martes, 21 de julio de 2026

Algo más grande que uno propio

Hace dos días, España se proclamó campeona del mundo de fútbol. Es un evento histórico, algo que todo el país recordará dentro de muchísimos años. Como sucedió con el mundial de 2010, todo el mundo sabrá donde estaba, que estaba haciendo, que pasaba. Hay amistades que se han forjado en ese partido, que quedarán.
Yo, por mi parte, lo vi currando. Lo cual es bastante coherente con mi situación actual, mi mujer sola en casa agobiada y yo trabajando. Esta es mi vida ultimamente. Lo que no quita que me emocionara muchísimo, que lo pasara fatal, que recordara a Maria Caamaño, a Luis Aragonés y a todos los que ya no están, entre ellos a la persona más importante de mi vida, que se fue precisamente en 2010. Y que me alegrara un montón, tanto por lo que hicieron como por quienes y como son. Preguntaban a Dani Olmo que, qué pensaba de que los argentinos no les hubieran hecho el pasillo, y dijo que bueno, que ellos tienen que representar unos valores, que hay muchos niños viendolos y que ellos quieren transmitir cosas buenas. Como decía Pau Gasol, "Es fantástico hacer que tu país se sienta orgulloso de ti, pero es mejor hacer que el mundo se sienta orgulloso de tu país".
Así que bueno. Me alegro una barbaridad porque sean campeones, porque es un triunfo de gente buena, que se apoya los unos a los otros, gente humilde, trabajadora, sencilla. Gente buena, en general.
Y de eso quería hablar. El seleccionador nacional, Luis de la Fuente, decía en una entrevista que él, sobre todo, ha buscado un grupo humano. Ha buscado gente comprometida, trabajadora, con espíritu de equipo. Gente dispuesta a sacrificarse los unos por los otros, a compartir, a ser responsable. Me gustó cuando decía "es gente con la que puedes irte de viaje, con la que puedes organizar cosas". Porque parece una tontería, pero es algo que escucho mucho, que es difícil convivir, que es difícil compartir, que es difícil organizarse...
Luis de la Fuente parece una persona magnífica. Y en una entrevista, le preguntaron como compaginaba su catolicismo militante con la competición deportiva. Un periodista le dijo que él, sinceramente, no entendía a los creyentes. A lo que el seleccionador le contestó que él tampoco entendía a los ateos. Pero que, ya un poco más en serio, la fé era una parte de su identidad y él construía desde allí.
Hoy, probablemente a rebufo de la figura del seleccionador, me ha aparecido en Facebook (así de viejo soy), un comunicado de la iglesia católica donde se felicita de la actitud de este, y del triunfo de aquellos que creen en algo superior al ser humano. Y pensaba que, realmente, ese es un elemento de la experiencia humana, que una parte de la sociedad pretende ignorar y lo hace conscientemente. De la misma forma que hay una parte de nuestra sociedad que pretende ignorar el impulso reproductivo (y oye, magnífico, pero no deja de ser la racionalización de una conducta anómala), los humanos estamos constituidos para creer en algo. Es nuestro escape al miedo a la mortalidad, la busqueda de la trascendencia. Que también está claramente vinculada al impulso reproductivo, claro. Sabemos que vamos a morir. Pero, ganando una copa del mundo, pasamos a la Historia, que es algo parecido a la inmortalidad. Citando a Brad Pitt actuando como Aquiles, "por eso nadie recordará tu nombre" (al elegir la vida anodina y oscura, en lugar de la Gloria).
Da igual como lo vistamos. Hay gente que cree en Dios, gente que cree en el Estado, gente que cree en la Bondad... cualquier idea o concepto que se nos ocurra con mayúsculas, tiene sentido porque los humanos se lo damos. Es lo que explicaban muy bien en Homo Deux, que el dinero es un constructo social, porque las cosas solo tienen el valor que elegimos darle. Esa abstracción, esa necesidad de imaginar, es algo que define al ser humano. Y, como he dicho muchas veces y seguiré diciendo, hay gente que ha reemplazado la inquisición religiosa por la inquisición dietética/social/x. Hay gente que cree en los alienigenas, en la sanidad publica o en un club de fútbol con celo religioso. Y no me parece mal, simplemente creo que es algo que deberiamos asumir y ver de frente, sin ponerle excusas ni motes.
El ser humano, con contadisimas excepciones, necesita creer en algo/alguien. Y, dentro de la cantidad de monstruosidades que nos surgen, no me parece que el catolicismo del año 2026 sea una de las peores.

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