Ayer, según bajaba del metro, ví algo que me
llamó la atención. En medio de las carreras y de la gente había una
monja algo perdida. Estuve tentado de acercarme a preguntarle si podía
ayudarle en algo y entonces me di cuenta que no sabía
como dirigirme a ella. ¿Hermana? ¿Señora? La marca de identidad de un
caballero es el correcto trato a las personas y yo presumo de ser
siempre muy educado. Eso me hizo reflexionar. ¿Se ha perdido la
formación sobre como llamar a cada persona? Y luego reflexioné
más. Esa monja perdida en medio del metro era una persona que había
hecho un juramento y dedicado su vida a una causa que ella consideraba
superior a si misma. Eso me merece respeto. Cuando niño yo fui a un
colegio de monjas y allí, por supuesto, me enseñaron
a venerar los simbolos. Con la adolescencia surgió la rebeldia y el
espiritu critico. Entonces cuestioné todo. Pero con la madurez he
llegado a un punto de acuerdo. Ya no venero los simbolos, ni los
rechazo. Los juzgo en función de su contenido, de una forma
desapasionada y más allá de las justificaciones. Esa monja,
independientemente de que haya hecho su juramento y lleve su uniforme en
virtud de un señor clavado en una cruz o de un monstruo de espagueti
volador, es una persona que se ha entregado a una causa
que incluye ayudar a otros seres humanos. Es una fuerza altruista. Y
eso me merece el maximo respeto.
Hemos perdido la perspectiva. Vivimos en una
sociedad donde el individualismo ha dado paso al egoismo más despiadado.
Hace unos días alguien se suicidó en la comunidad donde vivo. Pero yo
no vivo en una comunidad. Vivo en una colmena de
celulas aisladas que no se comunican entre sí.
¿Os parece raro? Probablemente la mayoria de
vosotros vivís en colmenas similares. Lo curioso es que esto nos parece
normal, cuando hace no tantos años lo normal era conocer a todos tus
vecinos, dejarles a tus hijos mientras ibas a comprar,
encontraros en el parque, en la playa, en el mercado. Dedicar un
momento a saber como estaba la persona que tenías delante. Quizás no
podrías ayudarle mucho... pero tampoco te era totalmente indiferente.
Hoy en día sí, y supongo que por eso me llama tanto
la atención la monja solitaria en el metro de Madrid. Porque es un
simbolo de lo que hemos perdido que no deberiamos haber perdido, como mi
capacidad para saber dirigirme a ellas.
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