martes, 11 de agosto de 2015
Una generación transparente
Esta mañana me levanté y me dolía todo. No era capaz de arrancar. Mientras me dirigía a la ducha, una serie de ideas raras pasaron por mi cabeza. Mi barba. Mis pelos. Me acordé del compañero ese que lleva todo el brazo tatuado. Según me contaron, en las fuerzas armadas britanicas hasta hace poco estaba permitido llevar tatuajes donde fuera, excepto en la cara y las manos. El criterio era "que se pueda tapar con un uniforme". Actualmente también está permitido la cara y las manos, porque dicen que la sociedad lo acepta así que, si a la sociedad le parece bien, ¿quienes son ellos para juzgar?
En España el criterio es "que ningun uniforme lo enseñe". Teniendo en cuenta que hay uniformes de deporte (pantalón corto y camiseta de manga corta) te deja poco margen. Tampoco se permiten los tintes de pelo no naturales. Ni las barbas más largas de tres centimetros. Ni en general, nada que a mi abuela le parecería mal.
A mi abuela. No a mi madre. A mi abuela.
¿Y por qué esto me llama la atención? Porque España, a nivel institucional, está congelada en el tiempo. La generación que hizo la transición es la generación que sigue en el poder. Y son sus criterios, sus decisiones, sus opiniones, las que cuentan. Hay una generación que "creó el país", o ese es el mito fundacional, y ahí siguen. Y en todo este tiempo los cambios han ido entrando poquito a poco, con calzador, más impuestos desde Europa que desarrollados por nosotros.
Eso tampoco es así, claro. Hemos sido de los primeros paises en legalizar el matrimonio homosexual, por ejemplo. Pero eso es parte de nuestra moral mediterranea, de nuestro concepto de la vida. En cambio el ejército socialmente, muy a mi pesar (porque lo amo), está veinte años atrasado con respecto a la sociedad.
Voy a hablar un poco más de esa generación transparente, que no llega a dirigir. De los emigrantes con estudios superiores, de como somos responsables de nuestra situación. Ayer leía sobre Gibraltar y claro, su posición es comprensible. ¿Dejo de ser un paraiso fiscal para ser parte de la provincia de Cádiz? ¿De Cádiz? ¿Una de las provincias con más paro de Europa, donde para sobrevivir tienes que tener contactos? Vivimos en un Estado que carga de presión fiscal a los autonomos y a los asalariados -hace poco leí que, de un sueldo que el empleador paga 1200 euros, al estado le vuelven unos 700-, mientras que buena parte de la piramide social recibe ayudas. Quien se sabe las normas, claro. O como esquivarlas. ¿Cuantos dirigentes de grandes medios tienen menos de 50 años? Y de esos... ¿cuantos no tienen vinculación con la Administración, con los sindicatos, con las grandes fortunas? España está empantanada. Pero porque nosotros elegimos que lo esté. Porque mientras yo esté bien, al de al lado que le den. Porque mientras yo tenga para tirar hoy, mañana Dios dirá. Y mientras nos escandalizamos porque alguien se gaste en un club de alterne 35.000 euros, no nos preguntamos de donde salen esos 35.000 euros y cuanto dinero hay "fuera del circuito". Cuantas cajas en B, cuantos negocios arreglados con sobres.
Cuantas formas de dictadura. De un estado en el que uno sabe que no puede confiar en el Estado, sino en sus intermediarios. Y los que nos hemos criado en otra historia, pensando que en una democracia existe igualdad de derechos, imperio de la ley... a los que nos dijeron "si no estudias, no serás nada en la vida". A los que nos esforzamos e hicimos lo que tocaba, ¿qué nos dan? ¿Donde está la otra parte del compromiso del Estado con sus ciudadanos? La que dice que podrás tener acceso a una vivienda, a una familia, a un futuro. A que te paguen una pensión cuando te jubiles, a que te cuiden en un hospital cuando te pongas malo, a que te den vacaciones pagadas, a que no te exploten. A que no se rían de ti en tu cara.
Que pena de ilusión perdida. Que pena de tanta gente emigrando, sabiendo que no va a volver porque... ¿para qué? Que pena tener un pais del cual otros -Gibraltar, por ejemplo- no quieren participar. Con lo que somos y podemos ser. Y no nos dejamos. Y seguimos sin tatuajes, con el corte de pelo y la americana, empeñados en mirar el dedo en vez de a la luna, empeñados en discutir de que color es la bandera, en que si tal dice esto o lo otro, en vez de entrar en las cosas realmente importantes, crear cultura de grupo, mejorarnos a nosotros mismos, hacer ese esfuerzo.
Visto desde aquí, casi entiendo aquella frase de "España me hace daño". Ojalá nunca pueda entenderla del todo.
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