miércoles, 29 de julio de 2026

Hasta luego, Basqueland

Es curioso, cuantas formas distintas hay de hacer saber a alguien que no es bienvenido en un sitio. Desde miradas, hacer esperar en una cola, hablar en otro idioma para que no se entienda... creo que, en estos días en el País Vasco, las hemos visto todas.
Y ya sé que habrá quién me diga que no todo el mundo es así, que no se puede generalizar, que es que eres muy sensible, que... Pero no deja de ser curioso, al menos para mí, como en la última decada cada vez somos más hostiles ante lo desconocido/nuevo/diferente. En teoría, internet iba a abrirnos una puerta al conocimiento, reducir las distancias, combatir la xenofobia. Al revés, resulta que cuanto más expuestos estamos al mundo más lo odiamos y más nos apetece encerrarnos, solos, con nuestra gente. Con los que reconocemos como propio y con los que compartimos.
Quizás es por la constante exposición a discursos de odio, a prejuicios y a historias dramáticas. Quizás es como respuesta a un movimiento, quizás global, dirigido a monopolizar las diferencias y el rencor. El otro día leía a Kaitzen, un autor americano, decir que el apoyo a Palestina es casi una religión, para personas que entienden el mundo en binario. Para gente que necesitan buenos y malos, oprimidos y opresores, blancos y negros. De esa definición amplio yo, a gente que no se siente nada comodos en un espacio gris, probablemente por una cuestión de superioridad moral. Comento lo de Palestina porque había banderas de Palestina allí por todas partes, incluso en pueblos de cincuenta habitantes.
No creo que volvamos. No nos hemos sentido bien. Y eso que la comida era exquisita y el sitio precioso pero... no me hace falta, la verdad. Hay muchos sitios maravillosos donde no intentan echarme. Así que para ellos y que les aproveche. Pero fue bueno despejarnos, aunque haya sido toda una aventura (planeamiento arriesgado, conducir sin practica... ha sido muy tenso). Pero pasó. Ahora a por lo siguiente y a por otra semana. Ya queda un año solo y, después, a vivir. Que ilusión me da ver el final.

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