Ayer afronté una situación curiosa. Desde hace varias semanas... de hecho, desde que volvió a empezar el curso, me concentré en disciplinarme y renunciar a mis impulsos naturales. Como (me alimento de ) cualquier cosa que me mantenga en movimiento. Evito mis impulsos.
Y no funciona. Ayer me encontré con una sorpresa en pantalón corto y camiseta y me dejó pensando. Precisamente un par de horas después hablaba con una amiga y le decía que yo ceno todos los días lo mismo, y que me sería indiferente comer algo que no tuviera sabor. Y esta mañana he estado pensando que no se puede renunciar a todos los aspectos dionisiacos y sensoriales de la vida, un dominio sobre mi mismo que no es sano. Es como cuando uno lleva un perro de una correa. Si va excesivamente tenso, el perro no desarrolla iniciativa. Si va demasiado laxo, el perro manda demasiado. En cuanto a nosotros mismos, no podemos dominarnos totalmente ni podemos dejarnos totalmente a nuestros impulsos, sino que debemos encontrar un punto intermedio entre nuestro aspecto animal y nuestro aspecto intelectual.
Todo esto, que escribí en clase mientras intentaba pensar en algo en medio de ese marasmo de hormonas en que paso doce horas al día, se resume en un par de conclusiones curiosas. Ya el año pasado aprendí de ella, que me enseña tanto casi sin darse cuenta, que no existe nada negativo en sentirse atraido sexualmente por una chica a la que respetas intelectualmente y con la que no piensas meter fichas, por sus circunstancias y las tuyas. No es cobardia, pero tampoco valor estupido. Pero la conclusión más interesante es que, si realmente quieres disciplinarte, no puedes obligarte a no comer viendo comida. Tiene que ser algo progresivo, algo que surja de ti. La negativa espontanea, no por miedo a no conseguirlo, sino porque realmente no lo quieres. Porque estás bien como estás. Eso se consigue a base de mucho esfuerzo, de mucho limitar objetivos, de mucho disfrutar de cosas pequeñitas. Pero eso no quita que, aunque tu seas feliz comiendo pollo, el día que te pongan delante una tremenda chuleta tu no babees. Lo contrario sería creerse superior al perro de Pavlov y, me van a perdonar ustedes, pero yo no soy tan arrogante. Sé como funciona el concepto estimulo respuesta en mi cerebro y más en este tipo de materias.
Aún así, estoy muy bien. Estoy muy contento. ¿Podría estar mejor? También podría estar peor. Pero el hecho de desear cosas solo significa que estoy vivo. Y eso me gusta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario