sábado, 8 de agosto de 2015
Repasando un sueño
Hoy hablé con Dominik un poco de política. De inmigración, de nazismo, de la crisis migratoria en España, de como nos miramos sin futuro. Dominik ha ido una docena de veces a España y conoce (y ama) el país. Eso hace que sea más fácil empatizar.
Mis opiniones, basicamente, se resumen en que España como país es responsable de las decisiones que ha tomado y de estar donde está. Que los emigrantes, en su mayor parte, son asumibles y dirigibles a tareas productivas, y que la integración pasa por la convivencia muy muy cerquita. En la misma casa si hace falta. Que poner tabues y decir "de esto no se habla, caca" solo sirve para hacerlo más atractivo y que ya somos lo bastante mayores como para poder hablar de odio sin convertirnos en odio. Y que es una pena que no conozcamos a nuestros vecinos, que las iglesias no sean punto de encuentro de comunidades (plazas, ese centro de la cultura mediterranea) y que ya no se cene/almuerce en familia y se haga sobremesa.
Ahora estaba repasando mis cosas y tengo esa camiseta que me regaló Marc, la de "Kremlins", con Gizmo como Papa Stalin (con su pipa y su gorra de marinero) y el gremlin malo con la hoz y el martillo. Y pienso, con cierta melancolia, que el sueño comunista se fue a la mierda, pero que era un buen sueño. Y pienso, ¿qué querían los comunistas? Querían que todo el que estuviera enfermo tuviera un medico que lo cuidara. Querian que todo el que trabajara, cuando fuera mayor tuviera una pensión. Querían que todo el mundo tuviera comida para comer y ropa para vestirse, independientemente de quién o qué fuera. Querían que todo el mundo tuviera acceso a una educación que le permitiera desarrollar su potencial y ser lo máximo posible.
Joder. Ahora parece una tontería, pero hace un siglo y poco más era una utopía. Costó ríos de sangre que se consiguiera, pero en una parte muy pequeñita del mundo se consiguió. Ahora hay quien plantea que no es posible. Que no hay dinero para todos, que no hay comida para todos, que no hay electricidad para todos. Y estamos dando pasitos para atrás, pasitos hacia la miseria, hacia la guerra, hacia el egoismo. Hacia el salvese quien pueda. Quizás sería un buen momento para recordar que, aunque el sueño del comunismo engendró una pesadilla de dictaduras, los ideales siguen siendo nobles. Sigue mereciendo la pena creer en un mundo donde el trabajador, el que produce, esté bien mirado y se le cuide. Donde la familia sea la que protege y provee, y donde el Estado se conciba como una gran familia. Y que determinadas cosas no son negociables. Las pensiones no son negociables. Las ayudas a los minusvalidos -benefits- no son negociables. El pan y la ropa no son negociables. No es caridad; es responsabilidad. Aquí estamos todos juntos, para lo bueno y para lo malo. Para intentar hacer del mundo un lugar mejor. Al menos para intentarlo.
No sé. Supongo que soy un viejo romantico. Pero me gusta creer en la buena voluntad de la gente, en el esfuerzo de los estudiantes, en la pasión de los amantes, en la honestidad. Me gusta creer en el ser humano, con mayusculas, aunque a veces, hay que joderse, eso también parezca un sueño.
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