jueves, 20 de noviembre de 2014

Historia de una monja

Ayer, según bajaba del metro, ví algo que me llamó la atención. En medio de las carreras y de la gente había una monja algo perdida. Estuve tentado de acercarme a preguntarle si podía ayudarle en algo y entonces me di cuenta que no sabía como dirigirme a ella. ¿Hermana? ¿Señora? La marca de identidad de un caballero es el correcto trato a las personas y yo presumo de ser siempre muy educado. Eso me hizo reflexionar. ¿Se ha perdido la formación sobre como llamar a cada persona? Y luego reflexioné más. Esa monja perdida en medio del metro era una persona que había hecho un juramento y dedicado su vida a una causa que ella consideraba superior a si misma. Eso me merece respeto. Cuando niño yo fui a un colegio de monjas y allí, por supuesto, me enseñaron a venerar los simbolos. Con la adolescencia surgió la rebeldia y el espiritu critico. Entonces cuestioné todo. Pero con la madurez he llegado a un punto de acuerdo. Ya no venero los simbolos, ni los rechazo. Los juzgo en función de su contenido, de una forma desapasionada y más allá de las justificaciones. Esa monja, independientemente de que haya hecho su juramento y lleve su uniforme en virtud de un señor clavado en una cruz o de un monstruo de espagueti volador, es una persona que se ha entregado a una causa que incluye ayudar a otros seres humanos. Es una fuerza altruista. Y eso me merece el maximo respeto. 

Hemos perdido la perspectiva. Vivimos en una sociedad donde el individualismo ha dado paso al egoismo más despiadado. Hace unos días alguien se suicidó en la comunidad donde vivo. Pero yo no vivo en una comunidad. Vivo en una colmena de celulas aisladas que no se comunican entre sí. 

¿Os parece raro? Probablemente la mayoria de vosotros vivís en colmenas similares. Lo curioso es que esto nos parece normal, cuando hace no tantos años lo normal era conocer a todos tus vecinos, dejarles a tus hijos mientras ibas a comprar, encontraros en el parque, en la playa, en el mercado. Dedicar un momento a saber como estaba la persona que tenías delante. Quizás no podrías ayudarle mucho... pero tampoco te era totalmente indiferente. Hoy en día sí, y supongo que por eso me llama tanto la atención la monja solitaria en el metro de Madrid. Porque es un simbolo de lo que hemos perdido que no deberiamos haber perdido, como mi capacidad para saber dirigirme a ellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario