domingo, 16 de diciembre de 2012

Que noche


Buenos días. Hay veces que uno se encoge de hombros, dice " quién me mandará meterme en estas cosas " y da un paso al frente. Entonces el agua le da en la cara y tiene que sacarla para respirar, y mientras lo hace todo el mundo da vueltas y gira. Y se encuentra con cosas que no esperaba, historias que no recordaba, momentos que se le quedan dentro.
Este ha sido un gran fin de semana. Antes de ayer, tirado en el sofá con un libro y chateando por el movil, mi colega Luis me dijo una de las cosas más bonitas que me ha dicho nunca nadie. Estabamos en pleno momento de exhaltación de la amistad, recordando cosas de todo el tiempo que nos conocemos, y le dije: " ¿ te acuerdas de cuando descubriste que yo era un maldito cerdo comunista ? ". Y él me contestó: Sr Ale, es usted tantas cosas que una tan mala no quita las excelentes ".
Aún estoy intentando digerir eso. Luego he estado nadando con Victor, que es un tío como ya no quedan. Un tío de bandera, de esos que cuando le das la mano te sientes orgulloso de hacerlo. Y he hozado en la amistad de Joey, uno de esos extraños regalos que te da la vida que te hacen plantearte que, oye, realmente has debido hacer algo bueno alguna vez para que te recompensen así.
Sí, este finde he recibido una sobredosis de calor y de cariño. Y bien me viene, porque acaba el año y este me temo que se ha convertido en mi " domicilio establecido ". No diré hogar, porque es una palabra muy grande, casi tanto como " te quiero " o " no quiero volver a verte nunca ". Palabras demasiado grandes. Pero sí es cierto que aquí estoy comodo, dado que no tengo más remedio que quedarme, y que como una familia, a veces los matarías a todos y a veces no podrías vivir sin ellos, pero el sitio es el que es y tiene sus cositas buenas, si uno sabe encontrarlas. Yo dije a mi psicologa el otro día, borracho, que " yo procuro disfrutar del sol porque calienta y de la lluvia porque refresca ", y en esas estoy.
En cuanto a la noche, bueno. Faltó gente importante. Hubo un par de cosas que me hicieron arquear una ceja y preguntarme si yo era idiota o es que se me escapaba algo. También tuve mis momentos de hambre, porque cuando uno se para delante de un escaparate desea lo que ve dentro, aunque en su interior sepa honestamente que no lo necesita. Malditas huecos, que generan un vacio que se llena de oscuridad.
Pero todo eso no sirve para nada y el alba se lo llevará. Me voy a quedar con lo bueno. Me voy a quedar con D. Angel Novo, que mola moito, diciendo que le encanta como escribo. Me voy a quedar con Miguel Vigo diciendo que se siente orgulloso de ser curso mío. Me voy a quedar con Patri Ovies, que si no existiera alguien tendría que inventarla. Con el cabesa y con Souto, que son mis compañeros de guardia y mis colegas. Con Sergio, un tío que se viste por los pies y al que uno puede sentirse orgulloso de darle la mano. Con Gabi, que me sorprendió. Y con tanta gente que le da un aporte de calidad y rellena el escenario de actores y personajes, con carácter y profundidad, con estilo y con sensaciones. Porque me siento contento de estar con ellos y, cosa curiosa, me siento muy querido y respetado y no soy tan subnormal para no dar las gracias por ello.
Y bueno, lo demás ya lo considero información clasificada. Eso sí, nos quitamos el sombrero ante la vikinga cuqui. Esa mujer realmente sabe como jugar. Play rough like child play, como cantaran Carcass.


Ah, y antes de que se me olvide. Una cosa curiosa. Yo de pequeño siempre he tenido responsabilidades y no he tenido mucho tiempo para ser un niño. Luego tuve más responsabilidades y tampoco tuve demasiado tiempo para ser un adolescente. Y ahora que miro para atrás, veo cosas que siempre estuvieron ahí y que nunca pude encontrar. Es curioso. Ayer vi a alguien bailar descalzo, rompiendose, quebrandose, como un niño. Creo que puedo contar con los dedos de una mano las veces que he bailado con una tía de verdad ( en eso, como en otras cosas, Alisa fue desafio y maestra ), y es un campo que se me escapa, pero me resulta curioso. Algo en lo que pensar, gracías.

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