domingo, 30 de noviembre de 2014
Abrazos gratis
Acabo de leer una noticia, de esas que ahora están muy de moda y dentro de un par de meses nadie se acordará, de como en una manifestación en EEUU había un negro que tenía un cartel de "abrazos gratis" y un sargento de policia le tomó la palabra y le abrazó. El tema de los gestos lacrimosos, de las heroicidades cotidianas y etc etc da un poco de asco cuando te lo venden y crean corriente de opinión. Cuando la tele, los medios de comunicación o, en general, la corriente moral de turno te dice lo que debes pensar, hacer y decir. Y si te parece mal, estás al otro lado de la linea y mereces la muerte a pellizcos. Pero eh, ojo, no me quejo por el gesto. Me quejo por como ese gesto se usa como simbolo, culpabilizando al que no entre en el juego, cuando definimos la libertad como "estar de acuerdo conmigo" y la discrepancia, aunque sea desagradable, como "fascismo". Que por cierto hoy he escuchado a Marc usar la palabra "faccioso" y nos ha gustado. Frikis que somos.
El caso es que bueno, vale. Dejando de lado mi natural gruñonismo, el detalle era guapo. Y me recordó la ultima vez que yo vi un cartel de "abrazos gratis". No sé si ya lo he contado, pero si lo hice fue hace muchos años. Praga. Noviembre de dos mil nueve o de dos mil ocho. Mi segundo viaje al extranjero solo -el primero fue a Estambul-. Yo había ido a visitar el Castillo y el centro y hacía un frío do caralho. Bajé por la plaza del reloj astronomico, un sitio guapisimo, lleno de gente, y ahí había una chica gordita con un cartel que ponía "regalo abrazos". Pasé de lado sin echarle cuenta y luego me dije "que demonios". Me acerqué a ella y le abracé. La chica se alegró, nos dimos las gracias y cada uno cogió por su lado.
Fue una tontería. Yo no necesitaba ese abrazo, estaba bastante bien, gracías. Pero aún así me sentó bien. El otro día, frases de Paulo Coelho, leí "nadie es tan pobre como para no dar una sonrisa, ni tan rico como para no necesitarla". Pues algo parecido pasa con los abrazos. Existe algo terriblemente tierno, humano, en el hecho de rodear con tus brazos el cuerpo de otra persona y que ella haga lo mismo contigo. Es un gesto de calor, de comprensión, de "todo va a salir bien". Por eso cuando eres pequeño y lloras, tu padre lo primero que hace es abrazarte. Para protegerte y hacerte sentir seguro. Un abrazo es como llegar a casa, dejar las llaves y quitarse los zapatos. Es lo que te dice que ya has llegado. Por eso me mola esa gente que regala abrazos. El otro día me quejaba de la gente que toca en el metro y un compañero me lo afeó, diciendo que a alguien puede que le alegraran el día, aunque a mi me molestara. Y me di cuenta de que tenía razón, de que en este puñetero mundo faltan canciones, y abrazos, y alegria. E incluso sonrisas, que diría mi colega Pablito Cuello. Así que, dejando de lado portadas, historias politicamente correctas y controladores de trafico del scalextric, me alegro que alguien cruce ese metro de distancia de seguridad (en la cultura occidental) y haga sentir un poquito de hogar a una persona que lo necesita. Y espero que, el día que a mi me haga falta, haya alguien que también lo haga por mi. Porque mola mucho.
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