sábado, 26 de octubre de 2013

Recursos humanos


Hoy venía andando para casa y estaba reflexionando sobre el enfoque que se da a los recursos humanos, y el escaso aprovechamiento que se hace de los avances en este campo por parte de mi empresa. Para los que no lo sepais (si hay alguno que haya caido aquí por error), yo soy marino. En mi empresa, como en la mayoria de empresas españolas, se considera que el trabajador es un recurso más, destinado a cumplir determinadas tareas. Una vez cumplidas esas tareas, se considera el recurso amortizado.
¿Y el enfoque por parte del empleado? En la mayoria de los casos es similar. Se entiende el trabajo como una labor penosa, a realizar a cambio de una gratificación económica. Todo esfuerzo más allá de "lo establecido" se percibe como una agresión al estatus personal, que se subraya en privilegios perfectamente triviales, como la preferencia en una cola o un lugar de aparcamiento. A su vez, la movilidad geografica o la promoción son entendidos como procesos lamentables, una especie de penitencia o exilio que debe ser superada para volver al estado habitual del menor sufrimiento posible.

Esto no es extraño dentro del entorno laboral español. Es parte de nuestra cultura, asumida probablemente desde hace una generación y media. La generación de mi madre, Dios los bendiga, pensaban que el trabajo conllevaba sus recompensas y que uno debía trabajar mucho para poder aspirar a conseguir cosas. Una casa, una familia, un coche. El estatus no venía "per se". Uno no nacía con el carnet de español y una serie de derechos asociados, sino que tenía que esforzarse por conseguirlos. El enfoque era distinto, uno no pensaba "ya tengo esto, ahora a dormir", sino pensaba "tengo esto y quiero esto otro, así que a por ello". En ocasiones uno daba con un techo social -conflictos de clase, necesidades familiares- y se estancaba, pero no perdía de vista que su dignidad social iba directamente asociada a su dignidad profesional. En no pocas ocasiones he intuido, por referencias de mi madre, como la poca profesionalidad individual era asumida como vergüenza corporativa por parte de la empresa y el responsable, castigado socialmente.

Me parece positivo. Considero que una cierta ambición es sana, pero sobre todo considero que la satisfacción profesional es una virtud que debe alentarse y animarse. No consiste en "hago mi trabajo, ¿qué más quieres?" sino en "muy bien hecho. Gracias a ti, todos somos un poco mejores". Esto, que suena cursi, ridiculo y fuera de lugar, me gusta. Y lo veo. El cambio está en nosotros y el hecho de convertir nuestro puesto de trabajo, nuestro barrio, nuestro pais en un lugar mejor consiste en eso. En dejar de lamentarse y empezar a sentirse satisfecho, feliz, orgulloso. Quizás no me dé para el ferrari o las vacaciones en el caribe, pero a mi familia no le falta para comer y mi sacrificio tiene su recompensa en mi orgullo. Y así se cierra el circulo. Así, la movilidad geografica es una oportunidad, los cursos de promoción una experiencia, las tareas extraordinarias algo que entendemos y asumimos como parte de nuestro compromiso. Y por parte de la empresa, yo no soy un numero. Soy un activo util e importante, mi promoción y mejora es su aspiración y trabaja activamente para aprovechar mis habilidades y talentos de la forma más provechosa, para mi y para todos. El objetivo es dejar de perder, sino empezar a ganar, haciendo lo mismo. La actitud es la clave.

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