lunes, 17 de diciembre de 2012

Victima de la belleza


Hay algunas cosas en la vida a las que he llegado tarde. Como dije el otro día, ver a alguien danzar es una experiencia que me rompe por dentro. No tengo defensas para ello, me quedo con cara de subnormal hipnotizado. Habla a una parte de mi mente que no conozco y que, probablemente por ese desconocimiento, se encuentra muy necesitada de atención. Ayer estuve haciendo memoria de la ultima vez que bailé, de verdad, y hace demasiado tiempo. Demasiado.
Algo parecido me pasa con el coraje crudo, despiadado. Yo desde pequeño he hecho cosas dignas de ser consideradas "gestas". Así, entre comillas, porque no son para tanto y no tuve elección. A mi no me dieron a elegir entre ser un chico responsable o un tirado. Quizás es por eso que cuando veo a gente que es valiente de una forma desinteresada, honesta, real. Que levanta un puño ante la vida sin esperar nada a cambio, sino solo la satisfacción del deber cumplido, me entra una cosita por dentro. Es rara de explicar, pero me llega. Esta mañana hablaba con un compañero sobre una media maratón que se corrió ayer. Y me comentaba, admirado, que había tres tíos que la corrieron en silla de ruedas. En silla de ruedas. Y aún estaba intentando digerir eso cuando mi compañero seguía: " llovía mucho y el suelo estaba resbaladizo, así que en las cuestas era impresionante ". Y yo me imaginaba a esa gente ahí, demasiado orgulloso para pedir ayuda, demostrandole al mundo pero sobre todo a si mismos, que si quieres puedes. Y me entró una cosa en la garganta.
Igual es que estoy un poco enmariconado. Un coletazo de mi semana de periodo pasada, o yo que sé. Pero me mola. A veces me siento como un jodido inadaptado... bueno que demonios. Casi siempre me siento como un jodido inadaptado. Pero sé que la vida merece la pena ser vivida y, por cosas como esas, me gusta. Si el mundo se acabara el viernes ( y a una parte bastante grande de mi no le parece mala idea ), espero volver a encontrarme al piltrafilla y contarle lo que he vivido este finde, lo que he visto y lo que he sentido. Porque seguro que me entenderá y, en esa comprensión, existirá la felicidad y la perfección.
Te echo de menos, enano. Aunque sigo sin ti y no lo lamento, porque he aprendido a hacerlo. Ya no eres un agujero dentro de mi que es imposible de llenar. Pero cada vez que pienso en ti sonrío y, cuando siento cosas como estas, también. Así que gracias y sigue esperandome. Yo te espero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario