciendo que a alguien puede que le alegraran el día, aunque a mi me molestara. Y me di cuenta de que tenía razón, de que en este puñetero mundo faltan canciones, y abrazos, y alegria. E incluso sonrisas, que diría mi colega Pablito Cuello. Así que, dejando de lado portadas, historias politicamente correctas y controladores de trafico del scalextric, me alegro que alguien cruce ese metro de distancia de seguridad (en la cultura occidental) y haga sentir un poquito de hogar a una persona que lo necesita. Y espero que, el día que a mi me haga falta, haya alguien que también lo haga por mi. Porque mola mucho.

Me temo que te quiero


- Hola, perdona pero tengo malas noticias. Me temo que te quiero.
- ¿Qué? ¿Como? ¿Por qué?
- No lo sé. Supongo que pasó sin darme cuenta. ¿Y por qué? Tampoco lo tengo claro. ¿Por como eres? ¿Por lo que haces? ¿Por lo que inspiras?
- Pero eso no puede ser.
- Ya, me lo imaginaba. Tampoco importa mucho.
- ¿Como?
- Que no es importante. Antonio Gala escribió que "una relación es una amistad con momentos eroticos". Valoro mucho más la amistad y lo que me aporta que una relación.
- Entonces, ¿por qué me lo dices?
- Tampoco lo sé. Supongo que es una forma de prueba, para ver hasta donde llega nuestra confianza. No tengo ningún amigo con quien no tenga una confianza absoluta y total.
- ¿No tienes ningun amigo con el que no te acostarías?
- Demonios. Espero que sí. Sería muy preocupante la alternativa.
- Definitivamente, eres un tío raro. ¿Qué buscas en una chica?
- Una relación es algo que crece, ¿no? Pues supongo que lo que busco es algo que va pasando. Una historia. Pero llega un momento en que la historia deja de ser "uno y uno" y pasa a ser "dos". Supongo que estoy tirando los dados a ver si sucede esta vez.
- Pero una relación no puede ser un intento. O lo haces o no lo haces.
- Ya. Por eso te pregunto. Porque una relación no es cosa de uno. Es un compromiso voluntario entre dos y, si no existe esa voluntad, no vale para nada. Todo contrato se compone de objeto, consentimiento y causa.
- ¿Y si yo no lo veo claro?
- Entonces seguimos siendo amigos. Pero dame un tiempo para remendar mi roto corazón, snif snif.
- Eres idiota.
- También soy eso.

¿Viajo? ¿Desde cuando esto es una pregunta?


Estoy en una situación extraña para mi. Supongo que es fruto de muchas cosas, de las circunstancias, pero ya no es la primera vez que me pasa. ¿Me voy a Sofia o no? En otras ocasiones me he encontrado con esta duda ante un viaje. Pros y contras. Hay gente maravillosa y cada vez que voy me reencuentro a mi mismo. Por otro lado, puede que no vea esa gente y es una importante inversión de dinero y tiempo.
Me he vuelto timorato. Antes arriesgaba sin pensar e iba resolviendo sobre la marcha. Pero antes tenía un margen de seguridad que ahora no tengo. Estoy mal. Y sé que no me pondré bien de hoy para mañana, que es una cosa progresiva y que para ello necesito que las cosas vayan saliendo, poco a poco. No me sirve esconderme en la concha. Pero tampoco arriesgarme gratuitamente.
¿Qué necesito? Sentirme respaldado, querido y util. Progresar. Hacer cosas y verles resultados. Y quizás algo de continuidad. De esas cosas, en Sofia muy probablemente tendré las primeras. Pero no tendré nada de la segunda. En este momento de mi vida, ya definitivamente sin raices, necesito algo que me dé sentido. Un objetivo. Y dificilmente conseguiré eso en Sofia. Por supuesto la evasión es buena y el sentirme querido y el tratar con gente que suponga una diferencia pero... ¿estará esa gente? Tengo que pensarlo. El finde pasado fui a Cádiz y hubo gente que estuvo y gente que no. Pero esa decepción no me dolió, porque tenía fondo con el que compensarla y mis expectativas en el viaje no incluían a esa gente. Si fuera a Sofia, mi "hoja de ruta" incluye gente varios días y es un fracaso importante que no estén.
¿Alguno de uds tiene un blog? Esto mola. Escribir es como hablar solo, te haces preguntas, te respondes y ahí te das cuenta de lo que realmente piensas. Que guay. Bueno, ahora que lo tengo claro, voy a ponerme el chandal y a nadar. Portaros mal.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Cuando el sexo parece una huida


Existe un punto (Charlie Ojeda diría una linea) en la que toda afición se convierte en una adicción. Cambia solo un par de letras, pero cambia mucho más que eso. Es el punto en el que la libertad se convierte en obligación y todo se mide en esfuerzo y rendimiento. El momento en que algo tira de ti para hacer una cosa, quieras o no, y cuando terminas te sientes aliviado y culpable. Y ambas sensaciones te van erosionado, de forma que solo tienes dos opciones, o insensibilizarte y poco a poco irte apartando del sufrimiento (y de vivir) o aficionarte al sufrimiento, hasta ser un adicto y terminar confundiendo el medio con el fin.
El sexo es un camino muy facil. Está ahí. Uno no necesita una tele, ni una radio, ni un telefono. Suele necesitar a otra persona, pero sin ella también se puede practicar. No te exige que salgas al frío, ni te provoca sufrimiento alguno como puede hacer el deporte. El placer es inmediato, no en un futuro impreciso. Todo eso lo hace seductor si te sientes mal, si buscas olvido.
A eso le sumamos la cantidad de porno que existe hoy en día. No hablo del porno crudo, como el deporte del sexo mostrado en imagenes y sonidos. Hablo del erotismo constante, los anuncios, la publicidad. A nuestro alrededor, hasta cierto grado, todo es sexo. El exito se mide en sexo, la soledad se mide en sexo, el poder se mide en sexo. Y cuando uno no tiene ninguna de esas cosas... puede tomar el camino de enmedio e intentar alterar la ecuación. Y volvemos a lo que dije al principio, de afición a adicción y de adicción a destrucción de la personalidad.
Yo no creo en el sexo como meta en si mismo. Ya lo he dicho alguna vez. Para mi el sexo es parte de una historia, y es una parte interesante y divertida. Es una barrera imponente que, una vez atravesada, te permite plantearte las cosas desde otra perspectiva. Es como invitar a alguien a tu casa, pero mucho más que eso. Es invitar a alguien a tu cuerpo. Y aleja de ti la soledad, la tristeza, el miedo, aunque sea por un ratito. Es un balsamo maravilloso, si evitas ensuciarlo. Y para eso tiene que ser algo que contenga un punto de ti, de sinceridad, de tu alma. Por eso, aunque parezca una tonteria, cuando estoy triste, cuando estoy enfermo, cuando estoy mal... no quiero sexo. Porque es muy facil volverse adicto a la salida facil, pero así no lo disfrutas y solo te hundes más. Lo que hagas, sea deporte, trabajar, viajar, liarte con una chica... hazlo porque quieres, porque piensas que es algo bueno y porque aporta a tu vida. Crece. Pero no te encojas. Cree.

Leer un libro por la portada


Hoy estaba sentado en una esquina del metro, mirando el movil, cuando entró un hombre y se sentó enfrente mía. Era un tipo grande, pelirrojo, muy ancho y con un abrigo. Se disculpó a izquierda y derecha varias veces, aunque nadie le contestó, y luego se quedó pensando en sus cosas. El metro se fue vaciando, y cuando quedaba poco levanté la cabeza y le saludé. No contestó. Bueno, quizás le molestara mi actitud. Ya cuando quedaba una parada comenté "ya mismo estamos ahí". Me contestó que él tenía un trayecto largo por delante "se reirá ud de mi, pero voy al palacio de cristal a ver las luces de navidad". Por supuesto que no me reí. Me pareció entrañable. A medida que hablabamos, me fui dando cuenta de que el hombre debía tener un retraso. A pesar de ser muy grande, se comportaba como un niño timido, mantenia una conversación en la que no había continuidad. Dos veces mencionó a lo que le decía su madre y casi se disculpaba por viajar lejos, hablaba de las nevadas y como le gustaba...
Me sentí algo triste cuando llegamos a la parada. Le deseé buen viaje, interrumpiendo su monologo sobre la navidad y me fui a mi enlace. Lo ví irse, no muy seguro, y meterse en el mismo tren que yo y me sentí un poco culpable, no sé porqué. Me quedaba solo una parada así que me bajé, andé todo el tren hasta que lo encontré y le saludé con la mano. Él me contestó. Y en ese gesto idiota me sentí un poco en paz conmigo mismo.
Creo que sé lo que me dejó triste. Que una persona así, que tiene un retraso, se vea sola deambulando en busca de belleza. Aunque mi hermano fuera independiente, yo habría querido estar siempre con él, o por lo menos que alguno de nosotros lo acompañara. Pensando en eso me sentí afortunado porque, mi soledad, es algo que puedo entender. Ese hombre, que lamentaba que en el autobus al colegio solo les hiciera caso el chofer, sufría de una soledad que no podía entender. Y la llevaba bien, con una educación y una dignidad que ya quisieramos muchos de nosotros, pero en su forma de andar, deambulando, encontré uno de los peores fracasos de nuestra sociedad. Si no cuidamos de los debiles, si no los protegemos... ¿que derecho tenemos a existir como colectivo?
Ahora mismo estoy casi llorando. Por mi soledad y por su soledad. Por la soledad en la que vivimos y por como, solo por lo que vemos en una superficie, nos creemos que podemos adivinar todo lo demás. Y no nos damos cuenta que, una conversación de unos minutos con un desconocido en el metro, nos puede enseñar tanto sobre nosotros mismos y sobre la vida. Que en este caso, perdonadme que no haya sido más concreto, es que ahí afuera hace frio, que se pasa mal y que una sonrisa, un abrazo, un gesto amable, no nos sobra a nadie. Y que un niño en un cuerpo de cien kilos que viaja solo en el metro para ver las luces de navidad debería darnos vergüenza. Porque lo que me jode, lo que me duele, es haberme ido y no haberle acompañado, aunque no lo conozca de nada. Y habrá quien piense que soy debil o demasiado sensible o lo que os dé la gana, me da igual. A poco que más gente pensara como yo, este mundo sería muchisimo mejor.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Sobre idiomas y estructuras


He vuelto a la Escuela de Idiomas y estoy estudiando ruso. Nivel basiquisimo, "hola, me llamo Ale". Como siempre cuando uno empieza con un idioma primero le toca gramatica, fonetica y parece que avanza muy despacio. Pero poco a poco los conocimientos se van posando, como ceniza que nos cae en el pelo, y si somos atentos y cuidadosos, esa ceniza se mezcla con nuestro color y tenemos algo diferente.
Los que me conozcáis, sabréis que hablo varios idiomas. No es algo de lo que presuma, sino algo que ha venido pasando en mi vida. Aprendí inglés en el instituto, para poder jugar a rol. Luego, como tenía pinta de guiri, me metí a estudiar alemán. Me eché una novia brasileña y fui allí, así que tuve que aprender algo de portugués. Me gusta aprender idiomas porque te ofrece una perspectiva distinta del mundo y te permite acercarte a otras personas y otras culturas en su terreno. Es, por así decirlo, una forma de hacerte más grande, como cuando lees o escuchas musica o viajas o experimentas cosas. Pero tener curiosidad o querer aprender no es algo de lo que uno pueda ni deba presumir. Tener curiosidad y querer aprender es un rasgo deseable en todo ser humano, como tener dos brazos o saber respetar a los demás, es algo que se nota y se lamenta cuando no existe, pero cuando existe no se le da la mayor importancia.
A lo que iba. Que un día hablando de este tema en publico planteé que no es lo mismo "una ventana", "a window", "ein fenster" y "uma janela". Cada palabra tiene una cierta sonoridad y nos traslada a una imagen mental, un ritmo, una historia. El otro día estaba aprendiendo los paises en ruso y me asombré de lo exotico que me sonaba todo. Japón es Iapania, escrito Iaponia. Alemania es Guermaña, escrito Germania. Española es Ispanska, y algo en esa forma de decirlo me hace imaginar muchachas morenas de pelo rizado y ojos grandes. Es un poco como si, el mismo mundo que has conocido de siempre, cogieras otros colores y lo volvieras a pintar. Como volver a ser un niño e intentar descubrirlo todo. ¿Como se llama esto? ¿Y lo otro? ¿Como digo aquello? Y piensas que algun día podrás leer y podrás discutir con gente y aprender y te das cuenta de que no es solo coger un libro y estudiar, sino asomarse a la humanidad. Y eso mola muchisimo.

Historia de una monja

Ayer, según bajaba del metro, ví algo que me llamó la atención. En medio de las carreras y de la gente había una monja algo perdida. Estuve tentado de acercarme a preguntarle si podía ayudarle en algo y entonces me di cuenta que no sabía como dirigirme a ella. ¿Hermana? ¿Señora? La marca de identidad de un caballero es el correcto trato a las personas y yo presumo de ser siempre muy educado. Eso me hizo reflexionar. ¿Se ha perdido la formación sobre como llamar a cada persona? Y luego reflexioné más. Esa monja perdida en medio del metro era una persona que había hecho un juramento y dedicado su vida a una causa que ella consideraba superior a si misma. Eso me merece respeto. Cuando niño yo fui a un colegio de monjas y allí, por supuesto, me enseñaron a venerar los simbolos. Con la adolescencia surgió la rebeldia y el espiritu critico. Entonces cuestioné todo. Pero con la madurez he llegado a un punto de acuerdo. Ya no venero los simbolos, ni los rechazo. Los juzgo en función de su contenido, de una forma desapasionada y más allá de las justificaciones. Esa monja, independientemente de que haya hecho su juramento y lleve su uniforme en virtud de un señor clavado en una cruz o de un monstruo de espagueti volador, es una persona que se ha entregado a una causa que incluye ayudar a otros seres humanos. Es una fuerza altruista. Y eso me merece el maximo respeto. 

Hemos perdido la perspectiva. Vivimos en una sociedad donde el individualismo ha dado paso al egoismo más despiadado. Hace unos días alguien se suicidó en la comunidad donde vivo. Pero yo no vivo en una comunidad. Vivo en una colmena de celulas aisladas que no se comunican entre sí. 

¿Os parece raro? Probablemente la mayoria de vosotros vivís en colmenas similares. Lo curioso es que esto nos parece normal, cuando hace no tantos años lo normal era conocer a todos tus vecinos, dejarles a tus hijos mientras ibas a comprar, encontraros en el parque, en la playa, en el mercado. Dedicar un momento a saber como estaba la persona que tenías delante. Quizás no podrías ayudarle mucho... pero tampoco te era totalmente indiferente. Hoy en día sí, y supongo que por eso me llama tanto la atención la monja solitaria en el metro de Madrid. Porque es un simbolo de lo que hemos perdido que no deberiamos haber perdido, como mi capacidad para saber dirigirme a ellas.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Algo sobre la lectura


Esta mañana, ocioso, me asomé al "Así habló Zaratustra" de Nietzsche. Y como siempre, encontré una perla. En este caso, esta:
"El que a todo el mundo le sea lícito aprender a leer corrompe a la larga no sólo el escribir, sino también el pensar".
Me recordó a una cita que encontré en el suelo de la calle Huertas de Madrid (algún día volveré por allí y la pondré igualmente) que venía a decir algo como que, no habiendo quien lea, es una tristeza escribir. Estoy bastante de acuerdo y, según venía en el metro, pensaba que el principal error del comunismo fue asumir que la sociedad de clases llevaría al hombre superior. Cuando realmente el hombre ante lo que se crece, lo que se desarrolla, es ante los estimulos y los desafios. Por supuesto no todo desafio es valido y cada persona, en función de su sensibilidad y su carácter, encontrará desafios que saquen lo mejor de sí, otros que lo rompan y otros que lo perviertan. Pero, en la maraña de información actual exista una corrupción del pensamiento acorde a lo que venía a referirse Nietzsche, esto es: creemos que sabemos más de lo que realmente sabemos. Dada la facilidad para obtener información, caemos en la pereza de la suposición. Ayer mismo sin ir más lejos un compañero me hablaba de "dimitir", obviamente inconsciente del regimen legal en el que se encuentra. Y como esa, al cabo del día escucharé media docena. En cierta ocasión me corrigieron con "que atrevida es la ignorancia". Y me estuvo bien empleado porque aprendí. Cierto es que siempre ha existido la osadia del que nada conoce, pero aún así se lanza, el problema es como, en nuestra lujuria garantista actual, no solo uno tiene derecho a decir una estupidez sino que además debe ser respetada y tenida en cuenta.
Vaya. Estoy empezando a hablar como Rabanal. Dentro de poco estaré viendo Intereconomia o algo así. Que semanita, primero azote de nacionalistas, ahora aristocrata del verbo... voy en picado.

Pero volviendo al tema de este artículo, algo que siempre me ha gustado de Nietzsche es su loa del esfuerzo orientado. En la España católica encontramos muy frecuentemente la idea de que el sacrificio conlleva una recompensa. En cambio Nietzsche se burla de esa idea y parte de que solo obtiene recompensa el que se sacrifica en la dirección correcta, convirtiendo el sacrificio en esfuerzo. La justa lucha, un concepto derivado de la Yihad islamica, entendida como competencia con uno mismo para ser mejor persona, para hacer mejor el mundo, es lo que debe orientarnos. Por tanto no consiste en "leer por leer", sino en leer buscando algo. Existimos actualmente en ciclos de sacrificio y evasión, trabajo para pagarme ocio que debo pagar mediante mi trabajo. Y no existe un objetivo detrás, algo que nos oriente. Yo no leo solamente por evadirme. Leo para aprender, para contrastarme, para formarme. Por eso me gusta leer lo que escriben mis amigos: para conocerlos. Y por eso considero que, si aspiramos a que lo que algun día escribamos sea leido, debemos hacer una lectura responsable. Porque si no, simplemente estaremos enfangando el ideario colectivo, en lugar de elevarlo mediante nuestro esfuerzo y voluntad.

domingo, 16 de noviembre de 2014

El paseo de las almas perdidas


El otro día una chica me comentó algo que me llamó la atención. Mientras hablabamos sobre piedras de energia, colores y amistades, le pregunté cuando encontraría alguien con quien volver a bailar con las palabras. Me dijo que las almas perdidas están así mismo, perdidas. Que no se buscan, sino que aparecen.
Discrepo, claro, discrepo. No sería yo si no discrepara. Eso es cierto... y no. Uno necesita una cierta actitud para poder aprovechar las oportunidades que le surgen. Necesita estar sintonizado con su entorno. Tu puedes ser el mayor aficionado al baloncesto del mundo, que si la persona que tienes delante no lo sabe entonces nunca te hablaré de baloncesto. O quizás sí, pero sería una casualidad. En cambio, si vas a trabajar con una camiseta de tu equipo, estás dando pie a esa conversación.
Las almas perdidas no se encuentran quedandose en casa encerrado leyendo. Tampoco se encuentran hablando siempre con tus cuatro colegas de siempre, ni yendo siempre a los mismos sitios. Si quieres resultados distintos, tienes que intentar cosas diferentes. Y todos tenemos un cajón lleno de excusas (estoy cansado, hace frio,¿y si me equivoco?, ...). Al final todo se reduce a que, si quieres estar en el mundo, tienes que poner tus pies en el y prepararte a vivir. De adentro para afuera, y de afuera para adentro. Así funciona esto.
Lo que no quita que esté deseando salir corriendo a mi refugio en las montañas, al pie de Vitosha.

lunes, 10 de noviembre de 2014

A veces...


Te despiertas, te estiras como un gato y recolocas las sabanas. Faltan mantas, así que no estás todo lo calentito que te gustaría estar en un día de invierno. Miras el reloj. Ya va siendo hora. Mentalmente te planteas si tienes fuerzas y ganas como para ir a correr. Lo segundo empieza a decaer. Coges el movil, aún desde la cama, y cotilleas un poco lo que ha pasado en el mundo. Vaya, fiestas all around. Tienes la sensación de que todo el mundo está pasandoselo bien menos tu. Ves una foto de tu ex con un chico y te preguntas porqué no la borraste. Te encoges mentalmente de hombros.
El suelo está frío cuando apoyas los pies desnudos en él. Otra pregunta, ¿cuando fue la ultima vez que dormiste ocho horas seguidas de un tirón? Hoy has dormido nueve, recuperandote de las que perdiste a lo largo de una semana de seis días. Te pasas la lengua por los labios, no tienes ganas de hacer nada. No tienes ganas de vivir.
A veces pasa eso. Tienes días que necesitas que queden en blanco. Días sin trabajo, sin amigos, sin escribir, sin crear. Días en la nada, espacios en blanco entre otras historias, donde solo duermes, haces cosas sin sentido en el ordenador -como escribir este artículo-, comes algo. Procrastinas. A veces suceden tras un periodo de mucha actividad. A veces suceden antes de un periodo de mucha actividad.
A veces, simplemente, sucede. Como cantaba el Robe, "sucede que me canso de ser".

viernes, 7 de noviembre de 2014

Perder la cara


Llevo un par de semanas leyendo sobre la cultura japonesa y fascinado con ese concepto tan propio de ellos como es "perder la cara". Según parece, a los japoneses desde muy pequeños les enseñan a mantener la compostura, a cuidar siempre sus formas y a esperar y exigir lo mismo de los demás. Es una sociedad donde, lo peor que puede pasarte, es dejarte en evidencia. Tanto así que en un manual que leí decía que, colocar a un japones en una situación donde haga el ridiculo puede provocar violencia.
Hasta cierto punto lo entiendo. Yo esta semana me he puesto en evidencia. He hecho algo que ha podido provocarme el ridiculo y que la gente se ria de mi. Eso es algo terrible para una persona muy orgullosa. Lo hice siguiendo un impulso, pero que funcionara una vez no quiere decir que funcionará siempre y ahora lamento haberlo hecho. He expuesto mi cara y eso es algo que no me gusta.
Supongo que, a pesar de todo lo que me meto con la cultura japonesa, esto es algo que comparto con ellos. Tengo que estudiar más este concepto.

Algo va mal


Pero no hablo de algo que va mal en nosotros a niveles "oficiales". Economico, social... estadistico. Decían al principio de "El Principito" que cuando nos hacemos mayores dejamos de preguntar cosas interesantes, como cual es tu juego favorito o de que color son más guapos los bichos, para preguntar tonterias como a que nos dedicamos o cuantos años tenemos. Pues algo así nos está pasando. Creemos que tenemos un problema porque ganamos X o Y, porque tenemos un coche de tal o cual marca, porque salimos con la chica esta o con la otra... cuando realmente el problema al que vengo yo a referirme es de otro tipo.
Inteligencia emocional. No me gusta el termino. Me suena a coaching, a orientadores de pareja, a psicologos en los colegios. A gente diciendote cosas que deberias aprender por ti mismo, con la ayuda de tu familia y tus amigos, y cobrando por ello. Pero le reconozco que tiene su punto de razón, cuando vemos cosas en nuestro entorno. Cuando vemos que el ego se inmiscuye en nuestras decisiones, cuando una inseguridad personal se convierte en un problema profesional, cuando no sabemos desconectar o cuando aplicamos un liderazgo erroneo. Ojo, que algunas decisiones las hacemos conscientemente y la miseria humana existe y está ahí. Pero yo no hablo del que es malo. Hablo del que es tonto. Del que carece de las herramientas, del que se cree que sabe y realmente no lo hace. A esa gente se la debería de poder enseñar.
Existe un problema cultural en los españoles a la hora de acatar la disciplina, los sistemas y la fé. Es una cuestión cultural, nos falta humildad y confianza en los demás. Dado que siempre estamos dispuestos a robar, estafar, mentir... esperamos lo mismo de los demás. Y cuando no lo encontramos desconfiamos. Algo trama. Eso hace que cuando tengamos que organizarnos siempre tengamos problemas. Decía José Bonaparte que España es el unico pais del mundo donde entran diez personas a una cafeteria y piden diez cafés diferentes. Y así nos va. Pero hay cosas que exigen un grado de compromiso y de integración. Que exigen, hablando claro, poner nuestra vida en manos de la persona que tenemos delante. Y para que eso salga adelante y funcione, la persona que toma esa vida tiene que valorarla como lo que es. No como una herramienta para conseguir SUS fines, sino como un regalo colectivo. Un jefe mío me dijo en cierta ocasión que, mientras yo le trabajara como debía y él pudiera confiar en mi, yo no tenía que preocuparme de nada. Y lo cumplió. He sido muy afortunado. En una ocasión me tocó dar una conferencia sobre valores y, cuando acabé, uno de mis jefes me felicitó, pero me dijo que eso era muy iluso y que en la vida real no iba así. Que cada uno miraba por lo suyo. Bueno, le contesté, yo he tenido la suerte de trabajar en un entorno que no era así. Preguntele a mi compañero que está aquí conmigo. Nosotros hemos hecho un sitio donde se podía confiar. Y podriamos volver a hacerlo, a poco que nos dejaran. Porque ese también es un problema cultural español. En el Cantar de Mio Cid dicen "que buen siervo fuere, si buen rey tuviere". Porque parece ser que mandar, decidir, implica abusar. Como si en la empatia con el que dirigimos perdieramos perspectiva. Y yo discrepo. Creo que, tratar a todo el mundo como personas, preocuparse por sus problemas, ayudarles, les facilita ser productivos y concentrarse en lo realmenet importante.
Pero supongo que no soy más que un ingenuo. Y por eso algo va mal.

jueves, 6 de noviembre de 2014

necesitamos musica


Ayer por la noche una chavala en el facebook habló de Endless River. Temazo de Pink Floyd. Mientras lo descubría, me asomé al Art Hostel en fotos. Ese viejo hogar. Lo echo de menos. Echo de menos el Ale que es en ese sitio. Es un sitio que descubrí por la musica y para mi Sinatra va a estar siempre asociado a Rali y a ese lugar. Recuerdo que de pibe los Rolling Stones me parecían musica de viejos y ahora el power metal me aburre lo indecible. Crecemos y cambiamos y la banda sonora de nuestra vida, nuestro entorno y nuestras canciones cambian y evolucionan. Pero en el fondo siempre son las mismas y, cuando no sabemos que hacer y nos sentimos perdidos, volvemos a las raices. Roots, bloody roots. Cuando no sabemos expresarnos, cuando sentimos una presión por dentro y somos incapaces de ponerle nombre... entonces surge la musica en una oleada. Y sin darnos cuenta tarareamos una canción que expresa justa y exactamente como nos sentimos. Apoyado en el subconsciente, dejamos que la vida fluya ante nosotros como si le pasara a otra persona.

Yo no soy una persona dada a tomar profundas decisiones racionales. Yo me apoyo en mis hombros. Actuo, luego saco conclusiones. Según mis sensaciones. Me fio más de mis errores que de mis aciertos y, poco a poco, voy estableciendo cadenas causales sin que aparentemente tengan orden ni concierto. Estoy comodo así, demasiada planificación me aprisiona. Hora de dormir. Hora de olvidar.