viernes, 28 de noviembre de 2014
Cuando el sexo parece una huida
Existe un punto (Charlie Ojeda diría una linea) en la que toda afición se convierte en una adicción. Cambia solo un par de letras, pero cambia mucho más que eso. Es el punto en el que la libertad se convierte en obligación y todo se mide en esfuerzo y rendimiento. El momento en que algo tira de ti para hacer una cosa, quieras o no, y cuando terminas te sientes aliviado y culpable. Y ambas sensaciones te van erosionado, de forma que solo tienes dos opciones, o insensibilizarte y poco a poco irte apartando del sufrimiento (y de vivir) o aficionarte al sufrimiento, hasta ser un adicto y terminar confundiendo el medio con el fin.
El sexo es un camino muy facil. Está ahí. Uno no necesita una tele, ni una radio, ni un telefono. Suele necesitar a otra persona, pero sin ella también se puede practicar. No te exige que salgas al frío, ni te provoca sufrimiento alguno como puede hacer el deporte. El placer es inmediato, no en un futuro impreciso. Todo eso lo hace seductor si te sientes mal, si buscas olvido.
A eso le sumamos la cantidad de porno que existe hoy en día. No hablo del porno crudo, como el deporte del sexo mostrado en imagenes y sonidos. Hablo del erotismo constante, los anuncios, la publicidad. A nuestro alrededor, hasta cierto grado, todo es sexo. El exito se mide en sexo, la soledad se mide en sexo, el poder se mide en sexo. Y cuando uno no tiene ninguna de esas cosas... puede tomar el camino de enmedio e intentar alterar la ecuación. Y volvemos a lo que dije al principio, de afición a adicción y de adicción a destrucción de la personalidad.
Yo no creo en el sexo como meta en si mismo. Ya lo he dicho alguna vez. Para mi el sexo es parte de una historia, y es una parte interesante y divertida. Es una barrera imponente que, una vez atravesada, te permite plantearte las cosas desde otra perspectiva. Es como invitar a alguien a tu casa, pero mucho más que eso. Es invitar a alguien a tu cuerpo. Y aleja de ti la soledad, la tristeza, el miedo, aunque sea por un ratito. Es un balsamo maravilloso, si evitas ensuciarlo. Y para eso tiene que ser algo que contenga un punto de ti, de sinceridad, de tu alma. Por eso, aunque parezca una tonteria, cuando estoy triste, cuando estoy enfermo, cuando estoy mal... no quiero sexo. Porque es muy facil volverse adicto a la salida facil, pero así no lo disfrutas y solo te hundes más. Lo que hagas, sea deporte, trabajar, viajar, liarte con una chica... hazlo porque quieres, porque piensas que es algo bueno y porque aporta a tu vida. Crece. Pero no te encojas. Cree.
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