martes, 4 de diciembre de 2012
Venga va. Os lo voy a contar
No quería pero sé que dentro de X tiempo miraré este blog y me preguntaré " ¿ por qué no escribiría sobre este tema ? ". Sobre todo porque sé que esto no va a tener continuidad en el tiempo, sino que es una isla de luz en un mar de oscuridad. En el que por cierto, me he metido de cabeza, demasiado orgulloso, testarudo e imbecil como para renunciar cuando aún podía hacerlo sin romper el barco.
Bueno, si alguno de uds lee esto es señal de que os aburrís mucho. Este blog es de mi y para mi y si lo cotilleais pues bienvenidos seais. Pero ruego discreción. Aquí todos somos caballeros y gente de calidad, así que por favor, honren el pacto tacito de que lo que sucede en las Vegas, se queda en las Vegas.
El sabado hice una pagafantada. Hice una pagafantada voluntaria, gratuita y absolutamente inútil. Alguna vez he hablado de la princesa. La princesa mola muchisimo pero, como esta no es una epoca adecuada para la aristocracia, a veces paga un precio por ello. Generalmente ella causa más dolor del que recibe, pero quién vive por la espada muere por ella y a veces le toca. Es el karma, y si no que le pregunten a Alisa.
El caso es que, como decía antes, cada uno da lo que recibe. Y en ocasiones se junta el hecho de que no somos consecuentes y actuamos más en base a imagenes y a comportamientos más que en base a actitudes y naturalezas. Todo esto así tan mistico se resume en que la princesa, bendita ella, está bastante sola en su torre de cristal, esperando a que venga el principe azul en su caballo.
Bueno, la princesa no es mala chica. O lo diré de otra manera: es mala chica de una forma que me gusta. Sus defectos me encantan. Y a su estilo y manera yo sé que me valora. Su estilo y manera no es lo que yo necesito y aún tiene que aprender a manejarme, pero no lo hace mal del todo. Así que en general, el balance es positivo.
Total, que el sabado habiamos quedado para cenar y estaba triste y no quería salir. Así que le dije que sin problema, que iría a su casa y cenabamos allí. Que no, que yo me acuesto, que no quiero nada, que... yo la obligué. Con sentido del humor y riendome, pero la obligué. Y al final contamos historias, nos abrazamos y nos reimos. Y como digo siempre, prefiero una buena historia que una sesión industrial de sexo. Será porque soy un adorable hobbit o porque soy tonto, pero me gustó ver a la princesa sonreír y eso me compensó otras sonrisas, muy tristes, que he provocado.
Aún así, esto que quede entre nosotros. Porque una parte de mi, netamente heterosexual, dice
" subnormal. Una piba se ha aprovechado de ti. A ver si cuando estés tu mal alguien viene a tu casa con dos cervezas y un abrazo. "
Pero si pensamos así, nunca intentaremos hacer un mundo mejor. Así que, como decía Javier Marias, a veces un caballero tiene que elegir equivocarse. Lo que no quita que este caballero, una vez cumplida su misión, vuelva a ser una rana que no reconoce princesas, ni castillos, ni estandartes.
NOTA: escribir sobre como ayudar a los demás es algo adictivo, que termina deformando nuestra visión de nosotros mismos y haciendonos dependientes de tener a alguien "colgando".
NOTA 2: Ya la había enterrado y vuelve. Es como los malos de las peliculas, nunca se libra uno del todo de ellos. ( idea para personaje de rol :-P ).
Un abrazo. Portaros mal
Ale
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No sabe ud cómo entiendo esta entrada. Bueno, no sé si es equivocarse. Escribía yo el otro día sobre el amor y la gilipollez. Caballerosidad, buenagentismo, enamoramiento petardo, ausencia de amor propio y amor a veces tienen unos límites sumamente difusos. A ver si alguien sienta las bases y los deja bien claritos, leches. A lo que voy. Le digo que ud ha hecho lo correcto. Pero le seré sincero: si se tratase de mí, me echaría la bronca. La pregunta ahora es obvia: ¿de qué sirve la sinceridad?
ResponderEliminarUn abrazo y mi admiración, como siempre.