domingo, 16 de noviembre de 2014
El paseo de las almas perdidas
El otro día una chica me comentó algo que me llamó la atención. Mientras hablabamos sobre piedras de energia, colores y amistades, le pregunté cuando encontraría alguien con quien volver a bailar con las palabras. Me dijo que las almas perdidas están así mismo, perdidas. Que no se buscan, sino que aparecen.
Discrepo, claro, discrepo. No sería yo si no discrepara. Eso es cierto... y no. Uno necesita una cierta actitud para poder aprovechar las oportunidades que le surgen. Necesita estar sintonizado con su entorno. Tu puedes ser el mayor aficionado al baloncesto del mundo, que si la persona que tienes delante no lo sabe entonces nunca te hablaré de baloncesto. O quizás sí, pero sería una casualidad. En cambio, si vas a trabajar con una camiseta de tu equipo, estás dando pie a esa conversación.
Las almas perdidas no se encuentran quedandose en casa encerrado leyendo. Tampoco se encuentran hablando siempre con tus cuatro colegas de siempre, ni yendo siempre a los mismos sitios. Si quieres resultados distintos, tienes que intentar cosas diferentes. Y todos tenemos un cajón lleno de excusas (estoy cansado, hace frio,¿y si me equivoco?, ...). Al final todo se reduce a que, si quieres estar en el mundo, tienes que poner tus pies en el y prepararte a vivir. De adentro para afuera, y de afuera para adentro. Así funciona esto.
Lo que no quita que esté deseando salir corriendo a mi refugio en las montañas, al pie de Vitosha.
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