viernes, 7 de noviembre de 2014

Algo va mal


Pero no hablo de algo que va mal en nosotros a niveles "oficiales". Economico, social... estadistico. Decían al principio de "El Principito" que cuando nos hacemos mayores dejamos de preguntar cosas interesantes, como cual es tu juego favorito o de que color son más guapos los bichos, para preguntar tonterias como a que nos dedicamos o cuantos años tenemos. Pues algo así nos está pasando. Creemos que tenemos un problema porque ganamos X o Y, porque tenemos un coche de tal o cual marca, porque salimos con la chica esta o con la otra... cuando realmente el problema al que vengo yo a referirme es de otro tipo.
Inteligencia emocional. No me gusta el termino. Me suena a coaching, a orientadores de pareja, a psicologos en los colegios. A gente diciendote cosas que deberias aprender por ti mismo, con la ayuda de tu familia y tus amigos, y cobrando por ello. Pero le reconozco que tiene su punto de razón, cuando vemos cosas en nuestro entorno. Cuando vemos que el ego se inmiscuye en nuestras decisiones, cuando una inseguridad personal se convierte en un problema profesional, cuando no sabemos desconectar o cuando aplicamos un liderazgo erroneo. Ojo, que algunas decisiones las hacemos conscientemente y la miseria humana existe y está ahí. Pero yo no hablo del que es malo. Hablo del que es tonto. Del que carece de las herramientas, del que se cree que sabe y realmente no lo hace. A esa gente se la debería de poder enseñar.
Existe un problema cultural en los españoles a la hora de acatar la disciplina, los sistemas y la fé. Es una cuestión cultural, nos falta humildad y confianza en los demás. Dado que siempre estamos dispuestos a robar, estafar, mentir... esperamos lo mismo de los demás. Y cuando no lo encontramos desconfiamos. Algo trama. Eso hace que cuando tengamos que organizarnos siempre tengamos problemas. Decía José Bonaparte que España es el unico pais del mundo donde entran diez personas a una cafeteria y piden diez cafés diferentes. Y así nos va. Pero hay cosas que exigen un grado de compromiso y de integración. Que exigen, hablando claro, poner nuestra vida en manos de la persona que tenemos delante. Y para que eso salga adelante y funcione, la persona que toma esa vida tiene que valorarla como lo que es. No como una herramienta para conseguir SUS fines, sino como un regalo colectivo. Un jefe mío me dijo en cierta ocasión que, mientras yo le trabajara como debía y él pudiera confiar en mi, yo no tenía que preocuparme de nada. Y lo cumplió. He sido muy afortunado. En una ocasión me tocó dar una conferencia sobre valores y, cuando acabé, uno de mis jefes me felicitó, pero me dijo que eso era muy iluso y que en la vida real no iba así. Que cada uno miraba por lo suyo. Bueno, le contesté, yo he tenido la suerte de trabajar en un entorno que no era así. Preguntele a mi compañero que está aquí conmigo. Nosotros hemos hecho un sitio donde se podía confiar. Y podriamos volver a hacerlo, a poco que nos dejaran. Porque ese también es un problema cultural español. En el Cantar de Mio Cid dicen "que buen siervo fuere, si buen rey tuviere". Porque parece ser que mandar, decidir, implica abusar. Como si en la empatia con el que dirigimos perdieramos perspectiva. Y yo discrepo. Creo que, tratar a todo el mundo como personas, preocuparse por sus problemas, ayudarles, les facilita ser productivos y concentrarse en lo realmenet importante.
Pero supongo que no soy más que un ingenuo. Y por eso algo va mal.

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