lunes, 10 de noviembre de 2014
A veces...
Te despiertas, te estiras como un gato y recolocas las sabanas. Faltan mantas, así que no estás todo lo calentito que te gustaría estar en un día de invierno. Miras el reloj. Ya va siendo hora. Mentalmente te planteas si tienes fuerzas y ganas como para ir a correr. Lo segundo empieza a decaer. Coges el movil, aún desde la cama, y cotilleas un poco lo que ha pasado en el mundo. Vaya, fiestas all around. Tienes la sensación de que todo el mundo está pasandoselo bien menos tu. Ves una foto de tu ex con un chico y te preguntas porqué no la borraste. Te encoges mentalmente de hombros.
El suelo está frío cuando apoyas los pies desnudos en él. Otra pregunta, ¿cuando fue la ultima vez que dormiste ocho horas seguidas de un tirón? Hoy has dormido nueve, recuperandote de las que perdiste a lo largo de una semana de seis días. Te pasas la lengua por los labios, no tienes ganas de hacer nada. No tienes ganas de vivir.
A veces pasa eso. Tienes días que necesitas que queden en blanco. Días sin trabajo, sin amigos, sin escribir, sin crear. Días en la nada, espacios en blanco entre otras historias, donde solo duermes, haces cosas sin sentido en el ordenador -como escribir este artículo-, comes algo. Procrastinas. A veces suceden tras un periodo de mucha actividad. A veces suceden antes de un periodo de mucha actividad.
A veces, simplemente, sucede. Como cantaba el Robe, "sucede que me canso de ser".
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