Hace un rato estaba intentando convencer a una colega, a la que hace años que no veo, que no se sienta en un compromiso a quedar conmigo solo porque visito su ciudad y su pais. Supongo que no me habré explicado bien - me pasa mucho cuando hablo con mujeres -. Pensando en eso, me di cuenta de que para mi la libertad es un concepto fundamental, soberano. Pero libertad entendida como responsable consciente. Ahí está la clave. Doy un valor superior a la conciencia propia, a las virtudes inherentes a un ser humano bien educado. Pienso que el respeto, asi como la responsabilidad, surgen de la exigencia personal, de la empatia y de la ambición de progresar y ser feliz. Y a su vez, de construir un entorno de progreso y felicidad, no entendiendo el progreso como acumulación sino como satisfacción.
¿Por qué ese acento en la responsabilidad? Por el sentido colectivo de la felicidad. Si entendemos que no somos granos de arena al viento, sino parte de una colectividad y que estamos ligados a un medio ambiente, tanto fisico como emocional, nuestra felicidad es parte indisoluble de dicho ambiente. La persona más feliz del mundo vive desdichada en un entorno hostil, sin satisfacer sus necesidades ni su potencialidad, mientras que el mayor amargado del mundo termina dando un paso al frente si su entorno le ofrece posibilidades. Pero para desarrollar nuestro entorno es necesario saber adaptarnos y es necesario empezar por conocernos. Así pues, la responsabilidad, de la cual surge el correcto concepto de libertad (una libertad "sostenible"), surge de la asunción de nuestros limites y el desarrollo de nuestras potencialidades, de la limitación de nuestro espacio y el cuidado de él. Del esfuerzo, en resumen, por ser la mejor versión posible de nosotros mismos. Y una vez desarrollemos ese cuerpo de virtudes en torno a las cuales estructuramos nuestro mundo, solo necesitamos construir un entorno en el que esas virtudes encajen y crezcan. El crecimiento es un proceso de retroalimentación, un ciclo. Y si queremos ser felices, debemos asumir nuestra parte de impulso y nuestra parte de recepción.
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