martes, 21 de julio de 2026

Que tramáis, morenos

Llevo unos días hablando con mi señora sobre la amistad, lo difícil que es hacer amigos de adultos y como la gente vive cada vez más aislada. Curiosamente, es de los pocos aspectos de mi vida en que he sido consistentemente éxitoso y afortunado (no necesariamente en ese orden), lo cual me cuesta entender las carencias, pero las entiendo perfectamente. Me decía el otro día un taxista, que uno debe tener pocos amigos porque la gente se mueve por interés, y es muy difícil tener confianza de verdad y poder apoyarse los unos en los otros.
Lo curioso es que, cuando la gente dice esas cosas, lo hace desde una posición de virtud. Entendiendo que, nosotros, si estamos disponibles para los demás y se pueden apoyar en nosotros. Es como aquella conferencia que dí, donde decía que dabamos por hecho que la disposición de los demás hacia nosotros era hostil. Cuando, por defecto, los demás son indiferentes a nosotros. Les damos igual.
No creo que la gente elija conscientemente aprovecharse de los demás. Debe haber gente así, pero no creo que alguien diga "voy a hacerme amigo de este tío, que seguro que me invita a cervezas". No. Creo que, más bien, determinadas actitudes se dan por hecho, las relaciones evolucionan hacía unas dinámicas de poder y, alguna gente, tiene la cara muy dura. No por maldad, sino por comodidad. Soy de la opinión de que, como decía el otro día a una amiga, "la pereza es el pecado que nos salva de cometer muchos de los otros". En nuestro cuento, todos somos los buenos.
Así que efectivamente, no creo que sea dificil hacer amigos, sino que es dificil hacer el esfuerzo de compartir, conectar, cuidarse, escuchar. Todos queremos recibir, pero pocos queremos dar y, cuando damos, lo hacemos con una factura anexa que acaba siendo incomoda. Y bueno, también es verdad que tiene que ver con nuestros margenes culturales. Aquí donde estoy, veo que todo vale dinero y todo supone mucho esfuerzo. Así que las relaciones se vuelven transacionales porque es el idioma local, el de hacer algo a cambio de algo. Y así es muy difícil construir emociones porque, al contrario de lo que parecemos pensar en esta época de optimización, materialismo y egoismo, somos animales sociales, diseñados para alegrarnos y entristecernos en grupo, construir historias y narrativas y, sobre todo, enfrentar la muerte a través de la eternidad de la vida en familia.
Pero me he ido un poco, eso va en otro artículo. Lo que quería decir, para resumir, es que dar por hecho que la gente que conocemos va a usarnos es un obstaculo terrible para hacer amistades. Que, como decía Javier Marías, a veces un caballero tiene que dejarse engañar. Y que somos menos malos de lo que nuestro sistema y nuestros miedos nos hace creer.

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