martes, 18 de agosto de 2015

Hay cosas que es mejor callar


Yo soy supersticioso. Todo el mundo que tiene algo así, que la sociedad considera "infantil" tiende a ocultarlo o a disminuirlo. Siempre dice "soy x, peeroo". Las justificaciones son un clasico. Yo no soy menos, claro. Mi superstición, que es relativamente reciente pero siempre estuvo más o menos allí, es mezcla de una educación religiosa, un concepto un tanto animista del mundo y mi antigua profesión de marino.
Ok. Ya sabemos que soy supersticioso. ¿Y qué? Bueno, pues que el titulo de la entrada está directamente relacionada con ello. Una de mis supersticiones es que, cuando estoy intentando algo que me parece importante, no se lo digo a nadie. A nadie. Porque si lo digo, lo gafo. Tengo esa sensación, de que cuando uno... no sé, aspira a un trabajo, si se lo cuenta a alguien no sale. O si conoce a una persona especial. Publicitarlo lo destruye.
Pero a la vez, este blog es mío. De mi para mi y a veces alguien que pasa por aquí, se asoma al escaparate y se queda un ratito. Ok. No estorban. ¿Y por qué voy a contar algo aquí? Pues en parte porque lo doy por perdido, y en parte porque necesito hacerlo.
Hace ya un par de años conocí por internet a una amiga de una amiga de una amiga. O algo así. No sé. Fue de esas cosas que comentas una foto que te gusta en facebook, la otra persona te responde cortesmente y, cuando os dais cuenta, estáis teniendo una conversación. Principalmente sobre la visión estética de la vida, algo muy de Oscar Wilde (ya sabéis, la belleza es la única virtud valida, se justifica a si misma, etc). Fue una conversación marcada por unas barreras muy concretas del lenguaje, una forma de español cortés casi del Siglo de Oro. Me pareció curioso y divertido.
Otras veces he hablado con la chavala. Siempre manteniendo un codigo lingüistico parecido. Y lo curioso es que, dentro de esas barreras estilisticas, da pie a autenticas explosiones de emociones y lírica. Uno puede contar que está preocupado por sus examenes, que tamizado a través del filtro del lenguaje surgen conversaciones ciertamente epicas. Es fascinante. También es fascinante el personaje detrás del lenguaje, alguien con una mente afilada y despierta, sin más prejuicios que los naturalmente impuestos por su gusto y criterio, con una sensibilidad exquisita y un carácter noble. Ayer tuve la suerte de intercambiar whatsapps en el metro. Alguna vez he pensado si hacer un cuaderno con algunos de nuestros dialogos, porque la verdad es que da para mucho.

¿Y por qué lo callo? Porque no es una persona real, claro. Yo creo que toda relación tiene una serie de fases. Conoces a alguien, intercambias alguna conversación... y en función del interés que tengáis el uno en el otro, eso evoluciona. Ultimamente existe una barrera que cuando yo era pibe no existía, la barrera entre "personas reales" y "personas no reales". Esto es como las empresas, persona física y persona jurídica. Si no eres "fisico", eres "juridico". Así que, alguien a quien no has visto en persona nunca, ni crees que vayas a ver, no es real. Incluso alguien a quién conoces de hace años, si tienes la certeza asentada de que no os vais a volver a ver nunca, pasa a ser "no real". Habláis por internet durante horas y nunca os veis. Bueno.
Aún así, lo que te hace tan feliz que te da miedo compartir, como uan luz que escondes entre las manos para que no se la lleve el viento, es mejor callarlo. Todo lo que expones está sujeto a analisis, comentario, valoración... hay cosas, momentos, historias, que son solo para ti. Y mejor que sean así.

P.D: Ampliar esto hablando sobre el contexto. 

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