El título es, más o menos, una traducción de una cita de Aristóteles. Y me viene muy bien para dar un salto al siguiente episodio, también relacionado con la burbuja.
Hace falta ser buena persona, para alegrarse de los éxitos que no compartimos.
Ayer hablaba con un amigo sobre mi situación y este hombre me decía que, bueno, al menos uno de los factores para mí no es un problema. Lo decía porque, para él, si lo es y lo ha sido durante mucho tiempo. Pero se alegraba sinceramente por mí, apoyaba mi decisión. En lugar de decir, lo habitual "yo si fuera tú, haría esto", asumiendo solo las partes beneficiosas de mi situación e ignorando las negativas, hacía un análisis general y, sobre todo, no me hacía sentir culpable por estar mejor que él en ese aspecto.
Esto es importante. La envidia es una emoción humana y un pecado capital. Pero es algo natural, es una cosa que nos surge. Si mi vecino tiene una casa más grande, mi instinto primigenio será decir "mira el maldito" y limitar mi percepción de él a ese factor que envidio. Como el que tiene más dinero, más tiempo, una mujer más guapa... lo que sea. Es muy facil poner el foco en lo atractivo. Y en una cultura de redes sociales, donde todo se comercializa para llamar la atención, y existe una competición constante fruto de esa parte de la cultura capitalista (el éxito como virtud en sí misma, no como medio para un fin), es contracultural decir "oye, pues Manolito se ha comprado un cochazo y me alegro mucho por él".
Volviendo a la burbujita, no sabemos cuantas horas de trabajo, sacrificio, apaños y esfuerzo tuvo que hacer Manolito para tener su coche. Simplemente vemos el producto. Y queremos y envidiamos el producto, claro. "Yo también". No, si no estás dispuesto a pagar el precio. E incluso aunque estuvieras dispuesto a pagarlo, una vez has atravesado el esfuerzo se vé de otra manera. Por eso quiero dedicar mi admiración a esa persona que, no solo supera la posición de inferioridad desde la que surge la envidia, sino que se permite alegrarme por algo que podría percibirse como éxito del otro. Bien, Manolito, al menos tienes tu coche. En lugar de recurrir a ese, tan doloroso para alguna gente, "no te quejes, que tienes tu coche", despreciando el sufrimiento de la otra persona y anulando la posibilidad de empatizar y de compartir.
Sobre esto de compartir, quería comentar que uno de los principales problemas de soledad en nuestra sociedad surge precisamente de ahí, del egocentrismo. De pensar que todo "va de mí", con lo que cuando una persona te cuenta algo, en lugar de escucharlo e intentar entender su posición, lo analizas desde la tuya. "Que me está contando este tío, si yo tengo X, Y o Z". Hay pocas cosas que hagan sentirse más solo a alguien, que compartir tiempo con alguien que no está ahí. Que no te escucha, no te interpreta, directamente no le importas. Eres apenas público en el drama épico de su vida.
Con lo que, por un lado, gracias a esos amigos que me escuchan, me comprenden, me apoyan. Siempre que voy a Cádiz, durante unos días me los paso desintoxicandome emocionalemnte, tirandole mogollón de basura emocional a la gente que tengo cerca. Que aguanta estoicamente, como campeones, porque me quieren. Y cuando me he desahogado y me he quedado a gusto, entonces puedo hacerles caso, preocuparme por ellos, intentar escucharlos, animarlos. Puedo incluso plantear el futuro, más allá del presente de supervivencia y de "no caer".
Tengo muchísima suerte, muchísima, con tener tanta gente buena en mi vida que me quiere. Y que tiene una mente, tan educada emocionalmente, que puede entender una emoción que no acepta.
Gracías.
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